Maria, fragmentos de un poema descriptivo de la tierra caliente

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Tip. de "La Voz de Mexico", 1890 - 130 pages
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Page 53 - ... poética de la naturaleza cercana, local, pintoresca. La estrofa renacentista — octava real — empleada por Pagaza, no consigue aquietar, en el dibujo severo de la distribución rigurosa y nada brillante de las rimas, la agitación flamígera de un contenido barroco: Dejan los guacamayos a esa hora el bejucar sombrío; canta blando el colorín; la urraca seguidora "Ahí va", grita, su penacho alzando: y flébil eco que en las selvas mora "Vaf'!.
Page 96 - Citeres por su belleza, pero causan males infinitos: propenden a dar celos, y de allí las bravatas y los duelos. ... Es el salón un patio reducido en cuyo centro se vislumbra un hoyo bien cerrado con tablas, y un tendido de asientos tapizados de verdoyo; el bambú y cañafístula florido prestan su cortinaje; el claro arroyo, de sus arenas reluciente alfombra; su luz la luna, el cocotero sombra. En olla colosal, que parda espuma baña y las piedras del humoso hornillo, hierve el café que el ámbito...
Page 101 - ... atrevidos, a la clara requiebran con grosero galanteo a las mujeres; córtanles el paso y hacen que agoten de mezcal un vaso. Mas. . . ¡alto!, que se escuchan de repente ciertos rumores y el crujir del sable; es que alguno que la echa de valiente y quisquilloso, reta nada amable sin distinción a todos, cual demente, cual si otro Aquiles fuese invulnerable; y blandiendo el machete se adelanta con tanta furia que de verle espanta. Los demás, irritados le acribillan con sus puñales; otros en...
Page 100 - Y empieza en los mirones la algazara, los ¡hupas! y el sonoro palmoteo de otra turba que aplaude y se prepara a entrar, ya de refresco, en el jaleo. Los mozos atrevidos, a la clara requiebran con grosero galanteo a las mujeres; córtanles el paso y hacen que agoten de mezcal un vaso. Mas. . . ¡alto!, que se escuchan de repente ciertos rumores y el crujir del sable; es que alguno que la echa de valiente y quisquilloso, reta nada amable sin distinción a todos, cual demente, cual si otro Aquiles...
Page 31 - Hay un pueblo del mar no muy distante, Del mar del Sur, de clima tan ardiente Que al mediodía corre vacilante A buscar brisa la irritada gente. De cigarras sin fin la voz chirriante Resuena en el huamil; y el mudo ambiente De los palmares, en insectos ricos, No agita los brillantes abanicos.
Page 5 - Deja que el mundo los colores mire, De tu paleta que envidiara Apeles, En cuadro tan hermoso; y que se inspire En él la juventud que de oropeles Vestida, inquiere trastrocando el paso La enmohecida senda del Parnaso. Si tu humildad rehusa la corona De agreste encina y arrayán luciente Que en lengua muda tu valer pregona Ciñendo altiva tu nevada frente; Si te lastima el brillo y desazona, En las aras de México doliente Bien puedes ofrecerla, vate anciano, Como buen hijo por ajena mano.
Page 4 - Pagaza en una de las primeras páginas, tratando de ocultar su nombre: "¡Sacerdote de Febo, que tu hato Errante guías por las verdes lomas, Y que le atraes, no con el silbato, Sino con fuentes, céfiros y aromas, Permite que prendidos cual cervato de la ubre, y fatigadas las palomas Del fresco, claro río, los noveles Poetas de tus labios, liben mieles! Poeta de ninguna nombradla, Anciano cisne que apartado y solo Tocas tu fin, venero de armonía, De pura y blanca miel lleno albéolo; (1) "MARÍA...
Page 33 - Nuevo Argos, el menudo pinolillo vigila y como en lluvia se desata sobre el que huella al húmedo tomillo, y le acosa y le pica y le maltrata; el jején, que ocasiona tabardillo, le rodea; la terca garrapata y el tía/zahuate fiero le barrenan, le llagan y la sangre le envenenan. Esto se publicó unos veinticinco años después del poema "Al Atoyac...
Page 102 - Los demás, irritados le acribillan con sus puñales; otros en defensa llegan siniestros, los machetes brillan, tocios se empeñan en vengar la ofensa. De tanta confusión y desventura no falta alguna vieja que azorada vaya corriendo a levantar al cura que sin dormir espera el alborada; y que temblando lleno de pavura, temiendo y con razón una emboscada, sale y confiesa, y cata a los heridos, del mar cercano oyendo los bramidos.
Page 98 - ¡Ay, ay, ay! Poco después resuena la tambora Gime el violín y ronca el violoncelo, Y al son de aquesta música insonora Saltan y saltan con tan raro anhelo Sin parar, del crepúsculo...

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