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obras subterráneas para beneficiar las vetas; sabian abrir galerías ó cañones, y pozos ó tiros de comunicacion y ventilacion, y tenian instrumentos á propósito para cortar las rocas. Cortés nos dice en la relacion histórica de sqíexpedicion, que en el gran mercado deTenochtitlasjr^senreia vender oro, plata, cobre, plomo y estaño. Lps habitantes de Tzapoteca y de Mixtecapan * dos provincias que forman hoy parte de la intendencia de Oajaca, separaban el oro lavando las tierras de trasporte. Estos pueblos pagaban sus tributos de dos maneras ,ya reuniendo en sacos de cuero ó en canastillos de juncos muy delgados, las pepitas ó granos de oro nativo, ya fundiendo el metal en barras. Estas barras, semejantes á las que todavía se usan en el comercio, se hallan figuradas en las antiguas pinturas mejicanas. Ya en tiempo de Motezuma r los naturales beneficiaban las vetas de plata de Tasco (Tlachco) en la provincia de Cohuixco, y las que atraviesan las montañas de Tzumpanco. ** En todas las grandes ciudades de Anahuac se fabricaban vasos de oro y de plata, bien que este último metal fuese mucho menos estimado de los americanos que de los pueblos del antiguo continente. Los españoles en su primera entrada en Tenochtitlan, no se cansaban de admirar la habilidad de los pla

* Especialmente los habitantes de las antiguas ciudades de Huaxyacac (Oajaca), Cojolapan y Atlacuechahuayan.

** Clavigero, 1, 43; a, 11$, 165; 1v, ao4- El señor de Elhuyar parece que duda que hayan existido en lo antiguo semejantes trabajos subterráneos. (Del influjo de la minería, 18»5, p. 27).

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teros mejicanos, entre los cuales se señalaban como mas célebres los de Azcapozalco y de Cholula. Cuando Motezuma, seducido por su extrema credulidad, creyó ver en la llegada de los hombres blancos y barbados el cumplimiento de la prrecía misteriosa de Quetzalcoatl * y forzó la nobrlSWBzteca á prestar homenage al rey de España, se calculo la porcion de metales preciosos ofrecida ¿^Cortés, en 162,000 pesos de oro: « Sin contar, dice el conquistador ** « todas las joyas de oro y plata y plumages y piedras « y otras muchas cosas de valor que para vuestra « sacra Magestad yo asigné y aparté, que podian va« ler cien mil ducados y mas suma, las cuales de mas « de su valor eran tales y tan maravillosas, que con« sideradas por su novedad y extrañeza no tenian « precio, ni es de creer que ninguno de todos los prín« cipes del mundo de quien se tiene noticia las pu« diese tener tales y de tal calidad. Y no le parezca á « V. A. fabuloso lo que digo, pues es verdad que to« das las cosas criadas, asi en la tierra, como en la mar, « de que el dicho Motezuma pudiese tener conoci« miento, tenia contrahechas muy al natural, asi de « oro y plata, como de pedrería y de plumas, en tanta a perfeccion que casi ellas mismas parecian: de las « cuales todas me dió para V. A. mucha parte, sin

* Véase mi obra intitulada : Vues des Cordilléres des Andes, ct Monumens des peuples indigénes de V Amérique.

** Lorenzana, p. 99. El botin que en oro hicieron los españoles despues de la toma de Tenochtitlan, solo se valuó en i3o,ooo castellanos de oro, (1. c., p. 3o 1.)

« otras que yo le di figuradas, y él las mandó hacer « de oro, asi como imágenes, crucifijos, medallas, « joyeles, y collares, y otras muchas cosas de las « muestras quej le hice contrafacer. Cupieron asimis« mo á V. Al^ílel quinto de la plata que se hubo, « ciento y tawrtos marcos, los cuales hize labrar á « los naturales, de platos grandes y pequeños, y escu« dillas y tazas y Cucharas; y lo labraron tan per« fecto como se lo podíamos dar á entender ». Cuando se lee este pasage, parece que se está oyendo la relacion de un embajador europeo enviado á la China ó al Japon. No obstante con dificultad puede acusarse de ponderativo al general español, cuando se considera que el emperador Carlos v, podia juzgar por sus propios ojos de la perfeccion ó imperfeccion de los, objetos que se le enviaron.

El arte de la fundicion habia hecho progresos considerables entre los Muyscas, en el reino de la Nueva-Granada, entre los Peruanos y los habitantes de Quito. En este último pais, se han conservado, por algunos siglos, en las cajas reales, obras preciosas de la antigua platería americana. Solo de pocos años á esta parte es cuando, por un sistema de economía que puede certificarse de bárbaro, se han fundido estas obras, que acreditaban que muchos pueblos del Nuevo Continente habian llegado á un grado de civilizacion harto superior al que se le atribuye generalmente.

Los pueblos aztecas sacaban antes de la conquista el plomo y el estaño de las vetas de Tasco al norte de Chilpansingo é Izmiquüpan; y el cinábrio que servia de color á los pintores, de las minas de Chilapan. El cobre era el metal mas comunmente usado en las artes mecánicas, y remplazaba, hasta tierto punto, al hierro y al acero; las armas, lasjiachjB, los cuchillos y todos los utensilios se hacian con^ll cobre de las montañas de Zacatollan y de Cohuixc*. En todas partes parece que ha precedido el*uso de este último metal al del hierro, y en lo mas setentrional de la América puede haber contribuido su abundancia en estado nativo, á la predileccion extraordinaria con que se han valido de él constantemente los pueblos mejicanos oriundos de aquellas regiones. La naturaleza ofrece á los mejicanos * enormes masas de hierro y de nikel: estas masas, que se hallan esparcidas por la superficie del terreno, son fibrosas, maleables y de tan grande tenacidad que solo con mucha dificultad se consigue separar algunos fracmentos de ellas con nuestros utensilios de acero. El verdadero hierro nativo y telúrico, ** aquel á que no puede señalársele orígen en algun metéoro, y que está siempre mezclado de plomo y de cobre, es infinitamente escaso en todas las partes del globo, y en gran parte se debe á los fuegos de los volcanes ó de las hornagueras quemadas ***;

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* Véase arriba, cap. vm, t. 11, p. 85.

** Hierro nativo de Gross Kammsdorf (Sajonia), de Grenoble , de Miedsiana-Gera (Galicia), de los Sholey-Mountains (Nueva York).

*** Hierro volcánico de Graveneire (Auvergne); Hierro pseudo-volcá/iico de La fiouiche (departamento de l'Allier).

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por consiguiente no debemos admirarnos de que en el principio de su civilizacion, los americanos, como la mayor parte de los demas pueblos, hayan

puesto su atencion antes sobre el cobre que sobre el hierro. Pero\;como es que esos mismos americanos que manipulaban * por medio del hierro otros varios minerales, no Segaron á descubrir el hierro por medio de la mezcla de*las sustancias combustibles con los ocres rojos y amarillos ** en extremo comunes en muchas partes de Méjico? Y si por el contrario este metal les era conocido, como me inclino á creer, ¿como es que no llegaron á apreciarlo por su justo valor? Estas consideraciones parecen indicar que no databa de muy lejos la civilizacion delos pueblos aztecas. Sabemos que en los tiempos de que habla Homero era tambien mayor el uso del cobre que el del hierro, aunque este era ya conocido muy de antemano.

Muchos sabios distinguidos, pero faltos de conocimientos químicos, han pretendido que los mejicanos

* Segun varias tradiciones que he recogido cerca de Riobamba entre los Indios del pueblo de Lican, los antiguos habitantes de Quito fundían los minerales de plata., estratificándolos con carbones, y soplando el fuego con unas cañas largas de bambú ó caña brava; se ponian en círculo muchos Indios alrededor del agujero que encerraba el mineral, de suerte que á un mismo tiempo salian corrientes de aire de muchas cañas.

** El ocre amarillo, llamado tecozahuitl, servia, como el cinabrio , ó vermellon, para la pintura. El ocre formaba parte de los objetos que componían la lista de los tributos de Malinaltepec.

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