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lacla, entre Mocha y Penipe, ( provincia de Quito). En la mesa ó corona central de Méjico las trachitas de Lira contienen dentro de si á la vez cuarzo lechoso , obsidiana é hialita. M^eudant tambien ha reconocido modernamente cristales de cuarzo en las trachitas porfíricas (con globulos vidrio-litóidos, (en las trachitas de moler y las perlitas de Hungría. El mismo fenómeno se halla repetido en algunas trachitas de la Overnia (Puy Baladon, Cantal, Col de Caboe) delos Dardanelos y del Kamtschatka. Cuando uno se acuerda que hay 92 por ciento de sílice en las trachitas del Sarcouy, segun el análisis de M. Vauquelin, que todos los basaltos y las lavas abundan en él, mas bien es preciso admirarse que esta sustancia diseminada en silicates de hierro y de alúmina no haya podido reunirse con mas frecuencia sin mezcla en cristales ó granos de cuarzo puro. Lo que caracteriza una gran parte de las rocas volcánicas solo es la dificultad opuesta á la concentracion del sílice alrededor de un núcleo.

Hasta aqui se ha considerado el piróxeno como extraordinariamente escaso en las trachitas de la Europa. El manto de piróxeno que M. Weiss ha descubierto entre Muret y Thiezac (por cima de Aurillac en Overnia; Buch, über Trapp-Pai-phyr, p. 135 ), parece mas bien corresponder á una formacion balsática puesta encima de la trachita. Pero en Hungría (Beudant, t. ni, p. 317, 519), como en la Cordillera de los Andes, se halla frecuentemente el piróxeno en las trachitas porfiróidas; y sustituye á la hornblenda (Chimborazo, Tunguragua, base del volcan de Pasto, regiou media del volcan de Purace, cerca de Popayan). La especie de repulsion que cree observarse entre el piróxeno y la hornblenda, llama tanto mas la atencion, cuanto que estas dos sustancias se hallan reunidas con bastante frecuencia en el terreno basáltico ( Rhónegebirge en Alemania). Las trachitas de Méjico me han parecido generalmente desprovistas de piróxeno.

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Las obsidianas, de las cuales hemos traido á Europa M. Sonneschmidt y yo, variedades muy curiosas, me han parecido corresponder, en la cordillera, á dos secciones bien diferentes del terreno trachítico, á las verdaderas trachitas negras ( Cerro del Quinche, al norte de Quito), y blancas (Carro de las Navajas ú Oyamel, al nordeste de Méjico) y á la perlita Cinapecuaro, entre Méjico y Valladolid). ts preciso distinguir de éstas dos formaciones las obsidianas de las corrientes de lavas modernas (Pico de Tenerife) que forman la parte superior de estas corrientes. Los fragmentos de rocas vomitados por el cráter de CotopajL, y llenos de riñones de obsidiana, parecen arrancados de las paredes del'cráter; pero los pedazos de obsidiana arrojados por el volcan de Sotara, cerca de Popayan,.á distancias de muchas leguas, merecen mayor atencion: los campos de los Serillos, de los Uvales y de Palacé estan cubiertos de elloj, y se encuentran diseminados como fragmentos de sílice; tienen su asiento sobre rocas basálticas, con las cuales sin embargo no tienen la menor conexion. Estas obsidianas de Popayan tienen muchas veces la forma de lágrimas y aun de bulas con superficie tuberculosa, y presentan, cosa que no he'visto en ninguna otra parte, todas las variedades de colores, desde el negro hasta el de un vidrio artificial enteramente descolorido: algunas veces estan mezcladas con fragmentos de esmaltes arrojados por el mismo volcan de Sotora, y que podrian muy bien equivocarse con la porcelana de Re'aumur. La masa de las trachitas semi-vidriosas gris azuladas y con textura concóida (volcan de Puracé, cerca de Popayan, en el llano de Cascajal, á 2274 toesas de elevacion), sin duda pasa alguna que otra vez á la obsidiana; pero las grandes masas de las verdaderas obsidianas, dispuestas en mantos ó en riñones, con contornos muy determinados, se hallan en otras variedades de trachitas. Ya queda hecha la descripcion de las rocas del Cerro de las Navajas, donde se encuentran las obsidianas cambiantes, estriadas y plateadas, diseminadas generalmente en fragmentos, pero que forman alguna vez tambien mantos en una trachita blanca. Mantos análogos, pero que tienen de 14 á 16 pulgadas de grueso, estan intercalados en las trachitas negras piroxénicas del Cerro del Quinché (mesa de Quito): presentan igualmente unas obsidianas de color negro verdoso y vetadas con bandas rojas de color de ladrillo. He hallado en unas trachitas verdes de aceituna y con base de retinita (trachitas que contienen a la vez feldespato vidrioso y granos de cuarzo disc

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minado), cerca de la Hacienda de Lira, al norte de Queretaro (mesa de Méjico", 995 toesas), mantos de obsidiana negra gruesos de tres pulgadas. En otros puntos de la mesa de la Nueva-España, en Cinapecuaro, al pie del Cerro Ucareo ( en el camino de Valladolid de Mechoacan á Toluca, altura 968 toesas ), y entre Ojo del agua y el Pinal (en el camino de la Puebla de los Angeles á Perote, altura 118o toesas), se encuentran las obsidianas con riñones en una perlita (perlstein) con cascajo esmaltado, compuesto de pequeños globulos semi-vidriosos blancos-agrisados. Allí no he visto mica, pero sí filtraciones de hialita y algunos pequeños cristales de feldespato, casi de color de amapola. En Cinapecuaro, la perlita forma colinitas cónicas f rodeadas de picos de basaltos y de cúpulas trachíticas. La roca está estratificada con mucha regularidad (N. 11o E., inclinacion de 8o' al norueste); y á lo lejos se equivocaría con una arenisca apizarrada. La obsidiana negra, verdinegra y verde agrisada, se halla allí en nidos ó ríñones de dos á cinco pulgadas de grueso, de manera que, por la jueta posicion de estos riñones, la perlita aparece algunas veces embutida en una verdadera roca de obsidiana. En los llanos orientales de Méjico, entre Acajete, Ojo del agua y el Pinal, la obsidiana abunda menos, pero se halla frecuentemente listada como el jaspe. La perlita contiene allí muchas tablas hexágonas de mica negra, y frecuentemente es fibrosa y pasa á lo que M.Beudantllama (t.m,p.364,389)perlita amapola.

Las obsidianas de Méjico y de los Andes de Quito presentan en general, y muchas veces en una escala mayor, los mismos fenómenos de composición que se observa en los de Lipari y de Volcano, y que algunos geognostas han atribuido en otro tiempo á una divitrificacion (glastinisation ). Se hallan embutidas en ellas cristales pequeños de feldespato vidrioso, unas masas de poliedros de peltein llenan enteramente las concavidades en que se supone están formadas, agregaciones de granos cenicientos, de aspecto terroso y distribuidas en zonas paralelas interrumpidas frecuentemente, últimamente, fragmentos de trachita parda rojiza, á medio fundir, colocados todos de un mismo lado, á la extremidad de concavidades muy largas y paralelas entre sí. M. de Buch, que ha examinado particularmente las sustancias volcánicas recogidas en la región equinoccial del nuevo mundo, observa que las masas de perlitas, unas veces esferoidales , otras octágonas en su corte, tienen constantemente en el centro un cristal muy pequeño de feldespato vidrioso ó de hornblenda, y que la posición de este cristal ha determinado la forma de todo el sistema. ( Buch, en los Schriften Naturf. Freunde, 1809, p. 3oi. Humboldt, Reí. hist., t. 1.). M. Beudant ha encontrado granates rojos en las perlitas retiníticas de Hungría (Vissegrad), parecidas al pechstein -pórfido del terreno de transición; también yo las he visto rojas en la cima del volcan de Puracé, cu una trachita azulada, semi vidriosa, de quebradura con

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