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ria se corte en tiras muy delgadas, y se añada poco á poco al aceite, sin cuyas precauciones, no sería fácil disolverla. El tejido de seda debe ser fino y poco tupido, á fin de que la composicion penetre mejor entre los hilos, y las diferentes capas que se añaden sucesivamente, deben secarse por medio de un calor muy suave de la estufa, y aun mejor al aire libre. Esta operacion, tanto por lo que toca á las algálias llamadas elásticas, como por lo que toca á las tientas, debe durar cerca de dos meses, despues de cuyo tiempo estos instrumentos tienen bastante flexibilidad para poder arrollarse en el dedo sin formar grietas, ni descostrarse: si se estiran con fuerza con las manos, como para romperlas, deben dilatarse en primer lugar, y presentar mucha resistencia. (*). Daran, cirujano francés, fué uno de los que emplearon con mayor éxito las algálias; empezó sus observaciones prácticas en 1743, y al cabo de algunos años, las curas que habia hecho, le grangearon una reputacion europea: una infinidad de estrangeros fueron á encontrarle en Francia, para hacer la prueba de sus algálias, y aprovecharse de la esperiencia que habia adquirido. En 1780, publicó una parte de los numerosos resultados de sus trabajos en este ramo, y la receta de sus algálias, que se preparan aun en el dia por el mismo procedimiento, y son conocidas bajo el nombre algálias de Daran.

Se toma un buen manojo de cada una de las plantas siguientes:

Hojas de cicuta (umbelíferas), conium maculatum, cicuta major.

(*) Las algalias de M. Lamotte resisten perfectamente á semejante prueba.

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Hojas de nicociana (infundibúleas), nicotiana major, tabacum. Flores de corona de rey odorífera, ó trébol almizclado (papilonáceas), lotus corniculatus, melilotus coronata. Flores y hojas de hipericon, hipericum vulgare. Se hacen de todas ellas pedazos muy menudos, y se meten en una bacia de cobre con 5 kilógramos de aceite de olivas ó de aceite de nueces (*) y se hace hervir todo junto, hasta que las plantas hechas pedazos, esten bien fritas ó tostadas; se pasa entónces el aceite al traves de un lienzo, y se aprietan con fuerza las heces que quedan en él, á fin de esprimir todo su aceite; á esta decoccion aceitosa se añaden 1500 gramos de manteca de puerco sin sal (enjundia), y ademas 1500. gramos de sebo de carnero; se pone de nuevo al fuego en la misma bacia bien limpiada, y cuando la mezcla está bien derretida y muy líquida, se echan en ella 2 kilógramos de litargirio pulverizado; se menea de continuo, y se lleva al grado de ebullicion, que se sostiene como cosa de una hora; se añade entónces un kilógramo de cera amarilla, y se sigue haciendo hervir la mezcla hasta que tenga la consistencia necesaria para poder hacerse uso de ella; si esta estubiese demasiado unida, las algálias que se fabricarian serian duras, y fáciles de quebrar; pero puede remediarse este inconveniente, añadiendo sebo á la mezcla derretida. Si por lo contrario estubiese esta poco unida, las algálias no tendrian bastante firmeza, y se doblarian en vez de introducirse. Es pues muy esencial el observar el pun

(*) Daran aconsejaba el añadir ademas, una libra de escremento de o"ojo seco; pero hace ya mucho tiempo que se ha conocido la inutilidad de esta materia, y se ha suprimido.

to mecesario de este cocimiento, que puede solo conocerse por una constante práctica. Se han preparado de antemano tiras de tela fina y medio usada, de 22 centímetros de ancho, y un metro de largo; se empapan en la pasta aceitosa, y se cortan despues en tiras mas pequeñas, cuya longitud está determinada por lo ancho de las tiras mayores, que es de unos 22 centímetros; su anchura es mas ó ménos grande, segun el grueso de la tela que se emplea, y la dimension de las algálias que se quieren fabricar. Es preciso, por lo regular, que las tiras pequeñas tengan 3 lineas de ancho

para fabricar algalias de una linea de grueso; 12 lineas.

para las algálias mayores, que tienen 4 lineas de diámetro, y anchuras intermedias cuando se quieren obtener algálias cuyo grueso esté comprendido en los límites que acabamos de señalar (*). Se raspan con un

cuchillo las tiras pequeñas, para que sean bien lisas,

se arrollan con precaucion entre los dedos, y despues encima de una mesa de madera dura y muy compacta, para darles una perfecta igualdad: se sigue arrollándolas por medio de una tablita de madera dura y pu

lida, que se apoya con suavidad, hasta que al pasar la

algália entre los dedos, no se encuentre en ella la menor desigualdad. Se corta entónces la punta pequeña, se aguza, y se redondea de manera, que no pique el

carrillo, al que se apoya con suavidad para probarla. Cuando se hallan las algálias en este estado, basta

dejarlas secar poniéndolas al aire, sobre una tabla com

pacta, teniendo cuidado de colocarlas separadas, sin

cuya precaucion se pegarian las unas á las otras, y se

(*) Estas tiras deben ser todas mas anchas de un estremo que del otro, á fin de que resulten un poco cónicas las algálias.

conoce que estan bastante secas, cuando reuniendo algunas de ellas no se pegan entre si. Con este procedimiento, se obtienen las algálias de primera dimension, esto es las mas finas, y para preparar las de número segundo, se hace derritir la misma mezcla que hemos indicado, y se añaden á ella dos veces su peso, de cera amarilla. Cuando está todo derritido y casi hirviendo, se empapan en la mezcla las tiras de tela, que se cortan despues en tiras pequeñas de 6 líneas de ancho. Para preparar las algálias mayores, se añade á la primera composicion indicada, cuatro veces su peso de cera amarilla, y por lo demas se sigue exactamente el mismo procedimiento. Leytaut ha hecho algunas modificaciones en la composicion de las algálias de Daran, sin mudar cosa alguna en el modo de operar; aconseja el emplear un manojo de hoja de cicuta, y de yerba mora (infundibúleas), solanum migrum, y hipericum vulgare, con una libra de aceite de olivas, y el añadir sucesivamente al líquido esprimido, 3 onzas de pez de Borgoña, 6 onzas de emplasto de cicuta, y despues 4 libras de cera amarilla cortada en pedazos pequeños, y cuando la operacion se acerca á su término, 3 onzas de trementina cocida, con mas 6 onzas de piedra pomez pulverizada, y finalmente, despues de una hora de ebullicion 2 onzas de tártaro quemado (sub-carbonato de potasa). A las algálias compuestas asi, las llama derritentes y supurativas; indica la preparacion de sus algálias detergentes y desecantes, añadiendo á la primer como posicion, partes iguales de aceite de hipericon, la mitad de su peso de céRenno de nALLENA, otro tanto de albayalde, y trementina de Venecia, y haciéndolo hervir todo por el espacio de una hora poco mas ó ménos. Cuando se quiere hacer uso de las algálías huecas, se inoduce un taladro tallo de alambre terminado un anillo) encorvado de antemano segun una corvadura dada (*). Se fabrican tambien algálias llamadas metálicas ó tientas llenas elásticas, y son algálias elásticas agujereadas, cuyo agujero se llena con un cilindro formado de una hoja de estaño arrollada; el estremo grande de este intrumento se tapa con lacre. Estas algálias presentan la ventaja de encorvarse con facilidad entre los dedos, conservan la corvadura que se les da , y pueden introducirse con tanta mayor facilidad, en cuanto ceden á los obstáculos que encuentran en la uretra, debiendo por lo mismo causar ménos irritacion y un do

lor ménos vivo. Las algálias curativas supurativas y desecantes, se venden á 18 francos el ciento (**).

Las algálias elásticas ó tientas llenas, 1 franco 25

cent. cada una. Las algálias deben ser compactas y pulidas por los

mismos medios que emplean los CEREnos en la fabricacion de las BugíAs destinadas para alumbrar (V. estas palabras) y para su construccion se puede hacer

(*) Algunos prácticos adoptan con preferencia una curva particular , y otros quieren que la corvadura del instrumento, varie lo mismo que la configuracion de las personas, en cuyo caso es preciso que ellas mismas encorven el taladro, lo que se consigue con facilidad y de modo que se eviten los ángulos y las sinuosidades, colocando un par de hojas de papel encima de la rodilla, y apoyando sobre él con fuerza, entre las dos manos, el tallo que se quiere encorvar, y se deja resbalar éste al mismo tiempo, para que la curva sea mas igual. (*) En casa Mr. Delamotte sucesor de Mr. Leytaut.

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