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causa principal de las calenturas bilioso-pútridas que reinan en aquella costa. Entre la ciudad y la cienaga hay varios hornos de cal, en que se calcinan grandes masas de madréporas que sacan del mar. A pesar de las especiosas teorías de M. Mitchill *, sobre el óxido de azote, Acapulco es uno de los parages menos sanos del Nuevo Continente. Si este mismo puerto recibiese barcos de Chile y de la costa NO. de Amé*

* Segun este autor, la cal absorve el óxido de azote que se considera como la causa de las fiebres malignas intermitentes y por esta razdfc 4gs partes mas sanas de la Francia, Inglaterra y Si» cilia, son calizas. {American Medical Rejos., vol. n, pág. 4"-) La influencia de las rocas en el grande océano aéreo y en la constitucion fisica del hombre, recuerda los desvarios del abate Gi« raud Soulavie, segun el cual « los basaltos y las almendrillas ■t aumentan la carga eléctrica de la atmósfera é influyen en la « moralidad de los habitantes, haciéndoles inconstantes, revolu■ cionarios, y propensos á abandonar la religion de sus mayores >. Cualquiera que sea la idea que nos formemos de los miasmas que causan la insalubridad del aire, parece poco probable, segun el estado actual de nuestros conocimientos químicos, que unas combinaciones ternarias ó cuaternarias de fósforo, hidrógeno, azote y azufre, puedan ser absorvidas por la cal, y sobre todo por el carbonato de cal. Sin embargo, ha sido tal la influencia política de las teorías de M. Mitchill en un pais, en donde se admira con razon la sabiduría de los magistrados, que estando yo en cuarentena en el Delaware, llegando de las Antillas á Filadelfia, vi los oficiales de la junta de sanidad hacer jalvegar, con mucha gravedad, la puerta de la escotilla, con agua de cal, á fin que el septon ó miasma de la fiebre amarilla de la Habana, que suponían existir en nuestro barco, se fijase en una faja de cal que tenia de ancho tres decímetros. ¿Será extraño que nuestros marineros españoles creyesen encontrar alguna cosa mágica en este imaginario medio de desinfeccion?

rica, en vez de los de Manila y Guayaquil, y la ciudad estuviese concurrida de mayor número de europeos á un mismo tiempo ó de habitantes del llano central de Méjico, las calenturas biliosas acaso degenerarian muy pronto en fiebre amarilla, y el germen de esta última se desarrollaria en Acapulco de un modo 9aun mas funesto que en Veracruz.

En las costas orientales del reino de Méjico, los vientos del norte refrescan el aire de modo que el termómetro baja hasta i 70 centígrados: á últimos de febrero lo he visto mantenerse dias enteros'debajo'de 2io; al paso que en la misma época, esEIndo el aire en calma , en Acapulco está á 28o ó 3oo. La latitud de este último puerto es de 3o mas meridional que la de Veracruz. Las altas cordilleras del reino de Méjico lo ponen al abrigo de las corrientes de aire frio que refluyen del Canadá hacia las costas de Tabasco. En verano, la temperatura del aire casi continuamente se sostiene durante el dia entre 3oo y 36o del termómetro centígrado.

He observado, que, en todas las costas, la temperatura det mar tiene grande influencia sobre la del continente inmediato: pero el calor del mar, no solo varia isegun la latitud, sino tambien segun el número de bajíos y la rapidez de las corrientes que traen aguas de diferentes climas. En las costas del Perú, bajo los 8o y 12o de latitud austral he hallado la temperatura del mar del Sur en su superficie, de 15o á 16o centígrados, al paso que fuera de la corriente que viene con ímpetu del estrecho de Magallanes hacia el cabo Pariña, el grande océano equinoccial tiene una temperatura de 26 á 26o. Por eso en Lima , en 1801, el termómetro bajó en los meses de junio, julio y agosto, á i3o,5, y los naranjos apenas.prosperan allí. Tambien he observado en el puerto de Veracruz, que el calor del mar, en febrero de 18o4, na era mas que de 20o á 22o, al paso que en los surgideros de Acapulco lo habia hallado, en marzo de 18o3, de 28o á 29o *. Esta reunion de circunstancias aumenta el ardor del clima en las costas- occidentales: asi los calores son meilhs interrumpidos en Acapulco que en Veracruz , y es creible que si la fiebre amarilla alguna vez empieza á reinar en el primero de estos dos puertos, durará todo el año como en la isla de la Trinidad , Santa Lucía, la Guaira y en todos los parages en que las temperaturas medias ** de los diferentes meses del año no varian mas que de 2* á 3o.

Tanto en las regiones bajas del reino de Méjico como en Europa , la supresion súbita de la traspiracion es una de las principales causas que ocasionan

* Vese mi Recueil d'ObservadoTM asironomiques, tom. t.

*" La diferencia de la temperatura media entre el mes mas frio y el mas caliente, es, en Suecia, bajo los 63o So' de latitud, de 28" 5'; en Alemania, bajo los 5oo 5' de latitud, de a3' 2'; en Francia, bajo los 48o 5o' de latitud, de ai" 4'; en Italia, bajo los 41o 54' de latitud, de 36o 6; y en la América meridional, baj0los io" 27' de latitud, de a* 7. Véanse mis estados comparativos en las adiciones ¿la Chimie de Thomson (traduccion de M. Riffault), tom. 1, pdg. 106.

las calenturas gástricas ó biliosas, principalmente el cholera morhus , que se anuncia con síntomas tan espantosos. El clima de Acapulco, cuya temperatura es uniforme casi todo el año, da lugar tambien á supresiones de traspiracion, por el fresco extraordinario que reina algunas horas antes de salir el sol. En aquellas costas, los que no estan acostumbrados al clima, corren grandes riesgos cuando caminan de noche, ó duermen al raso, con vestidos ligeros. En Cumaná y en otros parages de la América equinoccial, la temperatura del aire no disminuye mas cpi» i* ó 2° centígrados hácia la salida del sol: de*cT?a,. el termómetro está á 28" ó 29o, y de noche á 23° o- 24°. En Acapulco he hallado el calor del aire, durante el dia, á 29° ó 3o°, y por la noche se mantuvo á 26°; pero desde las tres de la mañana hasta que salió el sol, disminuyó repentinamente hasta 17o ó 18o. Esta mudanza hace vivísima impresion en los órganos. En ninguna otra parte, bajo los trópicos, he sentido una frescura tan notable antes de amanecer: parece que se pasa repentinamente del verano al otoño, y apenas ha salido el sol cuando ya empieza á sentirse el calor. En un clima en que la salud depende principalmente del cutis, y en donde los órganos padecen con las mas mínimas mudanzas de temperatura *, un enfria

* En Guayaquil la temperatura del aire se sostiene con tanta uniformidad, entre 29o y 320 centígrados, como que los habitantes se quejan del frio cuando el termómetro baja súbitamente á 23" ó 24o. Estos fenómenos son muy notables, si se consideran mento de aire de 10o á 12o causa supresiones de traspiracion muy peligrosas para los europeos que no estan acostumbrados al clima.

Ha sido un error asegurar que nunca habia reinado el vómito en el hemisferio austral, y se ha ido á buscar la causa de este fenómeno en el frio que se cree natural en aquel hemisferio. En otro lugar manifestaré cuanto se han exagerado las diferencias de temperatura de ios paises situados al norte y al sur del ecuador. La parte templada de la América meridional gtfza^del clima de una península que se estrecha hacia el ST^llí los veranos son menos cálidos y los inviernos mas suaves, que en los paises que, estando bajo la misma latitud, en el hemisferio boreal *, se ensanchan hacia el norte. La temperatura media de Buenos-Aires difiere poco de la de Cadiz, y la influencia de los hielos, cuya acumulacion es indubitablemente mayor en el polo austral que en'el boreal, casi no se siente mas abajo de los 48" de latitud S. Mas arriba hemos visto, que precisamente en el hemisferio austral, en Olinda del Brasil, es en donde por primera vez la fiebre amarilla ejerció su cruel influencia en gran número de europeos. La misma enfermedad reinó en Guayaquil, en 1740, y, en los primeros años de este siglo, en Montevideo , puerto por

bajo el punto de vista fisiológico, y prueban que la irritabilidad de los órganos se aumenta por la uniformidad y accion prolongada de los stimuluí habituales.

* Véase cap. viri, tom. n, pág. tyo.

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