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Hubiera podido añadir á este estado el curso del termómetro en Filadelfia, y el número de individuos

que han muerto en aquella ciudad cada mes de la fiebre amarilla, si hubiese podido proporcionarme observaciones útiles para dar la temperatura media de los diferentes meses del año de i8o3. En los climas templados, los resultados sacados de las mayores elevaciones á que ha llegado el termómetro en ciertas épocas, nada nos enseñan sobre las temperaturas medias. Esta observacion, que es muy sencilla*y anj^oaú'— sima, parece que se ha pasado por alto alaran numero de médicos que han discutido el problema de si las últimas epidemias de España han provenido de calores que podrían considerarse como extraordinarios en la Europa austral. En muchas obras se ha afirmado,.que en el año de 1790 hubo dos grados mas de calor que en 1799 y 1800, porque en estos dos últimos años, el termómetro no habia subido en Cadiz mas que á 28o y 3oo 5, al paso que en 1790, llegó hasta 32o. Las bellas observaciones metereológicas del caballero Chacon, que publicó el señor Aréjula, podran dar una grande ilustracion sobre esta importante materia, tomándose el trabajo ríe deducir el término medio de los meses. No podrá la medicina recibir auxilios de la física sino en cuanto llegue á adoptar un método exacto para examinar la influencia del calor, de la humedad y de la tension eléctrica del aire en los progresos de las enfermedades.

Acabamos de delinear el curso que sigue comun

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mente la fiebre amarilla en Veracruz: hemos visto que unos años con otros cesa la epidemia cuando al empezar las tempestades del norte, la temperatura media del mes baja á menos de 24° +. No hay duda en que los fenómenos estan sujetos á leyes inmutables; pero tenemos tan poco conocimiento del conjunto de condiciones con que empiezan á desordenarse las funciones de los órganos, que los fenómenos patológicos se nos presentan sucesivamente con lir ^regularidades mas extrañas á nuestro parecer. Cuando^n Veracruz el vómito empieza en verano con mucha violencia, dura todo el invierno: la diminucion de la temperatura debilita el mal, pero no consigue el extinguirlo enteramente. El año de 18o3 en que la mortandad no fue de mucha consideracion, ofrece un ejemplo admirable de este género. Por el estado que mas arriba hemos dado se vé, que cada mes hubo algunos individuos atacados del vómito, pero tambien durante el invierno de i8o3, Veracruz se resintió todavía de la epidemia que habia reinado el verano precedente con una violencia extraordinaria. Como el vómito no fue muy frecuente durante el verano de J8g3, cesó enteramente la enfermedad á principios del año de i8o4- Cuando M. Bonpland y yo bajamos de Jalapa á Veracruz á últimos de febrero,

* Como la sensacion del calor y la influencia de la temperatura en los órganos dependen del grado de excitacion habitual, el mismo aire que designan en Veracruz como frío, en la zona templada podría aun ser bastante para una epidemia.

la ciudad no tenia ningun enfermo de la fiebre amarilla; y pocos dias despues, en una estacion en que el viento del norte todavia soplaba impetuosamente, y el termómetro no llegaba á 19°, el señor Comoto nos condujo al hospital de San Sebastian á la cama de un moribundo, el cual era un arriero mestizo mejicano muy moreno, que viniendo de la mesa de Perote, le habia atacado el vómito al atravesar el llano que separa la Antigua de Veracruz.

Son por fortuna muy raros los casos en que la enfermedad es esporádica en invierno, y no fce de^áf ver ninguna verdadera epidemia en Veracruz hasta que se empiezan á sentir los calores del verano, y que el termómetro sube con frecuencia por cima de 24o. En los Estados-Unidos se nota la misma marcha en la fiebre amarilla: á la verdad M. Carey * ha observado, que las semanas en que ha estado mas alta la temperatura en Filadelfia no- siempre han sido las de mayor mortandad; pero esta observacion solo prueba que no siempre son instantáneos los efectos de la temperatura y de la humedad de la atmósfera sobre la produccion de los miasmas, y sobre el estado de la irritabilidad de los órganos. Estoy distante de considerar el calor extremado como la única y verdadera causa del vómito; pero ¿como podrá negarse que en losparages en que el mal es endémico, hay una union íntima entre el estado de la atmósfera y el curso de la epidemia?

* Carey, Description of ihe mali^nant fever of Philadelphia, 1794 » pág. 38.

Es incontestable que en Veracruz el vómito no es contagioso. Casi en todos los paises, el pueblo tiene por tales varias enfermedades que ciertamente no lo son; pero en Méjico no hay opinion popular que aparte á un extrangero no connaturalizada de acercarse á la cama de los enfermos atacados del vómito. No se cita un solo hecho, que haga probable la opinion de que el contacto inmediato, ó el aliento del moribundo sea peligroso para las personas no acostumbradas al clima , que cuidan del enfermo. En el cont>ííenteJde la América equinocial, ía fiebre amarilla no es mas contagiosa que las calenturas intermitentes en Europa.

Segun las investigaciones que he podido hacer durante mi larga residencia en América, apoyadas delas observaciones de MM. Mackitrick, Walker, Rusch, Valentin, Miller, y casi todos los médicos que á un mismo tiempo han ejercido su profesion en las Antillas y en los Estados-Unidos, me inclino á creer que esta enfermedad por su naturaleza no es contagiosa, ni en la zona templada *, ni en las regiones equinocciales del Nuevo-Continente: digo por su naturaleza, porque no se opone á la analogía que presentan otros fenómenos patológicos, el que una enfermedad que no es esencialmente contagiosa, puede tomar un carácter de tal, bajo determinada influencia del clima y de las

* Véanse dos excelentes memorias de ¡VI. Stubbins Ffirth, de Nueva-Jersey, y de M. Edward Miller, de Nueva-York, sobre el carácter no contagioso de la fiebre amarilla delos Estados-Unidos. estaciones, por la acumulacion de enfermos y su disposicion individual. Parece que estas excepciones, que son infinitamente raras en la zona tórrida *, se advierten mas particularmente en la zona templada. En España donde en 1800 perecieron mas de 47,000 personas, y en i 804 mas de 64,000 víctimas de la fiebre amarilla, ve aqui lo que dijo la ilustrada comision ** que el gobierno frances envió en , 18o5, para estudiar el origen y calidad de esta epidemia. « Esta « enfermedad, dice, ha sido contagiosa, pero solo en « los parages en que hacia sus estragos, pijes pWiñu« chos hechos, observados principalmente en Málaga, « Alicante *** y Cartagena, se ha probado que los in« dividuos ya atacados de ella no la habian eomuiii« cado en los pueblos adonde se habian refugiado , « aunque el clima fuese el mismo que el de las ciu« dades contagiadas. »

* Fiedler, über das gelbe Fieber nach eigenen Beobachtungeu, pág. 137. Pugnet, pág. 3o3.

** Bally, Opinion sur la contagion de la fiévre jaune , 18 ¡o , pág. 4o.

*** MM. Dumeril, Bally et Nysten. Ademas, de ninguna manera se ha acreditado que la fiebre amarilla fue introducida en España . con la polacra el Jupiter, procedente de Veracruz, ó con la corbeta el Delfín, construida en Baltimore, en la que venian el intendente de la Habana don Pablo Valiente y el médico don José Caro, {yéréjula, pág. a5i.) Tres médicos distinguidos de Cadiz-, los señores Ameller, Delon, y Gonzalez, creen que la fiebre amarilla se ha desenvuelto espontáneamente en España misma : lo cierto es que un» enfermedad puede ser contagiosa sin ser importada.

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