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como la primera: esta, no tiene al principio mas ha— bitantes que los que vuelven á recoger su cosecha, y los gusanillos del semillero que van pasando sucesivamente á su forma alada; no tarda en salir una nueva reina de su celda para perpetuar la colonia, se hace fecundar y continua la puesta. El cultivador ha de te— mer pues dos colmenas en lugar de una. Algunas veces de siete á nueve dias despues, la jóven reina parte con un nuevo enjambre; entónces es aun vírgen y ordinariamente tiene unos cuatro dias; pero á la mañana siguiente de su toma de posesion se entrega al macho. En años favorables se pueden obtener hasta cuatro enjambres en el espacio de quince á diez y ocho dias; el primer enjambre que sale, puede tambien producir uno nuevo, veinte ó treinta dias despues de su establecimiento. - - De los mas decisivos esperimentos resulta, que las trabajadoras son hembras, cuyos órganos generadores se han estinguido, porque en el estado de gusanos estaban demasiado estrechas, y recibieron un alimento poco abundante y ménos delicado. Cuando la cohmena pierde su reina, esta pérdida se reconoce al momento, y algunas horas despues se ocupan en repararla: las trabajadoras toman un gusano, de menos de tres dias, para elevarle á esta dignidad: ensanchan su celda á espensas de tres contiguas, depositan en ella una pasta mas substancial y abundante, y pronto la nueva reina se desarrolla y aparece. Asi es que la naturaleza no

crea estas reinas; la educacion es la que las forma.

Una guardia, vela incesantemente á la entrada de las colmenas; cualquiera que se presente no puede entrar sin ser examinado y reconocido; si es estrangero muereal punto, pero si una segunda reina quiere penetrar en aquel recinto, todas se reunen para oponerse á ella, mas ninguna la pica. Si se quita la reina de una colmena se nota inme— diatamente una agitacion, un zumbido y trastorno universal: las abejas parece que deliran y olvidan hasta el cuidado de sus pequeños. Si se les vuelve su reina, es reconocida y festejada y todo calma al instante; pe— ro si se la substituye otra hembra, la tratan como sino hubiesen perdido la suya, continua la agitacion, y comunmente el cautiverio, el hambre y la falta de aire hacen sucumbir á esta intrusa: sin embargo, si se les presenta despues de veinte y cuatro horas, es bien recibida y reina desde luego. Este transcurso de tiempo parece bastante, para consumar el olvido de la primera reina, y la nueva es tratada aun con mas distincion que la antigua. - Cuando el gusano de abeja trabajadora destinada á ser reina de las demas, tiene ya tres dias, como sus órganos se han viciado en este tiempo, no puede transformarse en reina. Esta desgracia ocurre cuando la reina muere despues de comenzada la puesta de los machos, porque entónces la de las trabajadoras ha cesado. En este caso si no se dá una nueva reina á la poblacion, no se reparará el semillero, entrará el desaliento y se perderá la colmena. Cuando una hembra no queda fecundada en los veinte y dos primeros dias de su nacimiento, sus órganos genitales se habrán ya alterado, y no pondrá mas que huevos de macho: no pudiendo entónces la colonia reparar sus pérdidas se destruirá precisamente, si no se procura establecer otra reina. Entre las hembras de las abejas existe una antipatia natural. La reina hace todos sus esfuerzos para destruir las que están en las celdas, pero las trabajadoras se oponen incesantemente á ello; esta es la única voluntad de su reina que no se atreven á respetar, y proveen de alimento á las jóvenes hembras por un agujero hecho á la cubierta que encierra su habitacion, para impedirles que salgan de ella. Si alguna llega á romper esta puerta, se promueve entónces un reñido combate, á todo trance, entre las dos concurrentes al trono; las trabajadoras forman círculo á su rededor para ser espectadoras de este combate indispensable, y. detienen á las adversarias cuando se separan, volviéndolas á la pelea, donde la muerte de la una dá la corona á la vencedora. Esta antípatia es algunas veces causa de la destruccion de la colmena: si la reina burlando la vigilancia de las trabajadoras, encuentra medio de esterminar en su prision á sus rivales, la pérdida de la hembra no podrá ya repararse: igualmente, si por detencion, ó por las circunstancias esteriores, pasa el término fatal de los veinte y dos dias concedidos por la naturaleza, sin que se haya verificado la fecundacion de las jóvenes hembras, su posteridad queda destruida. Cuando han salido todos los enjambres, abandonan las trabajadoras las celdas reales al furor de la reina, que atraviesa con el aguijon á sus rivales, introduciéndolo por el agujero reservado al paso de su alimento; la matanza de los machos sigue inmediatamente despues de esta ejecucion. La presencia de estos en una colmena, es una señal cierta de la existencia de las hembras, y de que pueden todavia salir enjambres. Frecuentemente la hembra, retenida muchos dias en su alveolo, no necesita como las demas abejas secarse y descansar, sino que al instante está pronta al com

bate, si es necesario, ó á volar por los aires si la salida ó la muerte de la antigua reina la deja en posesion de su poder. Tratemos ahora del punto mas importante para el cultivador, la cosecha de los enjambres, la de la miel y de la cera (*). El enjambre parte durante el calor del dia y con un hermoso sol: el tumulto y la agitacion general en los dos ó tres dias anteriores á esta emigracion, son su mas seguro presagio. El enjambre que se deja que salga de su propia voluntad, huye á lo léjos y se pierde; esto sucede algunas veces, pero puede contenerse su vuelo arrojando al aire agua, arena ó tierra. Si llega á fijarse en un parage inmediato, sobre un árbol ó alguna mata, se pone debajo la colmena, y con una escobilla ó moviendo las ramas, ó con la misma mano se las obliga á entrar en ella. Las abejas tan furiosas cuando defienden su reina ó su semillero, no tienen en las demas ocasiones cólera alguna y se las puede coger en masa; luego que la reina ha entrado

(*) No debo examinar las abejas como naturalista sino como agricultor. Aunque de todas las artes de que trata este Diccionario, la agricultura sea la mas interesante al bien de la sociedad, sin embargo, como muchos de los procedimientos que se emplean en ella son estraños á la industria, objeto principal de muestro trabajo, y como ademas existe un Diccionario muy voluminoso consagrado únicamente á la agricultura, hemos creido no deber considerar este arte sino en sus generalidades, y en las aplicaciones que la quimica y la mecánica reciben con él. Así pues, mo hablarémos ni de los sistemas agrícolas, ni de las enfermedades de las plantas y de los animales, ni de una multitud de otras particularidades que no corresponderian al plan que hemos adoptado para tratar de todas las artes. Tampoco se consideran aqui las abejas sino de una manera general, y no decimos mas que lo indispensable á los resultados que las artes químicas pueden sacar de estos animales. Los que quieran saber á fondo el modo de vivir y la , industria detallada de estos insectos, podrán leer los escritos de Reaumur y Hubert de Ginebra y el nuevo Diccionario de agricultura.

en esta nueva habitacion, las trabajadoras que la han acompañado no tardan en seguirla. Pero para evitar la pérdida del enjambre, vale mas adelantarse algunos dias á la época de la partida, y hacer la division uno mismo. Dejaré hablar á M. Bosc como tan hábil maestro en el arte de gobernar estos preciosos insectos. » Reposando la conservacion de la sociedad sobre la existencia de la abeja madre, todas las trabajadoras están dispuestas á sacrificarse para salvarla, y se sacrifican muchas veces al solo aspecto del peligro. La colocan en el centro del batallon que forman cuando salen de la colmena, la cubren con sus cuerpos cuando alguno va á registrarla, y se dejan matar todas ántes que abandonarla. » La fidelidad de las trabajadoras á la abeja madre puede emplearse con utilidad cuando se quiera traba— jar una colmena; pues que entónces, no se trata de otra cosa que de persuadirlas que todas sus picaduras serán insuficientes para apartar el peligro que la amenaza, y que no les queda otro recurso que esconderla, para poder hacer en lo interior todas las operaciones que se juzguen necesarias, sin temor de su aguijon. » Así, cuando quiero hacerme dueño de una colmema, pongo en su abertura un pedazo de lienzo medio quemado y todavia humeante, y cuanto mas vasto mejor, con lo cual impido la salida de las abejas. Al cabo de algunos minutos, hago ruido diversas veces golpeando la cumbre de la colmena, y la levanto al mismo tiempo para introducir por debajo otra cantidad mayor de humo; conociendo entónces las abejas que son mas débiles, y que seria inútil el ataque para se-. Parar el inmininte peligro en que están, rodean todas

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