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á la hembra que se habrá subido á lo alto de la colmena, la cubren con sus cuerpos, y aunque se haga todo lo posible por escitar su cólera, no serán capaces de picar. Este estado, que llamo estado de estruendo^ porque todas las que tienen el libre uso de sus alas, esto es, las que no están debajo de otras, se alzan sobre sus patas, y enderezando el abdómen zumban de un modo que parece que se animan mutuamente ó que consuelan á su hembra: esta señal es un indicio de que ya nada hay que temer. Semejante estado dura todo el tiempo que se las atormenta, y cesa luego que se les dá lu^ar de volver en sí: se produce por sí mismo en el primer momento de su salida natural, especialmente cuando se persigue al enjambre arrojándole tierra ó agua; y por esto se le hace regularmente entrar

en la colmena sin haber sido picado

» Habiendo enseñado la observacion que hay hembras próximas á nacer siempre que haya machos para fecundarlas , y que en este caso puede siempre esperarse tener dentro de poco un jabardeo natural, si el tiempo es favorable, no debe procurarse mas que obligar á las abejas á hacerle algunos dias ántes. Así pues, cuando á principios de mayo á hora de medio dia, he notado que salian los machos de la colmena , ó que le-, yantándola algo he visto que andaban por la parte inferior de los panales; juzgo que ya es tiempo, si la colmena está bastante poblada, de hacer un enjambre; preparo por consiguiente una colmena, y despues de haberla mojado, procedo á la operacion á eso de las diez de la mañana.

»Debe elegirse con preferencia esta hora, porque es la en que en esta época del año se hallan fuera la mitad de las trabajadoras, porque se hace con menos Tomo i. 7

trabajo, no se las incomoda inutilmente, y puede con seguridad igualarse la division.

»A la hora indicada me acerco á la colmena sin máscara ni guantes, con un pedazo de lienzo viejo medio quemado, fijo con alambre en el estremo de un corto palo, y dirijo el humo del lienzo de modo que cubra la entrada. Las guardias de servicio, despues de haber reconocido el peligro, esparcen la noticia en toda la colmena, y no tarda en presentarse una numerosa cantidad de abejas para verificarla. Este es el momento decisivo: si retiro el lienzo saldrán de la colmena y se arrojarán furiosamente sobre mí; pero si al contrario, les introduzco un fuerte soplo de humo, suben prontamente á anunciar á sus compañeras lo inminente del peligro, y que no les queda otro recurso que procurar la salvacion de la abeja madre, haciéndola con sus cuerpos un baluarte y sacrificándose por ella; todas se ponen inmediatamente en estado de estruendo y se juntan á la hembra; entónces levanto la colmena, paso por debajo el lienzo humeante, haciéndole correr sobre las estremidades de los panales por uno ó dos minutos , y me hago dueño de ellos , esto es, me convenzo de que no me picarán las abejas que allí estén, á ménos que poniendo imprudemente la mano sobre alguna, se resuelva á defenderse.

» Entónces llevo la colmena á alguna distancia de las otras, la vuelvo de arriba á bajo, y fijándola en un agujero hecho en la tierra, ó contra la pared, si termina en punta, la cubro con una vacía, y rodeo con un lienzo su linea de union.

>i Apénas las abejas se ven tranquilas y en oscuridad, que segun su natural, suben á la colmena vacía. De tiempo en tiempo provoco su actividad , golpeando suavemente con un palo ó una piedra en el csfremo que ahora sirve de base en ]a colmena llena; la abeja madre sale por fin de su lugar, y subiendo igualmente, determina á casi todas las abejas á que hagan otro tanto. Entónces el jabardo está completo y no hay mas que hacer que separar las dos colmenas, volver la llena á su lugar y la otra á alguna distancia del colmenar.

» En este caso, para dirijir la marcha de la hembra, solo humeo y doy golpes en el lado opuesto al que no quiero que vaya.

»No hay inconveniente en obligar algo al número de abejas á que entren en un jabardeo artificial, porque el semillero próximo ya á nacer, no tarda en remplazar las trabajadoras que se han sacado, y que ademas de todas aquellas que estaban fuera al tiempo de la operacion y vuelven á la antigua colmena, siempre algunas de la nueva hacen lo mismo.

»Privada de su hembra, la colmena antigua se ocupa inmediatamente en remplazarla; y como siempre hay muchas próximas á nacer en la época en que se opera, ordinariamente al cabo de dos ó tres dias ya se ha provisto de otra nueva.

»Apénas el enjambre ha entrado en la nueva colmena, cuando las trabajadoras empiezan su obra, y por lo comun al fin del primer dia hay ya empezados cuatro ó cinco panales, y el del medio tiene de cinco á seis pulgadas de largo. Un enjambre numeroso trabaja desde luego con increible ardor en su habitacion.

La cosecha de la miel se hace facilmente en las nuevas colmenas. Se componen en general de tres ó cuatro cajones sin fondo, imitando cuadrados de tres decímetros de lado sobre ocho centímetros de ancho, y se coJocan unos sobre otros en forma de paralelepipedo vertical. Están reforzados de cada lado con unos travesanos de dos centímetros de ancho sobre dos de gruesa para sostener los panales, y unidos entre sí con corchetes de hierro, cerrándose el superior con una tablilla. Es claro que puede quitarse el cuadrado de arriba y el de abajo sin tocar á los intermedios, que es donde se hace el trabajo. En otoño, cuando se trata de separar la miel, de las abejas, basta romper con un cuchillo la própolis con que han embetunado los dos cuadros y tapado la rendija que les unia: despues, coa un alambre se corta al ras todo lo que se halla en el plano de esta union, y se quita el cuadro superior, y como las barras atraviesan de parte á parte cada cuadrado , los panales permanecen sostenidos. Se pone otra tablilla sobre el segundo cuadrado , convertido ahora en primero, y se pone abajo un nuevo cuadrado vacío. En esta operacion perecen pocas abejas, y mientras se practica, trabajan como sino se las atormentara. Al año siguiente se quita el cuadrado superior, y asi sucesivamente, de modo que en cuatro años todo queda renovado.

Las ventajas de esta especie de colmena , son el poder quitar cada año una parte de miel y de cera, sin hacer morir las abejas, como hay la barbaridad de hacerlo contra los mas evidentes intereses del cultivador, sin riesgo de ser picado cuando se hace con destreza; y en fin poder á su voluntad aumentar ó disminuir la capacidad de la colmena, segun los progresos de la poblacion. Apénas notan las abejas el robo que se les hace, y como la miel está siempre en la parte superior de la colmena, el semillero nunca es atacado: la miel es mas pura y de mejor calidad cuando no la ha tocado aquella sustancia con que se alimentan loa gusanillos^ que como hemos dicho arriba, es una alteracion que padece el pólen de las flores estraido por las abejas.

No nos estenderémos mas en cuanto á las costumbres, economía y utilidad de las abejas; lo poco que hemos dicho bastará para comprender el modo como deben gobernarse, y los procedimientos mas convenientes para evitar la pérdida de las colmenas, y sacar de ellas resultados preciosos; remitimos á las obras ya indicadas á los que necesiten descripciones mas amplias. F.

ABEJORRO (Agricultura). Pocos insectos hay tan perjudiciales como este, que lo es en los dos estados de larva y de animal alado; transformado en este último, devora la hoja, y ha habido años en que estos insectos se han multiplicado en tales términos, que todos los árboles de las selvas, de los caminos y de los jardines, han quedado enteramente despojados de su verdura y privados por consiguiente de frutos por dos ó tres anos. La larva, conocida con el nombre de gusano blanco, vive cuatro años en la tierra, donde se introduce bastante para estar al abrigo del frio ó de la humedad: asi es , que ni aun los inviernos rigorosos de los climas helados pueden alcanzar á este animal devastador. En este estado vive la larva á espensas de las raices de las plantas y de la corteza de los árboles, siendo muy comun que perezcan los mas tiernos por los detrimentos que les hacen esperimentar. Así va creciendo esta larva poco á poco, y sobre todo en los dos últimos años cuando se aproxima á su forma alada, y ha llegado á su magnitud definitiva, es cuando sus estragos son de mayor consideracion.

Se han intentado muchos medios para estinguir esta

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