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Para preparar Scheele su ácido prúsico, empezaba por hacer hérvir una mezcla de azul de Prusia, de óxido rojo, de mercurio y de agua. El azul de Prusia se descoloraba y se cambiaba en un magma de color de orin. Añadia este químico en el licor filtrado, limaduras de hierro y ácido sulfúrico, y luego destilaba el todo; el producto de la destilacion era ácido prúsico mas ó ménos estendido en agua. Pensaba Scheele que el óxido rojo de mercurio no obraba sobre el azúl de Prúsia, sino arrebatándole su ácido para combinarse con él. M. Gay-Lussac demostró positivamente que no era así, y que no habia mas combinacion que la de los radicales entre sí, ó en otros términos, que no se obtenia mas que un verdadero cianuro, lo que hace ver que en esta reaccion mútua, el hidrógeno del ácido se combinaba con el oxígeno del óxido, para formar el agua que queda en el licor y no es parte de la combinacion. De aquí resulta que el producto que los químicos habian llamado prusiato de mercurio, debe llamarse ahora cianuro de mercurio. Para obtener el ácido prúsico puro, toma M. GayLussac este cianuro, le pulveriza, le deslie en el ácido hidro—clórico estendido en agua, y calienta ligeramente esta mezcla. La pequeña retorta en que se hace esta descomposicion está adaptada á un tubo de vidrio que contiene carbonato de cal hasta la mitad de su capacidad, y en la otra cloruro de calcio fundido: este tubo termina en otro de menor diámetro, que se introduce en una probeta dispuesta en medio de una mezcla refrigerante. Por cuanto hemos referido se concibe lo que debe suceder en esta operacion. Hay descomposicion recíproca entre el cianuro de mercurio y el ácido hidro-clórico; y el cloro sube sobre el mer

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curio para formar el cloruro que queda. EJ cianógeno y el hidrogeno se reunen para reproducir el ácido prúsico; éste se despoja sucesivamente del agua y del ácido hidro-clórico que puede llevar, al atrevesar el espacio en que se hallan encerrados el carhonato de cal y el cloruro de calcio, yendo despues á condensarse en la proheta. En este estado de concentración, es , como el ácido prúsico goza de todas sus maléficas cualidades: tiene una estrema volatilidad, y su olor sin ser vivo, es penetrante con esceso. Casi instantáneamente produce dolores de cabeza y aturdimientos, y cuando pierde de intensidad, es análogo al de las almendras amargas.

Tomado interiormente este ácido, es el veneno mas sutil que se conoce ni haya conocido nunca: una sola gota aplicada en la lengua ó en el ojo de los mas robustos perros, basta para aniquilarles en el mismo instante. Toda la sensibilidad y contraccion de los músculos locomotores se destruyen inmediatamente; y en una palabra, nada es comparable á la accion que ejerce este cuerpo en la economía animal; el mismo rayo no produce efectos mas rápidos. Es sensible que conozcamos una arma tan peligrosa, y no podemos ménos de temer que caiga en manos de malhechores, aunque debemos tranquilizarnos, atendido lo difícil de su preparacion, que exige mucha práctica, y que por otra parte no puede conservarse sino muy poco tiempo.

A pesar de la acción mortal del ácido prúsico, se ha pensado que atenuando su grado de energía, podrian obtenerse ventajas de él en ciertos casos morbíficos. M. Magendie, que fué el primero que tuvo ocasion de hacer muchos esperimentos sobre esta materia, observó en muchos animales, que habian sufrido este género de envenenamiento, que destruyéndose toda la sensibilidad y contraccion muscular locomotriz, conservaban empero , durante muchas horas, una respiracion fácil y una circulación intacta al parecer, bien que muy acelerada, de suerte, que habiendo muerto por sus funciones esteriores, vivian por sus funciones nutritivas. Esta observacion general, le condujo á pensar que pudiera muy bien sacarse partido del ácido prúsico en ciertas enfermedades, en que la sensibilidad se aumenta de un modo vicioso. Este hábil fisiologista hizo uso de él bajo este aspecto, y asegura haber alcanzado resultados notables en las toses nerviosas, y en otras varias enfermedades del pecho. Le considera tambien como uno de los mejores paliativos que puedan emplearse en los casos de tísica pulmonar. Sobre todo este ácido es propio para calmar la tos, facilitar la espectoracion y procurar el sueño, sin escitar el sudor, como los demas narcóticos, particularmente los opiáceos. Pero recomienda M. Magendie el no emplear el ácido prúsico sino despues de haberle puesto de 5 á 6 partes de agua y no prescribir mas que la dosis de 15 á 15 gotas en 4 onzas de alguna infusion héquica ó pectoral. Las propiedades químicas del ácido prúsico no son ménos notables que las que acabamos de indicar. Los elementos están tan poco encadenados por su mutua afinidad, que á veces algunos instantes bastan para verle descompuesto y transformado en una masa carbonosa aislada, y en alcali volátil. Apénas enrojece el tornasol, aunque sea lo mas concentrado posible. En estado de pureza no satura ninguna base, y no contrae con ellas sino combinaciones muy efímeras; pero goza de una afinidad estrema con el hierro, ó por lo menos con su cianuro, y entonces es

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cuando forma un verdadero ácido, capaz de saturar los óxidos, siendo el que se ha llamado ácido kiásico se— gun M. Porette, ácido de los prusiatos triples, ácido hidro-ciánico ferroso, y que M. Berzelius considera, pero probablemente sin razon, como un hidro-cionato ácido de hierro; este ácido no tiene ninguna de las propiedades del ácido prúsico; no es volátil, goza de una acidez libre y muy pronunciada, y no reconoce en sí ninguna de las maléficas propiedades del ácido prúsico. Volverémos mecesariamente á esta singular combinacion cuando tratémos de la fabricacion del azul de Prusia. Segun los análisis de M. Gay-Lussac

100 partes en "peso de ( 44,69 carbono. ácido hidro-ciánico an-R 51,66 azoe. hidro contienen. . . . . U 3,65 hidrógeno. 1 vol. vap. de carbono. vol. azoe. # vol. hidrógeno. ó. . . { ivo cianógeno. 3 vol. hidrógeno. R. Ácido mIDRo-suLFúRico. Despues que el cloro y el iode han sido colocados en el número de los cuerpos simples, y que se ha acreditado bien que sus combinaciones con el hidrógeno constituian verdaderos ácidos, se ha debido precisamente considerar la combinacion del azufre con el hidrógeno, bajo el mismo punto de vista, y asignarle igualmente su lugar entre los hidrácidos. Hace mucho tiempo, como lo hemos observado en el artículo precedente, que M. Berthollet habia manifestado que este producto enrojecia el tornasol y saturaba las

ó en volúmen 1 de vapor
hidro-ciánico contiene..

bases; pero, los químicos demasiado imbuidos en la idea, de que el oxígeno era un elemento necesario de los ácidos, no le señalaron su verdadero lugar, hasta despues de haber hallado sus análogos.

El ácido hidro-sulfúrico ó hidrógeno sulfurado fué descubierto por Scheele en 1775. Le compuso de todas piezas, calentando ligeramente y por largo tiempo, azufre contenido en un vaso lleno de hidrógeno. M. Gingembre obtuvo un resultado semejante, colocando en el foco de una lente un pedazo de azufre encerrado en una campana llena de hidrógeno. En esta accion recíproca de los dos combustibles, el hidrógeno no esperimenta otros cambios de volumen, que los determinados por las variaciones de temperatura que sufre; mas no sucede lo mismo con su densidad, que se acrecienta muy sensiblemente. De 0,07521 , que es la del hidrógeno, se convierte en 1,1912; y pasando de los volumenes á los pesos, se hallará que el hidrógeno sulfurado está compuesto en 100 partes, de 93,855 de azufre y de 6,145 de hidrógeno.

Formado este ácido por la reunion de los dos combustibles , existe pues en el estado gaseoso. Este gas no tiene color, es transparente, de un fétido olor de huevos podridos, susceptible de inflamarse al aproximarse un cuerpo en ignicion, y si el vaso en que se quema es estrecho, la combustion queda incompleta y una parte del azufre se depone en las paredes; en el caso contrario todo se consume, y se obtiene por producto , agua y ácido sulfuroso. El hidrógeno sulfurado no puede cooperar á la combustion de otro cuerpo, y si se introduce en él una bugia encendida , se apaga por sí misma, aunque inflamando en su paso la capa de gas que tiene el contacto del aire. De todos los fluidos

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