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dos de gran cultivo no han tenido éxito sin lluvias frecuentes, y la causa de que los jardines que se han establecido allí, exijan un riego continuo. Quinto ensayo. La tierra que se tomó en el mismo parage que la anterior, pero solo á cinco metros de su superficie, desecada, se redujo á polvo entre los dedos con facilidad, y tratada como las precedentes, se depositó en algunos minutos; el agua sobrenadante era igual á cerca de la mitad de la empleada, y la mezcla batida y puesta en el embudo, dejó escurrir en cuarenta minutos, 56 gramos de agua, habiendo retenído 44. Así pues, la capa superficial de tierra de la llanura de Grenelle, aunque mezclada desde un número considerable de años con los residuos de los estiércoles, los restos de los vegetales recolectados, etc., dejaba todavia filtrar el agua con mas prontitud y en mayor proporcion, que la tierra de las orillas del rio en todas las profundidades ensayadas. De aqui resulta, que en esta localidad todos los abonos activos, todos los estiércoles, han sido verdaderamente insignificantes para la mejora del terreno, porque éste no presenta aun tierra conveniente, sino á una profundidad de algunos centímetros. En un solo año con abonos correspondientes, se haria en beneficio de este terreno, lo que no se ha hecho despues de mas de treinta por medio de los abonos activos que se han empleado. Muchos ensayos han demostrado que estas bonificaciones, previamente indispensables á todo cultivo, y á toda plantacion, son muy fáciles en la misma localidad. En efecto, las mezclas, 19 de un quinto de la tierra ensayada en el número 3; 29 de un octavo de una arcilla gredosa que se halla á poca distancia de allí; 3o de un sexto de la creta que se saca de las cerros de Meudon, cuyo precio es muy corto; 4o de un séptimo de los depósitos fangosos formados en los albañales ó sunideros; depósitos acumulados en un punto de la misma llanura y que no tienen mas valor que el coste de un transporte fácil. Todas estas mezclas han dado por el modo de ensayo indicado, los resultados entre los límites que anuncian un buen terreno; esparcidas todas en la superficie del suelo, y mezclándolas con la pala en capas de un quinto, un octavo, un sexto, etc, de la profundidad del desfondo total, y añadiendo á todas (escepto á la última mezcla) un medio estiercol ordinario, han producido, sin un particular cuidado, una hermosa vegetacion de plantas anuales. En cuanto á los árboles, cuyas raices se profundi-. zan mas en la tierra, es preciso proteger los primeros tiempos de sus crecimientos, colocándoles en hoyos espaciosos, medio llenos de una mezcla arenosa del suelo, con el abono conveniente, y llenarlos de la misma mezcla. La esperiencia ha enseñado tambien, que al cabo de tres ó cuatro años de plantacion, sus raices alcanzan sin peligro la tierra ligera: se estienden bastante en ella para absorver la humedad que necesitan, y no se vé ménos actividad en la vegetacion. Es fácil aplicar estos datos al abono de las tierras fuertes; tierra arenosa, cenizas de hornaguera, cenizas de madera lavadas, (*) etc, bastan para apropiarlas á los diferentes cultivos anuales. La plantacion de los árboles, necesitará ademas, mezclas semejantes in

(*) Las cenizas nuevas de madera añadidas en cortas proporciones, pueden activar la vegetacion en las tierras húmedas, sobre todo por las sales que contienen; pero demasiada cantidad seria perjudicial, en razon del subcarbonato de potasa que encierran.

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tro<lucidas en fosos espaciosos. Si no obstante, el suelo es demasiado compacto ó gredoso, estas plantas permanecerán hasta que sus raices hayan pasado la profundidad de los hoyos; entonces les costará mucho penetrar en la tierra, donde se hallarán privadas del aire y de los gases que son útiles al vegetal, etc. Muchas veces el árbol, segun su especie, morirá con mas ó menos prontitud.

Por lo demas, no hay duda que la constitucion física del suelo, en virtud de la cual la infiltracion de las aguas pluviales y el desecamiento se han apoderado mas ó menos pronto, debe variar segun los climas; que en los climas húmedos, la tierra debe disponerse de manera que pierda mas prontamente el agua, mientras que en los secos debe procurarse que el suelo retenga el agua todo lo posible. En fin , las propiedades físicas del suelo están modificadas en los terrenos que ocultan á poca profundidad, rocas , greda, aguas subyacientes, etc.; los abonos son en ellos mas difíciles, y muchas veces no pueden producir buenos resultados sino para aquellos vegetales cuyas raices no se profundizan mucho en la tierra. j.

Abonos activos. Todas las materias orgánicas, animales y vegetales , susceptibles de una descomposicion mas ó menos lenta, pueden entrar en la confeccion de estos abonos, porque presentan á los vegetales muchos principios que pueden asimilarse y que son útiles á su constitucion. Está demostrado, que la sílice y diferentes sales disueltas en las aguas de estiercol, pasan en circulacion y se fijan en todas las partes de los vegetales; mas estos abonos, son sobre todo útiles á las plantas, por el ácido carbónico que desarrollan; estas asimilan su carbono y dejan desprender su oxígeno.

Se ha observado que los abonos muy activos, aquellos que fermentan rapidamente y desprenden mucho gas, pueden hacer morir las plantas. En este caso está el agua de estiercol enteramente pura: de lo que se ha deducido, á veces sin razon, que seria menester dejar pudrir mucho tiempo estas clases de abonos, y emplearlos unicamente cuando ha cesado todo movimiento pronunciado de fermentacion. Era fácil observar, que pudriéndose y consumiéndose por grados, los abonos perdian una gran parte de sus principios activos, lo que á la verdad, permitía emplearlos en mayor proporcion sin peligro de las plantas; pero que se hubiera obtenido el mismo resultado, con mucha mas economía, esparciendo en una estension mas considerable de terreno, el mismo abono cuando aun conservaba todos sus principios, toda su energía; que entónces hubiera sido ademas útil para hacer morir algunas yerbas malas de la superficie del suelo, y no llegarian á chuparlos las plantas cultivadas, hasta despues de haberse dividido por su mezcla con la tierra vegetal, y de haber ya suministrado gases al alimento de las partes esteriores de la tierra. Es pues evidente, que el cultivador sufre una pérdida enorme, dejando desprender por una larga reaccion, las substancias útiles de unos abonos vigorosos. Estos principios, dirigidos por una constante y fatigosa práctica, son los que observan los agrónomos de la Flándes, en cuyo pais deben buscarse los mejores ejemplos para el cultivo de las tierras: no debemos abstenernos de indicar algunos de sus usos relativos á los principales abonos (*).

(*) Los que deseen mayores detalles los hallarán en el escelente tratado de agricultura de la Flandes francesa, por M. Cordier (1823).

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Orines de los animales. Los cultivadores de las in— mediaciones de Lila aprecian mucho este abono. La orina que se derrama desde los establos á suelos dispuestos en inclinacion conveniente, se recoge en toneles ó en hoyos cimentados, y se transporta por la tarde á los campos, regando con ella toda la superficie de la tierra. Se eligen para esta operacion con preferencia los tiempos húmedos ó cubiertos, y el momento que sigue ó precede inmediatamente á la siembra. Tan fuertes abonos matan los musgos y el liquen, calientan el suelo, y determinan una vegetacion rápida; pueden considerarse como una de las principale causas de la feracidad de la Flándes. Sabemos que hace algunos años se han aplicado los orines humanos, fácilmente recogidos en las grandes ciudades, á la preparacion de un escelente abono, impregnando con ellos polvo de yeso cocido; esta mezcla, de fácil esparcimiento en las tierras, las provee de una sal, cuya influencia favorable á la vegetacion está reconocida hace mucho tiempo (el yeso, sulfato de cal), y de un abono vigoroso. Depósitos de las letrinas (*) ó abono flamenco. Este último mombre es adoptado por M. Cordier, porque en Flándes fué donde se usó primero, y porque allí es donde se sirven de él con mas discernimiento. Se prepara en aquel pais del modo siguiente: Los cultivadores hacen construir á alguna distancia de sus haciendas unas, como cisternillas, á la orilla de los caminos y próximas al mayor campo que cultivan. El fondo de estas cavidades está pavimentado de asperon; las paredes y la bóveda son de fábrica de la

(*) Se da en Paris el nombre de gadoue á las materias fecales mezcladas de orines, pero se dejan secar ántes de esparcirlas en las tierras.

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