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Comparando los efectos del lustre en caliente á los que da el lustre en frio, se halla que este es menos brillante, aunque realmente es de mas duracion y el paño queda mas suave. El lustre en caliente, segun el grado de calor, hace rudo el paño y muy aparentes las mas leves manchas de agua, y oculta mejor los defectos del paño. Por todas estas razones, el consumidor deberia preferir los paños que no hubiesen recibido esta especie de aderezo; pero siempre hay quien se deja seducir por este lustre brillante, y el fabricante tiene por lo mismo que dar á sus tejidos esta apariencia engañosa para hacerlos vendibles.

Del mismo modo que el negro, los colores claros hechos con cochinilla, el escarlata, el rosa, etc., no pueden soportar la accion del calor, y el lustre debe hacerse en frio, so pena de que estos colores se alteren é inclinen al carmesí.

Cuando los paños han sufrido la operacion del enlustrada, no queda mas que endosarlos, apuntarlos, entelarlos y embalarlos, (v. Paños), para que puedan entregarse al comercio.

Aderezo de otros tejidos de lana. El primer aderezo que se da á los tejidos rasos fabricados en blanco, consiste en la operacion del tostado;. desengrasándolos inmediatamente despues, lavándolos en seguida , blanqueándolos y dándoles el tinte; se secan, y por último se encartonan, se prensan, se desguarnecen y se recartonan, pasándolos tambien algunas veces por la calandria , ántes de prensarlos, ó sin prensarlos.

El tostado de los tejidos tiene por objeto quitar todo el pelo ó vello que eriza su superficie , oscurece su brillo y les hace demasiado susceptibles de absorver el" polvo y la humedad.

Las máquinas para tostar los tejidos consisten en general en un hornillo, cuya bóveda está formada por una plancha de hierro colado , curva en toda su longitud , en forma de semicilindro. El fuego que se mantiene bajo esta lámina ó plancha, durante toda la operacion del tostado, le comunica el grado de calor necesario para quemar el vello del tejido. Para que éste no se malogre, es menester hacerlo pasar con rapidez por la plancha ya caliente, para lo cual se le da la celeridad que conviene, con una máquina provista de una cabria con su manubrio.

Es indiferente que el hornillo se caldee con lena ó carbon de tierra, con tal que la llama suba á la plancha.

Las fig. 1. y 2, lám. iv, representan la máquina para tostar los tejidos. La fig. 1. indica el corte por el medio de su altura, y el plano se vé en la llg. 2. A es el hornillo; B, la chimenea del mismo; c,el enrejado' sobre el cual se pone el combustible; dd, la plancha metálica destinada á producir el tostado de los tejidos; y, el rodillo en que está envuelto el tejido que se ha de tostar; z, el manubrio con que se imprime el movimiento al tejido y se le hace pasar rapidamente sobre la plancha dd.

Se ha procurado guarnecer las paredes interiores del hornillo de planchas muy gruesas de hierro colado; pero adquirian un calor tan fuerte, que en poco tiempo se gastaban, y aun algunas veces se derretian. Uno de los mejores revestimientos para el interior, se hace con pedazos de tejas embetunados y unidos con arcilla mezclada de tierra calcárea; y para lo esterior no se ha hallado nada que sea preferible á una buena capa de arcilla y de borra.

No se debe calentar la plancha hasta el blanco, ni aun hasta el rojo muy vivo para los tejidos de lana, como se hace para los terciopelos de algodon. El pelo de los primeros es mas raso, y la lana se quema con mayor facilidad y rapidez que el algodon. Sobre esta materia no se puede dar una regla precisa: el calor debe variar con relacion á la naturaleza y al estado de los tejidos. Por esto será necesario mas cantidad de calor para un tejido blanco, craso, de materia grosera y muy velloso, que para otro de color, mas fino, mas raso y mas seco.

Cualquiera que sea el grado de calor , es esencial que sea uniforme la velocidad de la tela; porque es evidente que una marcha desigual debe producir vicios sensibles y aun alteraciones en el cuerpo del tejido. Sin embargo, cuando se pasa rapidamente el tejido sobre la plancha roja, debe mirarse sin temor una es'pesa humareda que se levanta, mezclada de chispas y de llama, y que esparce un olor fuerte empireumático. Todo el arte consiste en obtener el grado de calor necesario, combinarle con la conveniente velocidad, y obrar con tanta diligencia, que no sea preciso pasar mas que una vez el tejido por el derecho, y otra por el reves.

Cuando se ha de tostar una pieza, se enrolla en el rodillo y, se pasa sobre la plancha, y de alli se sujeta su estremidad anterior á una tela que rodea la cabria z; haciendo girar esta, se desarrolla la pieza ccc, que pasando sobre la plancha, se va tostando en ella , al paso que se desarrolla de la primera cabria.

Si se quiere que la tela toque la plancha en mayor número de puntos, se pasa por bajo de la cabria z y se suspende un peso al rodillo cargado de la pieza, á fin de que este esceso de resistencia, atrayendo la pieza , la proporcione la tension conveniente.

Entre el intervalo de la plancha y el cilindro, en que se arrolla la pieza tostada, hay una hoja de hierro , cuyo corte se dirije contra el paso del tejido, sobre el cual apoya pasando sobre otro pequeño cilindro. Por este medio, el tejido se acepilla, digámoslo así, se limpia, y las pequeñas bulbas redondas que forma el vello quemado, se desprenden á pesar de su fuerte adherencia, y terminan por formar una porcion de materias que son un abono escelente.

Para facilitar la operacion de tostar los tejidos de uno á otro cabo de ellos, se envuelven los cilindros con una tela ordinaria, sujetando sus estremos á la pieza que se ha de tostar, con un alfiler de igual longitud que el ancho de la pieza, dejándola entrelazada todo el tiempo de la operacion.

Guarnecido el primer cilindro, y rodeado sobre el el tejido, se lleva el cabo de la tela sujeta al otro cilindro , hasta el primero, haciéndola pasar por encima de la plancha, y allí se une al estremo del tejido. Si durante este tiempo, apoyase el tejido inmediatamente sobre la plancha caliente, se quemaría; por lo que, para prevenir este accidente, se debe sostener en un bastidor formado de varillas redondas de hierro, suspendido sobre la plancha por una cuerda que pasa por una polea. En el momento que se va á empezar la operacion, el trabajador suelta la cuerda que sostiene el bastidor en el aire, y le baja hasta los lados del hornillo: la tela apoya entonces sobre la plancha, y otro trabajador da movimiento al manubrio. Concluida la operacion, se levanta otra vez el bastidor y se suelta la tela. Si el tejido no estuviese bastante

raso, por no haber sido tostado suficientemente, se vuelve á empezar la operacion. Tambien se puede rasar el pelo de los tejidos con espíritu de vino, para lo cual se pone un pequeño receptáculo en forma de gotera ó canaleja semicilíndrica, de cobre estañado y llena de alcohol, algo delante y muy inmediata á un cilindro móvil que gira, se retira ó acerca, segun lo exije la necesidad, y por el cual pasa el tejido sin arrollarse en él. Se le adapta un cepillo fuerte que levante el pelo ántes del acto de tostarse, y otro cepillo ó mejor un hierro con filo, que al mismo tiempo limpie el tejido de las bulbas crespas que forman el pelo quemado. Se da movimiento á los cilindros y al tejido por un mecanismo análogo al del hormillo de tostar. Por este procedimiento, la llama quema perfectamente el vello de los tejidos. Conviene proceder al desengrase de las telas rasas inmediatamente despues de haberlas tostado, porque estando todavía el tejido caliente, los poros de la materia están abiertos; la grasa se licua y puede combimarse mas facilmente con la tierra ó con el alcali del jabon. Esto es lo que se hace siempre que el tejido se destina al blanco para blanquearlo despues; pero cuando se ha de teñir, muchos fabricantes invierten este órden, y proceden primero al desengrase y luego al tostado. No debiendo ser en general atiborrados esta clase de tejidos, conviene desengrasarlos sin abatamarlos. A este fin se usan unos molinillos guarnecidos de pilones muy ligeros, pues los de los molinos ordinarios apénas aprovechan. En las pilas se echan orines y se da principio por un ligero enfurtido, solo para que se empape bien el tejido, que se deja calentar así tanto

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