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su medio, no depende sino de dos causas: de la adherencia del cuerpo con la cola, y de la cohesion de la misma materia colante. En el mayor número de casos, la adherencia no se ejerce solamente en la superficie, porque permitiendo á la cola la porosidad de los cuerpos, penetrar en su interior, introduce en ellos en algun modo, raices mas ó ménos profundas, con las cuales se pega con grande fuerza. De aqui proviene la principal diferencia de los efectos de una misma cola, segun la temperatura en que se emplea, y segun la naturaleza de los cuerpos á los cuales se aplica (v. colAs). Cuando los cuerpos están reducidos á polvo, pueden con especialidad adquirir una adherencia escesivamente fuerte; pero entónces es mas difícil arrojar el aire, ó los otros flúidos interpuestos, lo cual no se consigue en general, sino por una presion muy enérgica y sos— tenida; asi es como con polvos muy finos, pueden componerse masas compactas y muy sólidas, y hasta se logra formar piedras artificiales, tan propias como las naturales, para resistir á los choques mecánicos, á los cambios de temperatura y á todos los agentes físicos (v. PIEDRAs ARTIFICIALEs). PoUILLET. ADMINISTRADOR. Hombre encargado de la ins— peccion, administracion y gobierno de los negocios de una persona rica. El administrador debe estar versado en la legislacion, para poder defender los intereses de su amo, impedir las usurpaciones de propiedad y las servidumbres pasivas; debe tener bastante conocimiento de la agricultura y de las ordenanzas de plantíos y bosques, para poder regular el precio de los alquileres, las épocas de los cortes de los bosques y de la pesca de los estanques, la manutencion de los ganados, la conservacion de las cazas, etc.; en fin, pocos conocimientos hay que no se deseen ver reunidos en un administrador. Estas numerosas condiciones son tan difíciles de hallar, unidas á la probidad, á la vigilancia y á una buena conducta, que puede asegurarse, que nada es mas difícil que el hallar un buen administrador. Estas generalidades bastarán para nuestro Diccionario, en el que no tenemos la presuncion de dar preceptos de jurisprudencia, y en el cual los detalles relativos al manejo de las haciendas, se han espuesto cada uno en su artículo. FR. ADOBO. (Tecnológia). Los tejedores acostumbran dar el nombre de adobo, á una especie de cola hecha con agua y harina, combinadas por la accion del calor, con que untan las portadas de sus piezas, cuando están puestas en los telares. La palabra adobo se deriva en consecuencia de la de adobar, con la cual designan esta accion. *, El objeto del adobo, es el conservar á los hilos de que se compone la portada, una humedad, una flexibilidad y elesticidad tales, que los hilos cedan, sin

romperse, á la fuerte tension que se imprime á la por

tada, á fin de que la tejedura se haga con la mayor regularidad. Con todo, la cola hecha con harina, se seca muy pronto, cuando está espuesta al aire libre; el adobo que se empleaba desde tiempo inmemorial, presentaba un efecto contrario al que se habian propuesto en un principio, y los hilos se rompian con mayor facilidad despues de adobados que ántes, porque la cola secándose les daba mas tesura. Con el objeto de remediar tan grave inconveniente, los tejedores humedecian de cuando en cuando con agua pura

su adobo, para conservar la indispensable humedad. TOMO I, 27

Este minucioso cuidado, podia aprovechar para los tejidos bastos, pero nada remediaba con respeto á los finos, cuyo adobo se secaba con demasiada prontitud. En los paises en que especialmente se fabrican las telas muy finas, los tejedores colocaron sus telares en lugares subterráneos, en que el aire siempre húmedo conservaba por mas tiempo á su adobo, la flexibilidad que deseaban tan ardientemente, y adoptaron el partido de trabajar en aquellos parages bajos y húmedos, sin acordarse de que se perjudicaba su salud. En la India donde se fabrican telas de la mayor finura, emplean la harina de la simiente de una planta gramímea, que conserva la humedad por mucho tiempo, y que se asemeja mucho al phaleris canariensis que han anunciado los periódicos como muy higromético y que se habia ensayado con buen éxito, como adobo prefe— rible al que se usa ordinariamente para la fabricacion de las telas. Este adobo, presentaba para las fábricas todas las ventajas que se podian desear, y sobre todo por la esperanza de sustraer á los tejedores á la mortífera influencia del aire mal sano, y constantemente húmedo de los subterráneos en que se veian precisados á pasar su vida, pero el precio subido de esta harina, comparado al de la de trigo, fué un insuperable obstáculo para estos desgraciados operarios, á quienes nada, ni aun la preciosa ventaja de la conservacion de su salud, puede hacerles cambiar sus viciosas habitudes, cuanto se trata del menor gasto; y así fué, que este precioso descubrimiento no fué adoptado por ninguno de ellos. Uno de aquellos ilustrados filántropos que de tiemPo en tiempo se toman el cuidado de aliviar á la humanidad doliente, M. Dubuc mayor, farmacéutico de Ruan, buscó en los numerosos recursos que ofrece el estudio de la Química, los medios de hacer el adobo ordinario bastante higrométrico, á fin de darle cons— tantemente las calidades necesarias para sacar á los tejedores de los lugares subterráneos que habian adoptado, proporcionándoles los medios de colocar sus telares en pisos mas elevados, sin aumentar en manera alguna sus gastos. La análisis del phalaris canariensis ó alpiste que hizo este químico, y el repetido uso del adobo hecho con su harina, fué un rayo de luz, del que supo aprovecharse. La harina del alpiste da un adobo suave al tacto, largo, blando, que se divide bien en las brochas, y se estiende perfectamente sobre los hilos, á los cuales da la union, la flexibilidad y la fuerza convenientes para una buena y pronta manipulacion de los tejidos; pero tres obstáculos que contrarian singularmente su uso, se oponen á las útiles calidades reconocidas en este adobo. - 19 Lo caro de este abobo, que sale á 60 céntimos el medio kilógramo, cuando la misma cantidad de harina de trigo, cuesta apénas 20 céntimos. 2o El color del adobo hecho con alpiste de un gris empañado, algunas veces amarillento, que da un color desagradable á los tejidos de fondo blanco, y perjudica su venta. Este obstáculo es el mas difícil de superar. 3o La harina de alpiste contiene siempre una porcion de la corteza de la simiente que la ha producido. Este salvado, no siendo soluble en el agua, queda interpuesto en la encoladura, forma pequeñas asperezas sobre los hilos, y con frecuencia es causa de que se rompan con el movimiento del telar. Podria vencerse esta dificultad, pero solo seria posible con un aumento de trabajo.

La análisis del alpiste probó á dicho químico, que contiene, ademas de las harinas de los otros cereales, una notable cantidad de muriato ó hidro-clorato de cal, y un principio gomo-resinoso colorante, de un sabor amargo estíptico, y que á estos dos principios son á los que se pueden atribuir las calidades hidrométicas y medulosas, y el color gris empañado de las encoladuras, que produce, y que les distinguen tanto de las que están preparadas con harinas de trigo, ó con las féculas amilaceas..

De la análisis hecha con cuidado por M. Dubuc, y repetida muchas veces, sobre el adobo hecho con alpiste, coinparado con el hecho con la harina de trigo, ha sacado esta consecuencia, á saber:

» Que dando á los adobos confeccionados con barina » de trigo, ú otras harinas blancas, cierta propiedad » higrométrica , se conseguirian adobos de igual natu» raleza que el que da el alpiste, y sin que tubiera sus defectos é inconvenientes. »

Las siguientes son las varias recetas que ha dado nuestro autor, que se siguen con provecho en las fábricas de Ruan y otras partes en donde los operarios trabajan desde muchos años en los pisos altos.

Adobo preparado con harina de trigo ó de cen

teno, y el muriato de cal.

Se toma medio kilogramo de una ú otra de estas harinas, bien limpias de salvado, se deslien con cuidado

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