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dieron obtener nada satisfactorio; M. Scott, antiguo capitan de dragones, publicó en 1789 la descripcion de un mecanismo que creia propio para hacer viajes aéreos. Compara los globos con enormes peces que nadan en el aire, pero los gastos que exigen estos esperimentos y la poca esperanza de su resultado, impide que se ensayen. Parece haberse renunciado á ellos enteramente, asi como al proyecto que Borelli y sus partidarios habian formado de volar en el seno de los aires á mamera de pájaros. Todavia últimamente M. de Ghene vino á esponerse á la risa pública de los habitantes de la capital, á los cuales habia prometido que sabria sostenerse en el aire, y aun dar direccion á su vuelo. Sobre la construccion y direccion de los globos, y el arte del aeronauta pueden consultarse la obra de Fauchas de Saint-Fond, las Enciclopédias inglesas de Brevster y de Rees, el Philosophical Magazine, y las memorias de MM. Henin y Luzarches en los Anales de artes y manufacturas, tomo xxIII y xLvi. Nos falta ahora hablar de los paracaidas. Los cuerpos de toda la naturaleza caen en el vacío con la misma velocidad acelerada; pero la resistencia del aire se opone á este efecto, y asi vemos las diversas sustancias caer de una misma altura en tiempos muy diferentes. En igualdad de pesos esta resistencia es cuadrupla para una velocidad doble, y crece en razon de los cuadrados de las velocidades; de donde resulta, que si una masa cae de una grande altura, la resistencia adquiere al fin la fuerza de gravedad, y el movimiento deja de ser acelerado: se verifica con velocidad uniforme, que es la que el peso ha adquirido entónces. La resistencia del aire crece tambien con la superficie del cuerpo; si esta superficie es muy grande, es

talleciéndose el movimiento uniforme mas cerca del origen del movimiento, la velocidad constante de la caida es mucho menor. Asi se puede disminuir como se quiera el descenso de un peso, sosteniéndole en el aire por un gran desarrollo de superficie. Se cree que un paracaidas de 5 metros de latitud basta para hacer muy suave la bajada de un peso de 100 kilógramos.

M. Lenormand, uno de los colaboradores de esta obra , hizo en Montpellier esperimentos de esta clase (Anales de Química tom. xxxvi, pág. 9¿) que salieron muy bien. M. Drouet, para salvarse de los rigores de su cautiverio, se atrevió á arrojarse con un paracaidas desde la cumbre de un torreon elevado á 200 pies del terreno, y aunque la prueba fué feliz al principio, la siguió un accidente que destruyó el efecto, pero en fin su primer éxito confirmó la teoría.

Garnerin concibió en 1802, el audaz proyecto de elevarse en un globo aerostático y dejarse caer de mas de 100 toesas de elevacion. Esta peligrosa empresa se realizó con el mejor éxito á vista de todo Paris. Vióse á este intrépido aeronauta cortar la cuerda que sujetaba su barquilla al globo: primero la caida se hizo con una rápida aceleracion, pero desplegándose el paracaidas disminuyó considerablemente la velocidad. Era un espectáculo á la verdad espantoso, en medio del gozo de un fiesta pública, el ver una barquilla haciendo enormes oscilaciones, conservando su centro en el paracaidas que bajaba con rapidez; esta barca chocó al fin con fuerza contra la tierra, sin que ningun resultado funesto alterase el placer de la diversion.

El paracaidas es un vasto paraguas de 5 metros de radio, formado de 36 tiras de tafetan cosidas entre si; en el centro hay una rodela de madera á donde se reunen estas tiras ó piezas; sirve para fijar 4 cuerdas que sostienen la navecilla de mimbre donde se coloca el aeronauta; 36 cuerdas pequeñas parten como rádios, de la rodela, sosteniendo las costuras de las tiras de tafetan, y sobrepasan algo de estas costuras para reunirse de dos en dos en punta, y anudarse á 18 bramantes atados á la navecilla, los cuales estan destinados á impedir al paracaidas que se vuelva hacia arriba por el esfuerzo del aire. Otro circulo, de una madera ligera, de 1 metro y medio de radio proximamente, concéntrico al paracaidas, le mantiene algo abierto para ayudar su desarrollo durante la caida. La distancia de la navecilla á la rodela es de unos 10 metros.

Pueden evitarse las peligrosas oscilaciones de la navecilla, substituyendo á la rodela central una chimenea de 1 metro de altura, que permita al aire escaparse con rapidez, sin perjudicar á la resistencia que modera la velocidad de la caida. V. el 29 volumen de los Privilegios de invencion, pág. 175, fig. 40. Fh.

AFEITE. (Artes químicas). Llámase asi toda composicion blanca ó de color, de que usan las mugeres para embellecer su rostro, ó para parecer mas jóvenes. El uso de ponerse colorete es de la mas remota antiguedad. En Judea, en Egipto, en Grecia y Roma, las mugeres acostumbraban ennegrecerse los ojos, las cejas, ó darse color á las megillas, los labios y todas las partes de la cara. Entre los Griegos y Romanos, particularmente durante el tiempo de los Emperadores, este uso general entre las mugeres, se perfeccionó hasta el punto de llegar á ser un arte que se ha transmitido á las naciones modernas. Se sabe, por ejemplo, que el hacer uso del colorado pasó á Francia con

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los Italianos durante el reinado de Catalina de Mediéis. Lo que es mas de admirar, es que la costumbre de darse color se ha hallado tambien por los viajadores, entre los pueblos salvages del Asia y del Africa, en donde los naturales de estos paises, mugeres y hombres se dan color al rostro y á varias partes del cuerpo; ellas para parecer mas hermosas, y ellos para parecer mas terribles á sus enemigos.

Parece cierto que el primer afeite de que usaron los antiguos, era el súlfuro de antimonio, con el cual las jóvenes de Judea se frotaban el rededor de los ojos, con la intencion de que parecieran mayores. Job daba á una de sus hijas el nombre de vaso de anIimonio, (cornu stibii). Los profetas Jeremías, Isaías y Ezequiel, echaban en cara á las hijas de Judea el pintarse los ojos con antimonio. En Africa, San Cipriano , reprehendia con fuerza el uso de pintarse los ojos y las cejas, y esclamaba: Jnunge oculus tuos, non stibio diaboli, sed collyrio Christi. En la Arabia, en Berberia, segun el viajador d'Arvieux, las mugeres trazaban una línea con la vena del plomo en la parte esterior de la punta del ojo, paraque pareciese mas rasgado. Estas citas, sacadas de la Enciclopedia, son necesarias, porque no dejan duda á cerca del uso del súlfuro de antimonio, y del carbono de hierro, como á los primeros afeites conocidos.

Las damas griegas y romanas tomaron de las asiáticas la costumbre de pintarse los ojos con antimonio; imaginaron dos nuevos afeites, el blanco y el encarnado , que se han transmitido hasta nosotros, pero que por su naturaleza difieren mucho de los que se usan en el dia.

En su orígen, el afeite blanco no era mas que una tierra arcillosa de Chio ó de Sámos, mezclada con una tierra calcárea, desleida en vinagre, y á la cual llamaba Horacio humida creía. Se servian tambien de una especie de talco, llamado impropiamente greda, mezclado con vinagre, lavado despues muchas veces, para separar de él el ácido, y dividido hasta el punto de hacerlo impalpable. Aquellos colores tenian por lo menos la ventaja de no alterar el culis, y de poderse usar sin perjuicio de la salud.

No sucede lo mismo con los otros colores blancos, que. se han substituido á ellos posteriormente. Tales son el blanco ó carbonato de plomo, el blanco de cerusa , el óxido ó magisterio de bismuto. Estas sustancias , tan pronto usadas solas, como mezcladas con aceites, pomadas ó cera, son todas mas ó menos perjudiciales; ademas de echar á perder el cutis , tienen el inconveniente mas grave de impedir la transpiracion insensible, y de comprometer por lo mismo la salud de las personas que hacen uso de ellas habitualmcnte.

En los artículos que tratan particularmente de estas sustancias, se pueden ver los procedimientos de su preparacion: el blanco de plomo ó el carbonato de este metal, resulta por lo comun de la accion inmediata del vinagre mezclado con las heces del vino, ó con el subearbonato de potasa, sobre planchas delgadas de plomo colado, sumergidas en una atmósfera caliente, húmeda y cargada á la vez de oxígeno y ácido carbónico. El blanco de Krems es el que se prefiere para preparar el afeite; reducido á polvo impalpable y majado por mucho tiempo con una pomada hecha de cebo de becerro y de tuétano de buey, produce un blanco muy hermoso.

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