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cosa que el colorado de cártamo purificado cuidadosamente, sutilmente majado y mantenido en disolucion con una mezcla de alcohol y de ácido acético débil.

El encarnado vegetal nada tiene de dañoso, si se hace uso de él con moderacion, como debe hacerse cuando su objeto es imitar los colores naturales. Hace cosa de medio siglo que se hacia de él el mas estaordinario abuso. Se prodigaba sin tasa: no por necesidad ni para causar ilusion, sino unicamente por darse tono; amontonarlo en espesas capas sobre la cara, era demostrar la riqueza y sobre todo la calidad de la persona que lo hacia. Por fortuna en el dia se hace de él un uso mejor entendido. L..... R.

AFILAR, v. a. (Cuchillería). Cuando algun instrumento cortante, como un cuchillo, ó una navaja de afeitar se ha aguzado y pulimentado, se afila pasándole sobre una piedra de un grano fino, para destruir el filban que le impediria cortar bien, en la cual se afilan tambien los instrumentos cuyo corte se ha mellado ó embotado con el uso.

Se conocen muchas especies de piedras de afilar: una piedra gruesa, unida, de color de pizarra, y que es un pedazo de esquita pizarrosa, la cual sirve para afilar cuchillos y los instrumentos cuyo filo no deba ser muy fino: una piedra esquitosa formada de dos capas superpuestas, una amarilla y la otra negruzca, y cuya fractura en el seno de las hojillas que forma, presenta una textura estriada. Esta esquita viene de Lo— rena y de las cercanias de Namur. La presencia de las dos capas amarilla y oscura, es un carácter tan reconocido en el comercio, que se añade una capa negruzca á las pequeñas piedras que carecen de ella. Esta especie se conoce muy particularmente con el nombre de

piedra para navajas. Las mejores son aquellas cuyo grano no es ni muy unido ni muy abierto, y que con facilidad se dejan rayar con un alfiler de cobre. No debe dejarse en ellas el aceite con que se hayan humedecido, y aunque se haya tenido cuidado de enjugarlas bien despues de haberse servido de ellas, es conveniente renovar de cuando en cuando la superficie, frotándola con una piedra pomez mojada en agua. Esta piedra sirve para afilar las navajas de afeitar. La piedra de Levante de un verde muy oscuro, muy súcio y en algunos parages tirante á blanquizco, es una clase de esquita cotícula, que viene de Alemania y de Levante: tiene un grano fino, pero generalmente demasiado duro. Sirve á los cuchilleros para afilar lancetas, y á los grabadores para sus buriles. Hay todavia otra piedra que es una especie de jaspe de un bellísimo verde que se saca tambien de Levante. Cuando es buena se apreeia mucho esta piedra, porque es propia para afilar toda clase de útiles pequeños. Los cuchillos se afilan en seco; las navajas y las lancetas no adquieren bien el filo sino por medio de un poco de aceite de oliva estendido sobre la piedra. Las hoces y guadañas se afilan con una piedra que se pasa por toda la estension de la hoja. L. AFNACION. En las artes se da el nombre de afnacion á la purificacion de diferentes sustancias; pero esta espresion se emplea mas especialmente para desigmar la purificacion del oro y de la plata. Solo bajo este punto de vista tratarémos aquí de esta materia, y referirémos la indicacion de los procedimientos distintos de afinacion para los demas productos, á los artículos en que se trate de cada uno de ellos. Muchos usos tienen el oro y la plata que necesitan que estos dos metales esten en un estado de pureza absoluta, porque solo entónces gozan de toda la maleabilidad necesaria para el objeto que se proponga. Las hojas tan ligeras y delgadas que el batidor de oro obtiene con su martillo, son siempre el producto de un metal enteramente exento de cobre: las menores porciones de aligacion comunican mayor dureza á estos dos metales, de tal modo, que es imposible darles el grado de tenuidad estrema que tan necesario es en muchas artes. El oro y la plata respecto á esto no se perjudican, porque á poca diferencia tienen el mismo grado de maleabilidad; pero la gran distancia que existe entre sus valores respectivos, hace que no se entreguen al comercio sino despues de haberlos aislado completamente uno de otro, y este es el principal objeto del afinador.

Si la liga que se hubiese de afinar no contuviese mas que oro, plata ó cobre, seria inútil hacerle sufrir ninguna depuracion preliminar; pero como casi constantemente sucede que las materias que entran en la fundicion contienen ademas estaño, y aun con frecuencia plomo, que incomodarian y detendrian la operacion de afinar, es menester ante todo, desembarazar estas materias de todos los metales estraños á los dos únicos que se quieren afinar, de modo que no haya que efectuarse la operacion subsecuente de la afinacion , sino sobre una liga de oro y de plata. Esta primera epuracion se llama empuje, porque tiene por objeto llevar la aleacion al mas posible grado de finura. Indiquemos el modo como se practica. Lo primero es asegurarse por medio de la operacion conocida con el nombre de ensaye de una ley real de finura de las materias que han de someterse á la afinacion; si el oro predomina

bastante para representar, él solo, mas de la cuarta parte del peso total de la liga afinada, entonces se determina la proporcion de pinta que debe añadirse para establecer lo que se llama incuartaclon. Es indispensable aumentar de este modo la cantidad de plata, porque se ha observado constantemente que siempre que la liga contenia menor porcion de esta materia, estaba en cierto modo preservada de la accion de los ácidos por la presencia del oro, mientras que cuando la aleacion se forma á lo menos con tres partes de plata y una de oro, el ácido puede penetrarla por todas partes y sustraer hasta las últimas partículas de plata. Estando bien determinadas estas proporciones, se pone en medio del fuego un buen crisol de tierra y se le enrojece: luego se echa en el crisol bastante materia , para que estando fundida no ocupe mas que la mitad de su capacidad proximamente: de ordinario se tratan á la vez de quince á veinte marcos. Inmediatamente que el metal va á fundirse, se añade media libra de nitrato de potasa, y despues se cierra el crisol ó se le cubre con carbon. Es preciso que en este momento el calor sea bastante intenso, no solo para fundir la aleacion, sino tambien para determinar la descomposicion del salitre, y la oxidacion de los metales estraños; se produce un hervor muy considerable por el desprendimiento de los gases que entonces se forman, y esto es lo que obliga á dejar el crisol medio lleno. Cuando la materia está en completa fusion, lo que se conoce agitándola con una varilla de hierro, se le añade fuego por última vez: el baño queda tranquilo, las escorias se separan perfectamente, se saca el crisol y se deja enfriar; se le rompe luego y se encuentra en el fondo un residuo homogéneo procedente

de la capa de escorias que le cubren. Estas escorias contienen mucha potasa cáustica y atraen poderosamente la humedad del aire; contienen tambien óxidos de cobre, de estaño y á veces de plomo y de hierro, é igualmente un poco de oro aleado con plata: apártanse todas estas escorias, y cuando se ha reunido bastante cantidad de ellas, se funden con polvo de carbon, sometiendo despues la liga que de ellas resulta, á la copelacion. La materia de oro y de plata que proviene del empuje, se funde de nuevo y reduce á granalla, colándola en un tonel lleno de agua, en cuyo fondo debe colocarse una vasija de cobre. Asi se divide el metal para hacerle presentar mas superficie y facilitar su disolucion, procurándose tambien el obtener una granalla lo mas ligera y hojosa que sea posible, consiguiéndose facilmente con echar el metal en el agua á cierta distancia y haciendo de modo que el chorro sea lo mas delgado y continuo que se pueda. Se quita la vasija que contiene la granalla, se decanta y se seca al fuego. Luego se distribuye esta granalla, en matrazes de fondo llano, en botellas de arena ó asperon, ó bien en vasos de platina, que se ponen sobre una especie de galera; en cada vaso se echan dos ó tres partes de ácido nítrico á 30 ó 359; se calienta ligeramente para facilitar la accion, y muy pronto se descompone el ácido, se desprende el gas nitroso y se hace la disolucion. Cuando ha cesado la efervescencia se decanta el licor, se echa una nueva y corta cantidad de ácido, se calienta mas y se lleva hasta la ebullicion; vuelve á decantarse y á añadírsele despues una tercera y última dósis de ácido, pero mas concentrado, que se hace hervir igualmente. La plata se halla entónces com

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