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catlos á sus fábricas; esta será una palestra á la que nadie se atreverá á presentarse.

Pero como esta opinion tiende á un sistema que nos apartaria de nuestro objeto, no llevaremos mas lejos estas observaciones sobre la cuestion de la utilidad de las aduanas. Hace mucho tiempo que se ha prohibido en Francia, y se prohibe todavia, la esportacion del oro; esta medida es la consecuencia de las falsas ideas que se han formado del comercio y de sus medidas. Esperemos que los gobiernos adoptarán algun dia un régimen mas sabio, y dejarán á la industria aquel ensanche é independencia, que es la única proteccion de que necesita.

Si pudiera concederse que existen máquinas perjudiciales á los artesanos, no lo serian seguramente, sino porque las salidas de las manufacturas no bastarian á los productos: de aqui la necesidad de fomentar la esportacion de estos, y por consiguiente de perfeccionar todo cuanto puede disminuir su precio para que sea mas ventajoso el comercio.

Algunas personas creen, que el hombre perpetuamente aplicado á un mismo movimiento maquinal pierde sus facultades intelectuales, y ven en las máquinas una causa de embrutecimiento. Igual reconvencion se hace tambien, y con motivos mas plausibles, á la division del trabajo en los talleres; se ha reconocido que ei artífice trabaja mejor y mas presto una cosa que repite sin cesar, y que importa, para dar á los resultados el mayor grado de perfeccion, que cada hombre

no haga mas que una pequeña parte del trabajo total.

Una aguja pasa por las manos de 120 operarios; uno corta el hilo, otro agujerea la cabeza, éste hace la punta, aquel pule la aguja, etc. (V. esta palabra en el Diccionario). Asi es que la objecion propuesta tiene mas fuerza cuando se divide el trabajo, que cuando se hace uso de las máquinas: la esperiencia lo ha acreditado. Desde que se ha adoptado en las fábricas la division de los trabajos, no se ha observado que padezca la capacidad intelectual de los artífices. Y en efecto, es creible que sea necesario mas talento para hacer una aguja entera, que para hacer solo una parte ? que el trabajador, que no tiene mas que hacer sino mover un manubrio, sea mas estúpido que el que teje una tela, ó borda una muselina ? Como una práctica constante de operaciones manuales hace al hombre capaz de ejecutarlas por una especie de rutina y casi sin pensarlo, del mismo modo que anda, se sienta y se levanta sin reflexionar en los movimientos que ejecuta; la inteligencia del operario jamas entra para mada en sus tareas, y esto es un bien para él, especialmente para aquellos que no teniendo el entendi

miento bastante despejado, serian incapaces de ordenar

sus ideas, y que sin embargo deben vivir del fruto de sus sudores. Tal hay que labra ó allana la tierra que seria totalmente inútil para hacer otra cosa. De aqui resulta que el pensamiento del artífice no está en lo que hace, sino que vaga á gusto de su capricho sin que le cautive su obra. No es esta ocupacion la que

puede perjudicar al desarrollo de sus facultades intelec

tuales. Guardando rebaños, los primeros hombres se hicieron poetas y astrónomos, y el espacio que les dejaba la ociosidad de su espíritu, ha producido frutos que una ocupacion mas grave hubiera tal vez sufocado. En esta breve discusion hemos demostrado que hay máquinas de que no podemos abstenernos, y que entre aquellas, que al parecer no prestan tanta utilidad, es imposible establecer una distincion para llegar á prohibir el uso de las que se mirasen como perjudiciales á la clase de los artesanos: y que si realmente las hubiese, seria este un mal unido á nuestra existencia social, á muestro estado de civilizacion; una necesidad que seria preciso soportar como tantos otros males que afligen á la humanidad. Pero estas presunciones están muy léjos de ser fundadas; hemos manifestado el profundo error que padecen los detractores de las máquinas, y que, no solo es falso que estos agentes mecánicos puedan jamas privar al artesano de su trabajo, sino que al contrario la sociedad entera recibe goces nuevos, encuentra un bien estar de que estaba privada, y el mismo artífice un salario mayor y mas ocasiones de ser ocupado. Asi pues puede decirse con verdad que las máquinas son un beneficio para los fabricantes, para los artesanos, y para la poblacion entera; y que aun cuando no fuese así, seria necesario conservarlas por no poderse destruir. Hemos hecho conocer que las esportaciones serian imposibles sin el

ixx DISCURSO PRELlMINAR,

auxilio de las máquinas, y que la balanza del comercio podia distar tanto de su estado de equilibrio, que la prosperidad nacional se resintiese poderosamente de ello. En fin, hemos respondido á una objecion que conduciria á persuadir que las máquinas destruyen las facultades intelectuales del artesano. Era sin duda preciso mas tiempo para desenvolver suficientemente estas ideas; pero si era conveniente no omitirlas en el discurso preliminar de un Diccionario de Tecnológia, no lo seria consagrarlas en él una estension mas considerable. F. R.

ADVERTENCIA DE LOS TRADUCTORES.

H abriéndose conservado en el cuerpo de esta obra las medidas, pesas y monedas francesas conforme se hallan en el original, se ha considerado oportuno para mayor inteligencia, indicar en este lugar la correspondencia de unas y otras y la relacion de sus valores con las que estan en uso entre nosotros.

Para darlas á conocer enumeraremos primero las unidades cardinales de que derivan las demas, y son las siguientes:

Metro, unidad lineal.

Ara , unidad de superficie.

Siereo ó Metro cúbico, unidad de volumen.

Litro, unidad de capacidad para líquidos y granos.

Gramo, unidad de peso.

Franco, unidad de moneda.

En cada especie de estas cantidades hay un sistema de mayores y menores segun la escala decimal, con una nomenclatura uniforme , que consiste en anteponer al nombre dé la unidad los colectivos griegos deca, hecto, kilo, miria , etc. para designar unidades diez, ciento, mil, diez mil, etc. veces mayores que las que significaba su raiz; ó bien las partitivas latinas deci, centi, mili, dec ¿mili, etc. para espresar unidades diez, ciento, mil, diez mil etc. veces menores.

Todas éstas medidas estan reducidas á la unidad de longitud , qaé conviniendo fuese invariable se tomó en la naturaleza, eligiendo ía diezmillonésima parte del arco medido del meridiano de Paris comprendido entre el polo y el ecuador, llamado cuadrante de meridiano, i cuya magnitud se did el nombre de metro. Constando la longitud del referido cuadrante de meridiano de 5,130740 toesas, su diezmillonésima parte, ó el metro, resultó de 3,0784440 pies franceses, ó* de 355889216 pies espanoles, ó de 1,1963072 varas, euya

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