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LIBRO II.

POBLACION GENERAL DE LA NUEVA-ESPAÑA — DIVI

.SION DE LOS HABITANTÉS EN CASTAS..

CAPÍTULO IV.

CENSO GENERAL HECHO EN 1793. — PROGRESOS DE LA PO

BLACION EN LOS DIEZ AÑOS SIGUIENTES.: -RELACIÓN,

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El cuadro físico que acabamos de bosquejar rápidamente prueba que en Méjico, como en todas partes, ha derramado la naturaleza sus beneficios con desigualdad. Los hombres, desconociendo la sabiduría de esta distribucion, saben aprovecharse poco de las riquezas que se les presentan. Reunidos en una pequeña extension de terreno, en el centro del reino sobre el llano de la Cordillera misma, han dejado inhabitadas las regiones mas fértiles y mas inmediatas á las costas..'.

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En los Estados Unidos la poblacion está concentrada en la parte atlántica, esto es, en la larga y estre

cha zona que corre entre el mar y los montes Allegha*nys. En la capitanía general de Caracas apenas hay

terrenos habitados y bien cultivados sino los de las regiones marítimas. Por el contrario en Méjico, el cultivo y la civilizacion estan relegados á lo interior del pais. Los conquistadores españoles no han hecho en esto sino seguir las huellas de los pueblos conquistados. Los Aztecas, originarios de un pais situado al N. del rio Gila, y acaso tambien originarios de lo mas setentrional del Asia, habian extendido su emigracion hacia el S. quedándose siempre en la loma de la Cordillera , y prefiriendo las regiones alpinas y frias á los calores, excesivos de la costa.

La superficie de la parte de Anahuac que componia el reino de Motezuma II á la llegada de Cortés, no era la octava parte de la Nueva-España actual. Los reyes de Acolhuacan, de Tlacopan y de Mechoacan eran príncipes independientes. Las grandes ciudades de los Aztecas, los terrenos mejor cultivados, se hallaban en las inmediaciones de la capital de Méjico y principalmente en el hermoso valle de Tenochtitlan. Esta razon por sí sola hubiera bastado para que los Españoles estableciesen allí el centro de su nuevo imperio; pero ademas les era agradable habitar unos llanos cuyo clima era análogo al de su patria , y que por consiguiente podian producir el trigo y los árboles frutales de Europa El añil, el algodon, el azúcar, y

neno

el café, que son los cuatro grandes objetos del comer-”. cio de las Antillas y de todas las regiones calientes de los trópicos, interesaban poco á los conquistadores del siglo xvi : solo ansiaban los metales preciosos, y su busca los fijaba en la loma de las montañas centrales de Nueva-España.

No es menos difícil el calcular con alguna certidumbre el número de los habitantes del reino de Motezuma, que el señalar á punto fijo la antigua pobla- , cion del Egipto, de la Persia , de la Grecia o del Lacio. Las frecuentes ruinas de ciudades y pueblos que se encuentran bajo los 18 y 20° de latitud, en el interior de Méjico, prueban, á no poderlo dudar, que la por blacion de esta parte del reino fue en otro tiempo muy superior a la que hay en el dia. Las cartas que Cortés escribió al emperador Carlos V, las memorias de Bernal Diaz y otros inumerables-documentos históricos, confirman este hecho importante *. Pero reflexionando cuanto củesta aun en nuestros dias el llegar á tener ideas exactas sobre la estadística de un pais, no podemos estrañar la ignorancia en que nos dejan los escritores del siglo xvi sobre la antigua poblacion de las Antillas y sobre las del Perú y de Méjico. Por una parte la historia nos presenta unos conquistadores ansiosos de sacar fruto de sus hazañas, y por otra al obispo de Chiapa y un corto número de hombres benéficos empleando con noble

mu

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* Véanse las observaciones juiciosas del abate Clavigero, sobre la

ardor las armas de la elocuencia contra la crueldad de los primeros colonos. Todos los partidos tenian igual interes en exagerar el floreciente estado de los paises nuevamente descubiertos; los frailes de San Francisco se gloriaban de haber bautizado ellos solos, desde el año 1524 hasta el de 1540, mas de seis millones de indios; y lo que es mas, de indios habitantes en solo las partes mas vecinas de la capital ! :

Un ejemplo notable nos prueba cuan circunspecto cồnviene ser para no dar crédito con facilidad a los - números que se hallan en las antiguas descripciones de la América. Muchas veces se ha impreso *, que en el censo de los habitantes del Perú hecho por el arzobispo de Lima, F. Geronimo de Loaysa, en 1551 se hallaron 8,285,000 indios. Este hecho debia afligir á los que saben que en 1793 en el censo muy exacto mandado hacer por el virey Gil de Lemos, los indios del Perú actual, separado de Chile y Buenos-Ayres, no pasaban de 600,000 individuos, de manera que podria creerse que han desaparecido de sobre la tierra 7,600,000 indios. Pero por fortuna șe ha encontrado enteramente falsa la asercion del autor peruviano; pues segun las investigaciones hechas con mucho esmero en los archivos de Lima por el P. Cisneros, resulta que la existencia de los 8 millones en el año de 1551 no está fundada en ningun documento histórico. El mismo autor de la estadística de Trujillo, Feijoo, ha declarado despues, que su aventurada asercion no se fundaba sino sobre un cálculo falaz hecho por el número de las muchas ciudades arruinadas desde la conquista, y cuyas ruinas le parecia á él anunciar una inmensa poblacion del Perú en los tiempos antiguos. Sucede frecuentemente que el examen de una opinion errónea conduce á alguna verdad importante. El P. Cisneros, revolviendo papeles en los archivos del siglo xvi descubrió que el virey Toledo, considerado con justo título como el legislador del Perú, no contó en 1555, en la visita del reino que hizo personalmente, desde Tumbez hasta Chuquisagua (que es con corta diferencia la extension del actual Perú) sino cosa de 1,500,000 indios. We bevoegen

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antigua poblacion de Méjico, dirijidas contra Robertson y Pauw. Storia antica di Messico, t. iv, p. 282.

* Relacion de la ciudad de Trujillo, por el doctor Feijoo, 1763, pág. 29.

Generalmente hablando, nada hay mas vago que el juicio que se forma sobre la poblacion de un pais recientemente descubierto. El célebre Cook calculó el número de los habitantes de la isla de Taiti en cien mil; los misioneros protestantes de la Gran-Bretaña no la dan sino 49,000 almas de poblacion ; el capitan Wilson la estima en solo 16,000; M. Turnbull cree probar que el número de aquellos habitantes no pasa de 5,000. Yo dudo mucho que unas diferencias tan notables sean efecto de una despoblacion progresiva. Es cierto que existe esta despoblacion por consecuencia de las enfermedades de que los pueblos civilizados de Europa han infectado aquellos paises en

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