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de ruedas grandes, porque serian demasiado pesados ó poco sólidos, en razon que seria preciso dar demasiada via al carro, ó estaria sujeto á bolcarse; los cubos deberian ser muy largos para que no estuviesen tambaleando sobre el eje; no podrian entrar por las puertas ordinarias, ni tampoco circular en la mayor parte de las calles. Es necesario combinarlo todo en la construccion de un objeto cuyo uso es diario: se debe tener miramiento en los costes, en la solidez y en los animales que se emplean; por eso, descuidando los cálculos de la teoría, el uso no ha dado á las ruedas traseras de los carros grandes ó carretas, mas que cerca de dos metros, y á las del juego delantero, cerca de un metro y algunos decímetros. Entónces el pecho del caballo hallándose mas alto que el centro del eje, una muy ligera parte de su fuerza de traccion está empleada á levantar el fardo, y contribuye á dar á sus pies mas firmeza. El ancho de las pinas de la rueda no es de ménos consideracion que su diámetro, sobre todo si están destinadas á llevar fardos pesados. Las ruedas con pinas estrechas hechan á perder los caminos de suelo firme y aun los empedrados, y en poco tiempo hacen impracticables los que no lo son, formando carriles y haciendo hoyos que fatigan mucho los caballos, deterioran los géneros, y rompen á menudo los carros. Las ruedas con pinas anchas hacen ménos carriles, deshacen los de las ruedas estrechas, allanan los caminos y afirman los que tienen cascajo ó arena gruesa. Los ingleses hace mucho tiempo que han adoptado para sus grandes carros, ruedas con pinas anchas; pero no es mas que despues del principio de la revolucion que están en uso en Francia. Se les dió desde luego el nombre de ruedas á la Marlborough, porque parece que este general se habia servido de ellas para conducir su gruesa artillería sobre los mogotos de la costa de Flandes. No se dudaba de las ventajas que debian resultar para la conservacion de los caminos; pero las opiniones estaban divididas sobre la cuestion, si estas nuevas ruedas harian que los carros fuesen mas difíciles á conducir. Las experiencias comparativas que se hicieron entónces para esclarecer esta cuestion, sobre todo á las que se libró el Sr. conde de Rumford, no dejaron ninguna duda en esta parte. Fué completamente demostrado que el tiro en todas circunstancias era mucho menor con las ruedas anchas, que con las ruedas estrechas. M. de Rumford hizo la experiencia con su propio carruage, cuyo peso total, comprendido el de 3 hombres que llevaba, era de 1060 kilógramos; puso sucesivamente ruedas de tres anchos diferentes, teniendo cuidado de suplir por los pesos, aquellas que eran demasiado ligeras, á fin de que el carro tuviese siempre igual peso.

Tabla del tiro de un carro de cuatro ruedas de diferentes anchos, teniendo de peso

1060 kilógramos sobre un camino horizontal.

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Resulta que la diferencia de la fuerza empleada á. favor de las ruedas anchas, es de cerca 3 sobre el empedrado, 3 sobre la tierra dura, y sobre la arena Los carreteros lo saben tan bien hoy dia, que probablemente costaria mas trabajo el hacerles volverá usar , las ruedas estrechas, que costó en aquel tiempo hacerles usar las ruedas anchas. En el cálculo de las máquinas en movimiento, se sabe que las velocidades son proporcionadas á las fuerzas motrices. Las precedentes hacen ver que es igual el que un carro vaya por un camino empedrado, pues el tiro al paso que no es mas que de 20 kilógramos, es de 40 cuando los caballos van al trote, que es poco mas ó ménos el doble de la velocidad de la andadura primera. Pero una cosa muy remarcable, que resulta tambien de las experiencias precedentes, es que el tiro sobre caminos iguales de tierra ó de arena, queda sensiblemente el mismo cualquiera que sea la velocidad de los caballos. Esto es debido sin duda, á que las ruedas del carro no encontrando ningun obstáculo, nada destruye ni retarda el movimiento adquirido por el primer esfuerzo de los caballos, al paso que sobre un camino empedrado ó en que dé muchos vaivenes, un carro suspendido conducido rapidamente, prueba fuertes sacudimientos y rebotes que absorven una cierta cantidad de la fuerza de traccion de los animales; fuerza que es preciso que renueven continuamente para que siga rodando con la misma velocidad. De esto se puede deducir que mucho mas fácil es tirar un carro suspendido á carga igual, que cuando no lo está; no es pues sin razon que dan á las varas de un carro, una cierta largaria, y que colocan la carga principal sobre el medio; esta carga, por causa de la elasticidad de las varas, sobre todo en los car

ros pequeños de un solo caballo, de la Frauclle-Comté, no participando á los pequeños, ni subitamente á los grandes sacudimientos que experimentan las ruedas sobre un camino escabroso, se halla conducido tan dulcemente como si anduviese el carro sobre un camino llano; y disfrutan de las ventajas de los carros suspendidos. El tiro no es el mismo para dos carros cargados de un mismo peso de mercancias ó géneros diferentes; por ejemplo, de hierro y de paja. La primera es una masa sin elasticidad, que participa de los vaivenes que experimenta el carro, al paso que la segunda disfruta hasta un cierto punto, de la ventaja de los carros suspendidos, por la elasticidad que se halla en el fardo mismo. Una gran parte de la resistencia á vencer en el movimiento de los carros, proviene del rozamiento del pezon del eje dentro del cubo; pues la rodadura de una rueda por pesada que sea, sobre un llano horizontal y liso, no necesita ningun esfuerzo para mantenerla desde que está producida; no hay mas que una superposicion sucesiva, que se llama rozamiento de segundo grado, que apénas es apreciable. Los americanos han establecido un sistema de acarreo apoyado sobre este principio, haciendo grandes toneles que contengan los géneros que conducen por tierra, adaptando al centro de los dos fondos unos muñones por los cuales se efectua el tiro. Se ha visto en la exposicion de 1823, un carro de este género. El Sr. conde Hisville, mucho tiempo antes habia presentado á la Sociedad de Fomento un pequeño carro de dos ruedas de aguador, cuyo tonel girando sobre el mismo, como las ruedas, suprimia el rozamiento del eje. Los zapadores minadores de Paris, lo han adoptado para su servicio. " Despues de las experiencias del Sr. conde Rumford,

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