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abundan el helecho arbóreo, y en donde comienza la region de la verdadera quina febrífuga oon estambres muy cortos y la corola vellosa. *

No nos proponemos describir aqui la innumerable

variedad de vegetales con que la naturaleza ha enri

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* Véase mi Geografía de las Plantas, y una memoria que publiqué en aleman, y contiene observaciones físicas sobre las diversas especies de Cinchona que crecen en los dos continentes. (Memorias de la sociedad de Historia natural de Berlin, i807, n. i y a.) En Méjico se cree que el Portlandia mejicana, descubierto por el señor Sesé, podria reemplazar la quina de Loja, como lo hacen hasta cierto punto el Portlandia hexandra (coutarea Aublet) en Cayena, el Bonplandia trifoliata Willd. ó el Cusparé, en las Orillas del Orenoco, y el Swkenia Febrifuga Roxb. en las grandes Indias. Es de desear que se examinen tambien las virtudes medicinales del Pinkneya pubens de Michaux (Mussaenda bracteolata Bartram) que crece en la Georgia, y que tiene tanta analogia con la Cinchona. Examinando la propiedad de los géneros Portlandia, Coutarea y Bonplandia, ó la afinidad natural que presenta el verdadero Cinchona espinoso y rastrero, descubierto en Guayaquil por el señor Tafalla, con los géneros Paederia y Danais, se advierte que el principio febrifugo de la quina reside en muchas rubiaceas. Asi mismo el Caoutchouc, no es solamente extraido del Hevea, sino tambien del Urceola elástica, del Commiphora madagascarensis, y de un gran número de otras plantas de la familia de los euforbios, de las ortigas (Ficus Cecropia), de los cucurbrtáceos (Carica) y de las campanuláceas (Lobelia). El señor Augusto de Saint-Hilaire, ha dado á conocer modernamente (en i834) una Apocynea, el Strychnos pseudoquina del Brasil, que obra en las calenturas intermitentes como la verdadera cinchona, aunque no contiene ni brucina ni quinina. (Esta memoria del señor de Huuiboldt sobre las quinas de los dos continentes ha sido traducida y enriquecida con notas muy instructivas porM. Lambert. (Vease Illustration ofthegenus Cinchona i8» í, p. 2-59, y Hnmboldt, Relalion hist., t. i.)

quecido el vasto territorio de Nueva-España, y cuyas útiles propiedades se conocerán mejor al paso que la civilizacion haga progresos en el pais. No hablaremos de los varios géneros de cultura que un gobierno ilustrado podria introducir con buen éxito. Nos limitaremos á examinar las producciones indígenas que en la actualidad son objetos de exportacion, y que forman la basa pincipal de la agricultura mejicana.

Bajo los trópicos, principalmente en las Indias occidentales, que han llegado á ser el centro de la actividad comercial de los europeos, la palabra agricultura se toma en un sentido muy diferente del que se le da en Europa. En la Jamaica ó en la isla de Cuba , cuando se oye hablar del estado floreciente de la agricultura, esta expresion no ofrece á la imaginacion la idea de cosechas que sirven para el alimento del hombre , sino la idea de terrenos que producen objetos de cambio para el comercio, y de materias primeras para la industria de las fábricas. Ademas, por rico y fértil que sea el campo, por exemplo , el valle de las Guines, al SE. de la Habana, uno de los sitios mas deliciosos del Nuevo Mundo, se ven en él muchas llanuras plantadas con esmero de caña de azúcar y de café; pero regadas con el sudor de los esclavos africanos. La vida del campo pierde su atractivo, cuando es inseparable del aspecto de la infelicidad de nuestra especie.

En lo interior del reino de Méjico, la palabra agricultura recuerda ideas menos penosas y tristes. El cultivador indio es pobre, pero libre. Su estado es muy preferible al de los aldeanos de una gran parte de la Europa setentrional. En la Nueva-España no hay contribucion de servicios corporales ni esclavitud; el numero de esclavos es casi ninguno; y la mayor parte del azúcar es fruto del trabajo de manos libres. Los principales objetos de la agricultura no son esos productos á que el lujo de los europeos ha dado un yalor variable y arbitrario; sino las cereales, las raices nutritivas, y el maguey que es la viña de los indígenas.

tLa vista de los campos recuerda al viagero que aquel suelo da de comer á quien lo cultiva, y que la verdadera prosperidad del pueblo mejicano no depende ni de las vicisitudes del comercio exterior ni de la política inquieta de la Europa.

Los que no conecen lo interior de las colonias españolas sino por las nociones vagas é inciertas publicadas hasta el dia, con dificultad se persuadirán que los principales manantiales de la riqueza del reino de Méjico no estan en las minas, sino en su agricultura, que se ha mejorado muy visiblemente desde fines del último siglo. Sin hacer reflexion en la inmensa extension del territorio, y sobre todo en el gran número de provincias, que al parecer carecen totalmente de metales preciosos, se imaginan comunmente que toda la actividad del pueblo mejicano está dirigida al beneficio de las minas. Porque la agricultura ha hecho progresos muy grandes en la capitanía general de Caracas, en el reino de Guatemala y en la isla de Cuba, y donde quiera que los cerros estan reputados pobres en productos del reino mineral, se cree poder inferir de aqui que el poco cuidado que se ha puesto en el cultivo del terreno en otras partes de las colonias españolas es efecto del laboreo de las minas. Este raciocinio es exacto, cuando no se aplica mas que á pequeñas porciones de terreno. Es cierto que en las provincias de Choco y de Antioquía, y en las costas de Barbacoas, los habitantes prefieren el buscar oro de lavaduras en los arroyos y barrancos, al desmonte de una tierra virgen y fértil: es cierto que al prinoipio de la conquista, los españoles que abandonaban la península ó las islas Canarias, para establecerse en el Perú y en Méjico, no tenian otro interes que el de descubrir metales preciosos. « ¿iuri rabida sitis a cultura Hispanos divertit, » dice Pedro Martir *, escritor de aquel tiempo, en su obra sobre el descubrimiento de Yucatan y la colonizacion en las Antillas. Pero este raciocinio no sirve en el dia para explicar, porque la agricultura se halla en un estado de languidez en unos paises que tienen tres ó cuatro veces mayor extensión de terreno que la Francia. Las mismas causas físicas y morales que entorpecen todos los progresos de la industria nacional en las colonias españolas, se han opuesto á las mejoras del cultivo del terreno. No se puede dudar que si se perfeccionan las instituciones sociales, las comarcas mas ricas

* De insulis nuper repertis, et de moribus incolarum earum. Gryncci nov1ts Orbis, 1555, p. 5t1.

de producciones metálicas serán tan bien y acaso mejor cultivadas, que las que aparecen desprovistas de metales. Pero el deseo natural del hombre de reducirlo todo á causas muy simples, ha introducido un modo de raciocinar en las obras de economía política, que se perpetua, porque lisongea la desidia del mayor número de los hombres. La despoblacion de la América española, el estado de abandono en que se hallan sus tierras mas fértiles, la falta de industria manufactura!, se atribuyen alas riquezas metálicas y á la abundancia de oro y de plata, del mismo modo que, segun esta misma logica, todos los males de España vienen del descubrimiento de la América, de la trashumacion de los ganados merinos, ó de la intolerancia religiosa del clero.

No se observa que la agricultura esté mas descuidada en el Perú que en la provincia de Cumaná ó en la Guyana, sin embargo que en estas últimas no hay ninguna mina en beneficio. En Méjico los campos mas bien cultivados, los que recuerdan á los viageros las mas hermosas campiñas de Francia, son los llanos que se extienden desde Salamanca hasta las inmediaciones de Silao, Guanajuato, y la Villa de Leon, y en los cuales estan las minas mas ricas del mundo conocido. En todos los parages en donde se han descubierto vetas metálicas, en las partes mas incultas de las cordilleras, en llanuras aisladas y desiertas, el beneficio de las minas lejos de entorpecer el cultivo de la tierra, lo ha favorecido singularmente. Los viages sobre la loma

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