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trario deslucirá cualquier drama. Pero á quienes indudablemente se debe tributar elogios es á los Sres. Pineda y Martínez.

"He observado mucha propiedad en los trajes, y, sobre todo, en los muebles; muy buen gusto en el adorno de la escena y una hermosura desconocida hasta hoy en México, en la primera decoración. El público tuvo ocasión de reírse varias veces, como en la escena en que Eduardo quita de un bofetón de la cabeza de su tío el sombrero que sin razón se había puesto, pues también cayó la peluca, y el público se divirtió, y una buena escena se convirtió en parodia. En todas las escenas el Sr. Pineda fué enérgico y verdadero, y á pesar de su voz tan mala arrancó muchos aplausos. Sería de desear que hiciera algún esfuerzo para aclarar su voz ó para modularla, porque la comprime demasiado, de lo que resulta una ronquera insufrible.'.'

Aunque según hemos podido ver, siguiendo á imparcial cronista, el Teatro de Nuevo México no era una maravilla, sí acusaba en verdad un adelanto, y el Coliseo Viejo, el llamado Teatro Principal, sufrió con la apertura de ese un rudo golpe, pues los amigos de la novedad y los elegantes, abandonaron lo antiguo por lo nuevo.

Pero el Principal tenía sobre el Nuevo México la ventaja de la superioridad artística de su Compañía, en la que figuraban la excelente Dubreville; la simpática, modesta y distinguidísima Soledad Cordero; el inspirado actor é irreprochable caballero Miguel Vallero, ninguno de los tres superado por los actores del Nuevo México, por más que abundasen en méritos Pineda y Martínez, y la hermana de éste, Inocencia Martínez, hubiese ido día á día conquistándose partidarios y amigos con perjuicio de la primera dama Concepción Molino, que aquí en México no agradó á nuestro público. La lucha entre uno y otro teatro, lucha que llegaría á ser famosa, quedó desde luego entablada, estando de parte del más moderno teatro, la novedad, y del antiguo, el sentimiento patriótico, por la nacionalidad mexicana de tan ameritada artista como Chole Cordero. Y para que mejor se aprecie el fundamento de la novedad de los amigos del Nuevo México, pintemos el cómo era en 1841 el Principal, tomando su descripción de los revisteros de aquellos días, que dicen:

"Tratándose del Teatro Principal, es preciso convenir en que sólo por el rótulo que en letras gordas está puesto sobre la puerta, puede venirse en conocimiento de que ella, que parece más bien de cochera, dé entrada á un edificio que debía ser modelo de buen gusto en todas sus partes. Si se exceptúa el público, todo lo demás, es fatal: entremos. Por una puertecilla en la que temo romperme la cabeza, yo que no soy más que mediano, lo cual hace el elogio de su altura, se entra al patio, que es bastante grande, pero bastante mal hecho, porque ni se ve ni se oye igualmente en todas partes.

"No hay más que un solo tránsito, y esto proporciona á la salida el inestimable bien de hacerlo en prensa, si no es que se prefiera esperar pacientemente un buen rato. Los asientos son regulares, pero la distancia de unos á otros es tan corta, que es preciso entrar á remolque, aunque no sea uno como el hombre gordo de Bretón, cosa ciertamente nada agradable, porque aunque tenga uno buena crianza, no se contenta con recibir un pisotón, á pesar de que le siga inmediatamente el consabido dispense usted. No hay de qué. \ Canario si hay de qué! Tal vez le han hecho á uno ver, como suele decirse, las estrellas

"Aunque el patio tiene alguna inclinación, no es seguramente la que se necesita, y así es que los que no somos muy altos que digamos, tenemos que aprovechar muchas veces el claro entre las cabezas delanteras para espiar la representación, especialmente cuando hay algún pie de los nuestros, que llame nuestra atención sobre el tablado.

"Los palcos tienen la desventaja de estar cerrados, lo cual, además de aumentar en ellos el calor, hace que la concurrencia sea menos vistosa, aunque como no hay mal que por bien no venga, este mismo defecto es un bien para las ó los que quieren no ser vistos. Excusado es decir que la escena se ve malísimamente desde muchos de ellos, porque esto es consecuencia de la ridicula figura del teatrobodega, y que en la mayor parte se oye muy poco por la bondad del tornavoz, que fué inhumanamente recortado años atrás, con el fin de hacer más palcos en pro del empresario, pero en contra del que sostiene á los empresarios. Nada diré de las ventilas, donde á guisa de tortugas se colocan los espectadores, sacando apenas las cabezas, recibiendo el tufo de los candiles, y mirando la comedia por entre una densa atmósfera de humo. Han ocasionado también el grandísimo mal de minorar la ventilación, á la que, como indica su nombre, estaban destinadas ; pero por el auri sacra /ames de los empresarios fueron graduados de palcos.

"El telón fué bueno en sus tiempos: el foro es bastante regular, aunque por dentro no tiene la extensión necesaria para la comodidad de los actores y el servicio de la escena. En cuanto á decoraciones, las tenemos de tres clases; unas bastante buenas, otras regulares y otras, que por su venerable antigüedad y muchos años de servicio merecen su licencia absoluta.

"Dicen que el mejor vino se guarda para la postre; así he guardado para el fin eso que llamamos alumbrado en el palomar que bautizamos con el nombre de Teatro Principal. Un candil grande en el medio y dos chicos cerca de la escena, de antigua figura, y un quinqué entre uno y otro palco, forman la brillante iluminación, por cuyo medio podemos leer hasta el Quijote en miniatura y con anteojos verdes. Noches hay en que al segundo acto de la comedia están ya apagados seis ú ocho quinqués, y generalmente, las funciones muy largas, y así se llaman las que duran hasta las once, terminan siempre á media luz. Agréguese á esto la poca limpieza de dichas luminarias y el nada agradable aroma del aceite, que ha dado ya de comer á algunos sastres, porque muy frecuentemente deja en los fracs, las levitas y capas, indelebles señales de aprecio, y se tendrá idea de esta interesantísima parte del Teatro Principal, que, como ya he dicho, no merece este nombre.''

Por supuesto, en la rivalidad de ambos teatros salió ganancioso el público, pues las dos compañías entablaron saludable competencia en el estreno de obras y en su ejecución. En el Principal obtuvieron un notable triunfo con el drama Marino Faliero, el 3 de Junio, los distinguidos Valleto y Castro, González, Castañeda, Salgado y la Platero. El Principal y el Nuevo México pusieron en esos días, primeros de mes, El Trovador, de García Gutiérrez, quedando, según los revisteros, la victoria por el segundo teatro. Inocencia Martínez desempeñó admirablemente la Leonor en todo el drama: Pineda lo mismo: Cándida García estuvo bastante desgraciada en el papel de la Gitana, demasiado fuerte para ella; las decoraciones fueron como siempre, muy buenas, y la batalla con que concluyela tercera jornada, estuvo muy bien figurada. En el Principal lo estuvo malísimameute, y el Sr. D. Higinio Castañeda y la Srita. Cordero, no pudieron ni aun compararse con Pineda y la Martínez: en cambio la Dubreville y Valleto estuvieron perfectamente bien; los muebles pésimos y las decoraciones impropias.

En Nuevo México, la comedia La Lechuguina realzó más y más los méritos de Inocencia Martínez y de Francisco Pineda: dominó el teatro, dice el revistero; sus modales fueron francos, llenos de finura; todo respiraba en él alegría y elegancia, y supo llevar muy bien el uniforme: sólo hay que recomendarle que tome á grandes trozos la pasta de Altea para dulcificar su voz; en ello ganarán el público y las boticas. En El Rico-home de Alcalá, representado el 13 de Junio, Martínez caracterizó muy bien al Rey Don Pedro; todo era allí verdad, dignidad y nobleza; lo mismo diremos de la señorita su hermana: el tercer director, Sr. Fernández, no pasó de regular. En la función del 17 se presentó por primera vez el gracioso Ruiz, que "posee una cara enteramente bufa, una acción sumamente original y cómica y una buena comprensión. En la segunda pieza lució muchísimo más que en la primera; el carácter de italiano, el remedo de varios instrumentos, todo, en fin, estuvo muy bien desempeñado; pero todavía lució más en la pieza Los Zapatos, donde todos los modales, el lenguaje y el gesto eran propios y admirables: en una palabra, es un buen actor y un porvenir inmenso se abre delante de él. ¿ Qué podré decir de los hermanos Martínez? Brillaron en todas las piezas, y en la última, asi en el baile como en el representado, en el traje, en el idioma y en la acción, eran unos manolos completos: el genio de entrambos es muy universal. El Sr. Granados, el Sr. Dalmau y todos los demás, lucieron en la última pieza, por cuya repetición clamaba el público entusiasmado."

Dada así á conocer la Compañía que trabajaba en el Teatro de Nuevo México, primera novedad del año de 1841, pasemos á hablar de la Compañía de Opera Italiana y de su Teatro.

CAPITULO II

1841

Para dar albergue á la Opera Italiana, fué necesario hacer casi de nuevo el antiguo teatro de la Plaza de Gallos, que llevó el nombre de Provisional, sito en la calle de las Moras. El revistero del Apuntador nos dice así cuáles fueron esas reformas:

"La calle ha sido empedrada, y se le ha puesto la acera que le faltaba. A la entrada hay un patio cuadrilongo de poco menos de diez y siete varas, que tiene á derecha é izquierda las escaleras que conducen á los palcos primeros y segundos, y al frente la entrada á los balcones y lunetas, que es bastante amplia. El patio no tiene un declive suficiente. Las dos gradas de balcones, cuyos pasamanos están forrados de pana encarnada, lo mismo que los asientos, producen un buen efecto. Los de la luneta son por demás cómodos, y se ha abierto del foro al anfiteatro un amplio callejón.

'' Los antepechos de los palcos segundos están adornados con guirnaldas de hojarasca, y los de galería, antes cazuela, con aspas romanas floreadas. Del rosetón que ocupa el centro del techo, pende un candelabro de dos varas y media de diámetro, en forma de canasta, con dos órdenes de quinqués, que en todo hacen noventa, con aros de bronce dorado á fuego y adornos de cristal abrillantado, lo que contribuye á aumentar la luz y á un mejor efecto.

"Baja hasta la cornisa de la galería un pabellón adornado con emblemas y motes teatrales: es verdad que los tornapuntas que parecen sostener el techo hacen mal efecto; pero éste no podía evitarse acaso, y el día que quiera adornarse el teatro pueden servir para pabellones ó colgaduras. Se han echado cielos rasos en los palcos y galerías, y ésta la ocupan en su mayor parte palcos de particulares, lo cual hará que toda la concurrencia sea escogida. Los medios colores dominan con buen gusto en todo el teatro.

"El foro se ha avanzado dos varas más, se han hecho en su interior cuartos para el vestuario de los actores: el asiento de la orquesta es mayor y más amplio, las decoraciones nuevas, y el telón de boca figura un cortinaje verde con adornos de oro.

"Lo más sensible de todo es que el caño del medio de la calle, por estar aún abierto, ofrezca sin obstáculo sus malos perfumes.

"En fin, de una cosa malísima, se ha hecho más de lo que se podía esperar, y hoy puede llamarse con algún fundamento "Teatro de la Opera."

En él, y con Lucla de Lammermoor, de Donizetti, el lunes 12 de Julio de 1841, se presentó, debido á la actividad y esfuerzos del Sr. Roca, lo más granado del siguiente cuadro lírico:

Prima donna assoluta, Sra. Anaida Castellán de Giampietro.—Prima donna soprano, Amalia Luzio de Ricci.— Primo contralto, Adela Césari.—Altra prima y seconda donna, Luisa Branzanti.—Primo tenor e serio as soluto, Sr. Emilio Giampietro.—Primo tenore a vicenda, Alberto Bozetti.— Altro primo tenore en genere, Juan Zanini.— Secondo tenore, Luis Arriaga.—Primo basso cantante assoluto, Antonio Tommasi.— Primo basso bufo e direttore de escena, Luis Spontiui.—Altro primo e suplemento, Luis Leonardi.—Maestro direttore compositore al cembalo, Gualterio Sanelli.

Del coro, compuesto de catorce hombres y doce mujeres, fué Director D. Amado Michel.

La orquesta estuvo formada así: Director y primer violín, Guillermo Wallace; Subdirector, J. Chávez; primer violín, Eusebio Delgado; primer violín de los segundos, J. M. Miranda; violoncello, J. Zayas; viola, Mariano Ramírez; flauta J. A. Aduna; oboe, U. Bianciardi; flautín, J. Chaparro; fagot, A. Bianchi; clarinete, A. Villerías; clarín, M. Lebrón; trompa, M. Salot; trombón, F. Huasco; trompa, F. Lozada; timbales, J. Huidobro; contrabajos, J. Ocádiz, F. Bustamante, O. Camacho, A. Ríos; con otros profesores hasta el número de treinta y seis.

"Pintor escenógrafo, Pedro Gualdi; sastres, Antonio y Magdalena Ramponi. .

"Condiciones del abono anual: en el año se darán noventa representaciones, dos por semana, por los siguientes precios: abono á palco, por año, con seis entradas, quinientos cuarenta pesos; á balcón, noventa y seis; á luneta, oc/íenla y seis; primera fila de galería, treinta; segunda y demás, veintidós.—Abono mensual: en cada mes de abono se darán nueve funciones, á los siguientes precios: palcos, sesenta y tres pesos; balcones, diez; lunetas, nueve; galerías, tres pesos cuatro reales.''

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