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El sábado 14 de Julio la Bishop, Bochsa y Valtellina, dieron su primer concierto en el Nacional ante un público numerosísimo y distinguido: Valtellina cantó entre otras piezas una cavatina de Sonámbula, y fué muy admirada su voz llena, clara, vibrante, enérgica, propia para los grandes teatros y para dominar orquestas y coros: á muchos agradó más que la Bishop. Esta arrebató en una aria de Roberto Devreux, en la Casta Diva, y varios números de Lucrecia y Tancredo, presentándose en todos ellos con los trajes propios de los respectivos personajes. Bochsa electrizó en el arpa, y ejecutó una fantasía de su composición, en la que introdujo varios aires y sones mexicanos. En ese y los siguientes conciertos los palcos costaban 8 pesos y la luneta 12 reales. Después de haberla visto y admirado en cinco conciertos, nuestros aficionados manifestaron deseos de escucharla en alguna ópera completa, y la artista se prestó gustosa á obsequiar ese deseo: en consecuencia, el sábado 4 de Agosto se cantó en el Nacional la Norma, desempeñando la Bishop la protagonista; la Mosqueira, la Adalgisa; Zanini, el Pollion, y Valtellina el Oroveso.

Dos días después, es decir, el 6 de Agosto, Enrique Herz dió su primer concierto en el salón de la Lonja, con una concurrencia numerosísima á pesar del alto precio de 4 pesos que se señaló á los billetes de entrada. Las piezas que ejecutó fueron: Gran concierto serioso en dó menor, en tres partes. Allegro, Andante y Rondó, con acompañamiento de orquesta. Gran fantasía sobre Lucía; Variaciones sobre le Pré-aux-Cleros. La orquesta, formada por nuestros mejores profesores y dirigida por Chávez, tocó Las elegantes, cuadrillas; la Folia del siglo y Los segadores, tanda de walses. Todas esas piezas fueron composición del pianista-concertista, á quien su público aplaudió con positivo frenesí, quedando él á lo que parece muy satisfecho de sus colaboradores mexicanos, de los cuales se deshizo en elogios, imitando en ello á la Bishop que se encantó con la Mosqueira. Realmente los artistas y aficionados mexicanos en aquellos días valían mucho y merecían en justicia esos elogios: desgraciadamente casi todos ellos murieron jóvenes, habiendo abierto la marcha á la Eternidad la muy estimada Antonia Aduna, á quien en ese mes de tantas novedades artísticas, la Casa Editorial de Murguía dedicó un tierno recuerdo, publicando una plegaria compuesta por María de Jesús Cepeda y Cosío, sobre letra de Alcaraz: el insigne Clavé hizo el dibujo de la viñeta que servía de portada á esa composición, que sus autores intitularon: Un recuerdo de Antonia Aduna.

Ambos artistas, la Bishop y Herz, no sin dificultades dieron sus primeras funciones en México. La Empresa del Nacional sólo en los programas se manifestaba ganosa de complacer al público; en lo demás, fué una de las más mercantiles que lo han explotado. La Bishop permaneció casi un mes en la Capital sin poder arreglar su primer concierto, porque el representante de los Mosso le exigía mil pesos de arrendamiento por seis funciones, que sólo una ópera pudiese cantar, y otras condiciones, dice El Siglo, tan humillantes como onerosas é inaceptables. A Herz no quiso arrendarle teatro alguno, pues como ya dije, el Nacional, el Principal y el Nuevo México los tenía esa Empresa monopolizados. Por cierto que esta circunstancia hizo que Herz, cuya vanidad de artista multiplicó aquí el entusiasmo loco con que fué recibido, pretendiese nada menos que el Salón de Embajadores del Palacio Nacional para dar sus conciertos. El Siglo dijo á este propósito: "Parece que el ilustre artista trataba de dar su primer concierto en el Salón de Recepciones de Palacio; pero una negativa del señor Presidente, sobre la que se hacen varios comentarios, le obligó á buscar otro local, y ha conseguido ya el de la Lonja." Otra prueba de su orgullo dió Herz: como si los cantos patrióticos de los pueblos pudiesen serle impuestos por decretos ó por intrigas, Herz, extrañando que México no tuviese un himno nacional, en 5 de Agosto y por medio de un remitido á los periódicos se ofreció á dotar de él á la República, y pidió se le remitiesen con ese objeto composiciones adecuadas, á su domicilio, cuarto número 44 del Hotel del Bazar. Queriendo corresponder á tanta fineza, en la que el compositor vislumbraba pingüe negocio, la Junta Patriótica invitó á la Academia de Letrán á intervenir en la elección de composiciones, y la Academia abrió el 14 de Agosto un concurso cuyos jueces serían D. José M. Lacunza, D. Joaquín Pesado, D. Manuel Carpio, D. Andrés Quintana Roo y D. Alejandro Arango y Escandón. A las 7 de la noche del 4 de Setiembre, la Academia en sesión pública, dió cuenta del resultado del concurso; de las diez y seis composiciones presentadas, algunas menos que mediocres, la Comisión calificadora eligió las dos que estimó mejores, y abiertos los pliegos de contraseña, resultaron premiados D. Andrés Da vis Bradburn y D. Félix María Escalante; el primero recibió como recompensa las obras de Martínez de la Rosa y el segundo un ejemplar de la América Poética. Herz terminó su composición del himno en los últimos días de Noviembre, fecha en que corrigió las últimas pruebas que á Guadalajara le remitió D. Ignacio Cumplido, su editor, quien en la primera semana de Diciembre puso á la venta los ejemplares al precio de un peso.

El dicho himno no dió efecto, y, á poco tiempo, sólo de vez en cuando, se le oía en tal ó cual procesión. No alcanzó vida mayor su colección de aires nacionales mexicanos, arreglados en álbum, y hoy apenas puede verse, al menos en edición mexicana, su Polka del Siglo, dedicada al periódico de ese nombre, é inserta por Cumplido en el periódico literario el Album Mexicano.

El entusiasmo loco desplegado en aquella recepción á Herz fué causa de varias ridiculeces: cuando después de sus dos primeros conciertos en la Lonja, el compositor los continuó en el Teatro Nacional, á partir del sábado 18 de Agosto, se anunció que á fin de que se pudiese no sólo oírle, sino verle ejecutar, se pondrían sillas en el foro, que podrían alquilarse al precio de un peso; y cuando el distinguido artista dispuso visitar las capitales del Interior, el Presidente D. José Joaquín de Herrera acordó que su Ministro de la Guerra comunicase con fecha 28 de Setiembre, orden á los Gobernadores de los Estados para que si á ellos se dirigía Herz," se le faciliten escoltas que lo protej an."

No se tuvieron iguales atenciones con la Bishop, cuyo retrato litográfico publicó el Album Mexicano con una biografía escrita por D. Manuel Payno. Nuestros profesores de aquellos días no se juzgaron con fuerzas para admirar á la vez tantas eminencias artísticas, y vieron con cierto desdén á la insigne soprano, y hasta con enemistad al también insigne arpista Carlos Bochsa, quien justamente orgulloso de sí mismo y con esa ingénita mala voluntad con que se ven los artistas de cierto renombre, y muy especialmente los músicos, algo dijo del mercantilismo de Herz, que aprovechó su estancia en México para realizar una partida de pianos de que era fabricante. Herz y nuestros profesores se indispusieron con Bochsa, y como éste se atreviera á hacerles ver que también él era compositor, poniéndole música á un apropósito en un acto, escrito por un poeta mexicano, con el título de El Ensayo, que debieron cantar y representar en castellano la Bishop, Zanini, Valtellina y los coros, hallaron manera de circular la voz de que en ese apropósito se denigraba á México, y Bochsa tuvo que suspender esa función anunciada para el 16 de Agosto, y cambiarla por orden de la autoridad con una representación de la Compañía dramática española, originándose un grave desorden en el público, por más que Bochsa avisó que se devolvería el precio de la entrada á quienes no estuviesen conformes con lo dispuesto, no por él, sino por la autoridad. Bochsa quiso dar el 17 el concierto suspendido, pero Herz había tomado ya el Nacional en arrendamiento para sus funciones, y no se lo permitió so pretexto de que ese concierto perjudicaría al primero suyo en ese Teatro, anunciado para el 18. Bochsa, acreditado por sí mismo y por ser el maestro de la Bishop, con poca prudencia quiso vengarse de Herz en el concierto que éste dió el miércoles 22 con la cooperación de la Cosío y de Solares y Zanini, que cantarían el segundo acto de los Irrítanos, bajo la dirección del pianista, á quien el arpista negó conocimientos bastantes para el caso; la casualidad hizo que la Cosío no pudiese en efecto cantar su aria en esa ópera, teniendo que interrumpirla y callarse antes de la mitad, y Bochsa desde el palco manifestó su satisfacción sin fijarse en que á la vez ofendía á los mexicanos, lo cual Herz y sus amigos no dejaron de explotar.

La Bishop, y retrocedemos en nuestro relato, después de la primera representación de Norma con la Mosqueira, dió una segunda de la misma ópera; cantó en el cuarto de sus conciertos La Marsellesa, en traje de Guardia Nacional Francesa, para lo cual se pintó exprofeso una decoración representando las barricadas de París, todo según habíalo hecho la gran Rachel, primera artista que cantó 3, declamó ese himno sublime; dió el sábado 11 un beneficio cantando Lucía, con Zanini en el Edgardo y Valtellina en el Ashton, el dúo de Norma con la Mosqueira, y se hizo aplaudir hasta el delirio en la escena de Tancredo O Patria, di tanti palpiti. El sábado 25 del mismo Agosto salió de México para Puebla, donde fué muy bien recibida, y permaneció hasta el 23 de Setiembre, en que salió para Querétaro; allí dió el 18 de Octubre su primer concierto, y marchó después á Guadalajara, que la acogió y aplaudió con entusiasmo.

Dueño absoluto del campo, Herz siguió siendo el ídolo de la Capital, cuyos moradores no sólo le llenaban el teatro en cada función, sino que pagaban á los revendedores las lunetas á una onza de oro y los palcos á tres. En el tercero de sus conciertos en el Nacional, precisamente en la fecha de la salida de la Bishop para Puebla, Herz presentó al célebre violinista Franz Coenen, discípulo de Beriot, que ejecutó el Carnaval de Venecia, tema napolitano con variaciones burlescas, original de Paganini.

Ese mismo día el Ayuntamiento de México publicó un bando en que recomendaba á los habitantes de la Capital la adopción de minuciosas precauciones higiénicas, para el caso de que se nos presentase de pronto el terrible cólera, que ya llevaba meses de haber invadido algunos Estados.

En su concierto del 5 de Setiembre, Herz ofreció al público la Obertura de Guillermo Tell, en ocho pianos y con diez y seis ejecutantes, que fueron J. M. Aguilar, A. Balderas, P. Fluteau, Antonio y Alejo Gómez, J. M. León, F. Larios, J. M. Marsán, P. Mellet, A. Michel, J. M. Oviedo, J. N. Retes, C. G. Urueña, J. Valadés, J. Vázquez, y el mismo Herz, y en el del 7 del mismo mes, que se dió con el carácter de último concierto, tomó parte D. Eusebio Delgado, acompañando á Coenen el Carnaval, arreglado, dice el programa, como duetto chistoso. El miércoles 12, los profesores mexicanos combinaron una función á beneficio de Herz, quien tomó parte en ella "haciendo una improvisación en tres partes sobre temas franceses, italianos y mexicanos, que le fuesen presentados en el momento mismo de sentarse al piano;" en esa noche se ejecutó una marcha militar compuesta por Herz y dedicada á México sobre la siguiente letra:

'' Cuando la trompa guerrera suene, volad animosos;

de lauros siempre gloriosos
vuestras frentes coronad.

Combatid siempre ardorosos
sin partidos, como hermanos,
por la Patria, mexicanos,
y tendréis la libertad."

Herz debió haber salido el 13 para Puebla, pero el día 11 se había estrenado en el Nacional el alumbrado de gas, por los esfuerzos de Arbeu, siempre enamorado de aquel teatro que estaba en poder de sus acreedores, y el público y los abonados pidieron al compositor se dignase tomar parte en la función de beneficio que para Arbeu solicitaron de la Empresa. Herz accedió gustoso, pero aquel público que se había desvivido por concurrir al beneficio del compositor extranjero pagando las localidades á tres onzas de oro, no quiso asistir al de Arbeu, y fuese á oir discursos y poesías á la Universidad, con motivo de las fiestas del 15 de Setiembre, fecha también del malhadado beneficio.

Durante toda esa época memorable, la Compañía dramática en que figuraban la Peluffo y la Cañete, n0 suspendió sus funciones, dándolas todas las noches que los conciertos le dejaban libres; pero ni ofrecieron cosa notable sus espectáculos, ni casi atraían la atención del público preocupado con la posible venida de la gran Compañía de Opera, que á la Habana había llevado D. Francisco Marty, y en la cual figuraban: Angela Bossio, Albina Steffenone, Carolina Vietti, Lorenzo Salvi, César Badiali, Ignacio Marini, Juan Botesini y I uis Arditti. Por desgracia, la buena de la Empresa del Nacional no tenía elementos propios para hacer cosa notable por su sola cuenta: tratando de allegarlos ajenos, á mediados de Octubre publicó un prospecto, prometiendo hacer venir esos célebres artistas, siempre que el número de personas que acudiese á inscribirse en sus registros de abono fuese suficientemente grande, en el concepto de que la temporada sería de cuatro meses fijos, formándose cada mes de abono de nueve funciones de ópera y veintidós de verso, á los precios de ciento treinta pesos mensuales los palcos, y veintidós las lunetas; los precios nada tenían en verdad de subidos, pero la Empresa exigió que todo suscritor en el acto de inscribirse adelantase un mes de abono, y el público lo tomó á ofensa y se negó á ocurrir á registrarse. El 15 de Noviembre la Empresa avisó que por el mal éxito de su llamamiento desistía de traer ópera al Nacional.

El 4 de ese mes se estrenó en el Gran Teatro un drama en cinco actos, intitulado: Valentina, original de D. Ignacio de Anievas, qüe parece fué muy aplaudido y abundante en mérito, según la revista ó crónica que acerca de él escribió el inolvidable é insigne D. Anselmo

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