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Ya indiqué que la música puesta por Herz á ese himno no alcanzó á llamar la atención. Carlos Bochsa, con aquél indispuesto, quiso, á su vez, tentar fortuna y ver de superar al pianista compositor, con esa deliciosa pequeñez de enemistad y de envidia que reina siempre entre los artistas, y como ya queda dicho, compuso su canto patriótico, que dedicó al Presidente de la República, J). Joaquín de Herrera, quien le contestó aceptando y dándole las gracias. Héaquí su letra, debida al poeta habanero D. Juan Miguel de Losada:

ESTROFAS.

"No más guerra, ni sangre, ni luto;
cesen tantos y tantos horrores,
que la sien ^roñada de flores
triunfadora levante la paz.
Nuestros campos bañados en sangre
se engalanan doquier de esmeraldas,
y las ninfas nos tejan guirnaldas
de Anahuác en la orilla feraz.

Roto el yugo del déspota altivo
mengua fuera llevar otro yugo,
cuando al Dios de los cielos le plugo
redimirnos de fiera opresión.
Vuelva, vuelva el inicuo extranjero
y verá cómo mueren los bravos,
que la afrenta de viles esclavos
no soporta esta heroica nación.

"Entre el humo y el polvo y el fuego,
¡libertad! clamará el moribundo,
y al dejar los encantos del mundo
¡libertad! sus acentos serán.
Guerra! guerra! á los fieros tiranos;
nuestro triunfo decretan los cielos,
y las sombras de Hidalgo y Morelos
la corona de gloria nos dan.

CORO.

"Mexicanos, alcemos el canto proclamando la hermosa igualdad, y á los ecos los ecos repitan Libertad! libertad! Libertad!"

A pesar de la buena acogida que el público dispensó al Canto Patriótico, por más que le imprimió y circuló D. Ignacio Cumplido, la música de Bochsa no se popularizó como se prometía El Siglo, como tampoco se había popularizado la de Herz. Ni uno ni otro ilustres artistas hallaron la nota conmovedora que hiriese el corazón mexicano, triunfo reservado al catalán D.Jaime Nunó.

Ana Bishop pretendió hacer oir el Stabat Mater de Rossini en el Teatro Nacional, y para ello dió todos los pasos que creyó bastantes y aun comenzó los ensayos; pero á las preocupaciones de la época no pareció bien que esa obra maestra religiosa se cantase en una sala de espectáculos públicos, y la artista hubo de desistir de su propósito y tomar el camino de Veracruz, en cuyo puerto se embarcó en 16 de Mayo para los Estados Unidos.

Mientras Adela Monplaisir se preparaba al nacimiento de su hijo y se reponía después de los consiguientes trastornos, su Compañía suspendió sus funciones, imposibles sin ella, y la dramática dió algún impulso á las suyas, á pesar de que entre sus artistas reinaba la más perfecta desunión. Efecto de ella, la Peluffo y la García y la Moctezuma, y los actores Armenta, Armario, Estrella y Máiquez se separaron de la Empresa del Nacional, y el 22 de Febrero salieron para Puebla.

Para compensar esa pérdida, pues lo era y grande la separación de la Peluffo, la Empresa contrató y presentó en 3 de Abril, la muy buena pareja coreográfica de Celestina Tierry y Oscar Bernardilly, y anunció estar próximos á llegar de la Habana la actriz Ventura Mur, Joaquín Ruiz y su esposa, Manuel Argente, y los maquinistas Juan Alerci y hermano. La Mur y Ruiz eran nuevos en México, y Argente sólo había trabajado unas cuantas funciones en otra temporada. El 9 de Abril la Cañete, Dorotea López y Mata.Viñolas, Fabre y Castro, estrenaron con buen éxito la comedia Cuidiulo con losprimos, traducida del francés por Carlos Hipólito Serán.

Como todo esto era bien poco, el público recibió con regocijo el anuncio de la llegada de una Compañía de Opera Italiana, formada por el distinguido artista Attilio Valtellina, separado de la Bishop y de Bochsa; Valtellina, durante su estancia en Puebla, entró en sociedad con el comerciante Amable Federico Duvercy, para traer dicha compañía de ópera, que el sábado 13 de Abril dió su primera función en el Nacional, cantando Lucía de Lamermoor, con el siguiente reparto: Lucía, la Barilli de Thorn; Elisa, la Zanini; Ashton, Taflfanelli; Edgardo, Arnoldi; Raimundo, Zanini; y Arturo, Ayala. Antonio Barilli era el director y maestro. La Barilli agradó infinito; su voz vibrante y al mismo tiempo dulce y armoniosa; sus modales distinguidos y su figura interesante y simpática, le conquistaron desde luego el aprecio de la numerosa y escogida concurrencia que llenó el Nacional; no gustaron menos el Sr. Arnoldi, de hermosa, robusta y sonora voz, y gran naturalidad de acción, y el excelente barítono Taffanelli. Con el mejor resultado se repitió Lucia, y el 23 de Abril se cantó Capuletti e Monteelti, desempeñando la Barilli la Julieta, el Tebaldo, Arnoldi; el Lorenzo, Zanini; Capelio, Valtellina, y Romeo, Amalia Majochi de Valtellina.

Como de costumbre la compañía dramática siguió dando funciones siempre que no las daba la ópera. El 26 de Abril, Manuel Argente, primer actor y Director, se presentó con Sanc/io Garda, de Zorrilla, y el 29 la agraciada dama joven Ventura Mur, con La Gracia de Dios y la canción andaluza El Churrú. La nueva actriz conquistó desde el primer momento á su público.

Visto el éxito de las funciones extraordinarias, la Compañía Italiana abrió un abono por nueve representaciones, que comenzarían el 4 de Mayo para terminar el 7 de Junio, poniendo los palcos á cincuenta y cinco pesos, y las lunetas á diez. En 15 de Mayo esos excelentes artistas cantaron Hernani, que fué la primera ópera del maestro Verdi que se puso en escena en México, y como faltase la partitura completa de orquesta, el Sr. D. José Bustamente, muy elogiado por Galli y muy orgulloso de ese elogio, instrumentó, parece que con mucho acierto, los dos primeros actos.

Pero ni la Compañía italiana pudo dar más de cinco de sus funciones de ópera, ni la de Monplaisir reanudar, según anunció, sus espectáculos favorecidos, ni la dramática proseguir sus representaciones; desde el mes de Abril la ciudad comenzó á verse invadida por la horrible epidemia del cólera, que en poco tiempo y con los calores secos de Mayo, tomó espantoso incremento, causando numerosísimas víctimas, no sólo en la clase pobre, sino también en las más elevadas por su riqueza ó posición social; nadie pensó ya en otra cosa que en ensayar multitud de medicamentos y métodos curativos, cuyos pormenores llenaban las columnas de los periódicos, y los únicos espectáculos que atraían gente, fueron las procesiones de rogativas.

Por más que las autoridades procuraron minorar el terror, que tanto predispone al contagio, invitando á las Compañías á proseguir sus funciones, poco se pudo alcanzar. Hipólito Monplaisir quiso mostrarse deferente á la invitación, y montó con extraordinario lujo, propiedad y buen gusto, el baile dramático en dos actos y cinco cuadros: La Independencia de la Grecia, puesto en escena, en función extraordinaria, en el Principal, el jueves 13 de Junio. El cuerpo coreográfico, compuesto de diez y seis preciosas jóvenes, é igual número de varones, obedecía con admirable simetría y precisión las órdenes de su entendido Maestro, formando grupos, evoluciones y figuras á cual más perfecta, sin que cometiesen ni la menor torpeza los ciento sesenta individuos que tomaban parte en el citado baile. Los aplausos más merecidos no escasearon, tampoco faltó numeroso público, y no obstante, Monplaisir tuvo que suspender sus espectáculos por habérsele enfermado de la aterradora epidemia dos individuos y asustádose el resto. Enrique Herz, que por esa fecha se encontraba en Guadalajara, de regreso de California, había anunciado que vendría á México, pero al saber cómo el cólera se cebaba en los moradores de la Capital, desistió de su propósito, y con pena se supo que se dirigía á Tepic y de allí pasaría á Lima.

Aprovechando esa interrupción de espectáculos, haré caber aquí una noticia no fuera de lugar, pues se relaciona en algún modo con el Teatro Nacional, por tratarse de un periódico que mucho escribió acerca de las funciones que allí se daban.

Kl sábado 11 de Mayo del año de 1850 que historiamos, se publicó el primer número de El Daguerreotipo, importante semanario enciclopédico, de que fué Director, René Massón, y Redactor, Alfredo Bablot. El Daguerreotipo, bien diferente de los periódicos literarios mexicanos y bastante análogo á las revistas europeas, fué, según sus mismos redactores, '' una tentativa de innovación en nuestra prensa.'' Bien escrito y bastante bien impreso, no obtuvo, sin embargo, mucha popularidad, porque sus citados redactores, ambos muy competentes y muy distinguidos, habíanse hecho poco simpáticos á los mexicanos, ofendiéndolos duramente al censurar nuestros vicios y defectos en Le Trail a" Unión, fundado en 1849. El Daguerreotipo, que en cada número repartía una piececilla de música, impresa en una sola hojita, murió á los pocos números de su segundo tomo. Sus críticas fueron espirituales y de mérito.

Mas ya que podemos decir que á mediados de Junio el cólera empezó á minorar hasta retirarse casi por completo con la fuerza de las lluvias, volvamos á nuestros espectáculos.

La compañía dramática de la Cañete, Mata, Viñolas, Fabre y demás actores nuestros conocidos, tuvo, á fines de Julio, que abandonar el Teatro Nacional, en rompimiento con la Empresa, é irse á acoger en el teatrejo del Pabellón Mexicano, construído en la calle de Arsinas y estrenado, según ya he dicho, el año anterior, el 23 de Diciembre. Un gacetillero de la prensa de esos días, nos lo pinta así:

"Imagínense nuestros lectores una sala en forma de cerbataua, con dos series de espaciosos palcos, sin contar con la galería; con una competente porción de estrechos bancos donde caben de hecho cinco personas y de derecho seis, con unos pequeños y nada blandos cojines; un foro poco elevado, pero singularmente angosto, con una enorme y descomunal concha en que pueden caber, cómodamente, siete apuntadores, y un telón de boca con una complicada alegoría que no comprendemos, y tendrán una idea aproximada de aquel nuevo templo de las musas."

Esta ausencia de esa compañía, que se estrenó en el Pabellón Mexicano con la comedia El Premio Gordo, duró poco más de un mes, y, transadas sus diferencias con la Empresa, volvió al Nacional el 8 de Setiembre, tomándole los actores por su cuenta, con gran ventaja para el público, pues por tenerle grato, la sociedad artística se esforzó en poner obras nuevas y dar variedad á las funciones.

Con las de ella alternaron las de la Compañía Barilli y las de los esposos Monplaisir, á quienes las súplicas y los empeños de multitud de personas, decidieron á abrir un nuevo abono de doce funciones en el Principal, y á dar en el Nacional algunas extraordinarias, á partir del 13 de Agosto. En esta segunda época, Monplaisir repitió Esmeralda, estrenó la muy aplaudida y tierna pantomima La Sombra, ó un Loco, y el viernes 13 de Setiembre puso en escena, con un éxito indecible y un lujo y buen gusto sorprendentes, el baile fantástico en cuatro actos, El Triunfo de la Cruz, cuyo recuerdo aun hoy día entusiasma á cuantos, habiéndolo visto, viven para contarlo y recrearse con memorias gratas.

Todos ellos creen contemplar todavía al joven Conde Federico de Bravante vacilando entre la tierna pasión de la linda aldeana Lelia, y las seducciones de la muy hermosa cortesana Phebé: para hacerle persistir en la disipación y la orgía, el picaro diablo en jefe envíale, bajo la forma de un paje deliciosamente encantador, al lindo Urielle que no es un demonio de los comunes y corrientes, sino un genio ó un espíritu más juguetón que malvado. Federico, que ya no podía habérselas con sus acreedores, se ve salvado de ellos por Urielle que satisface todas sus deudas, dando á los dichos Matatías el chasco de que una vez recogidos los créditos, el dinero se les convierte en humo. El desagradecido Conde, una vez libre de la ruina, cede á las sugestiones de los ángeles de la guarda y vuelve á amar á Lelia, y cuando decide hacerse hombre formal casándose con ella, Urielle, que habiendo revestido las formas de una ninfa preciosísima ha ensayado sin fruto todas las seducciones posibles, hace que desembarquen en las inmediaciones del castillo de Bravante unos piratas, y con suma habilidad intriga para que esos tales se roben á Lelia en los momentos en que ora por su amante y con él va á unirse en matrimonio. No satisfecho con esta barrabasada, fácilmente convence al mismo pirata para que también se robe á Phebé, y quedar así sin ningún rival, pues resulta que Urielle es un genio femenino y sensible que háse enamorado perdidamente del Conde Federico. Para hacerle suyo y ser suya, Urielle toma el ser y traje de Lelia, y cubierto con el velo nupcial se decide á sustituirla, y marcha todo bien al principio, pues el de Bravante ignora cuanto ha pasado. Pero el enamorado genio no contaba con la huéspeda; como la ceremonia religiosa no se había celebrado aún, es necesario ir á la iglesia y allí, la presencia del sacerdote y de las

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