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María Sousa, que fué llamado el jaranista mágico. "Bien merece por cierto ese nombre, dijo el Siglo, pues de ese instrumento tan ingrato como nuestra jarana saca armonías desconocidas y deliciosas. ¿ Y con qué las saca? Con las manos no sería gracia, y él lo hace con las narices, con los pies, con un cuchillo, con cualquier cosa; yo diría que hace milagros, porque milagro es tocar una sonata entera con sólo una mano y esconder el brazo de la jarana bajo una capa sobre la cual trastea, sin que las notas pierdan su brillo y su precisión, y envolverse ambas manos con dos mascadas para ejecutar con limpieza y claridad una variación entera: no se puede dar una idea exacta de la habilidad de este hombre." Sousa no excitó, sin embargo, entusiasmo alguno, según El Siglo, porque tenía trigueño el color y lacio el pelo; mas sin esos defectos no fué más afortunado el pianista español D. Dionisio Montel que, en 30 de Marzo, y con la cooperación de Taffanelli y la Mosqueira, dió un concierto en el Nacional, lleno aún con los recuerdos de Herz, recuerdos que en extremo le perjudicaron, pues el público no supo apreciar sus méritos, reconocidos y elogiados por La Francia Musical, con motivo de un concierto que Montel dió en París en Enero de 1846.

El programa del de 30 de Marzo en México estuvo así formado: Primera parte: Obertura á grande orquesta: Dúo de Lucía por Taffanelli y la Mosqueira: Fantasía sobre Ana Bolena, ejecutada por Montel: Cavatina de María de Rohan, por Taffanelli: Dúo de órgano y piano, sobre temas de Guillermo Tell, llevando Montel el órgano, y su hija el piano: Aria de Lucía, por la Mosqueira. Segunda parte: Obertura de la Hija del Regimiento; Fantasía sobre temas de Lucrecia, á dos pianos por Montel y su hija: Dúo de I due Foscari, por Taffanelli y la Mosqueira: Gran fantasía de Thalberg, sobre Sonámbula, por Montel: á continuación improvisaciones de Montel sobre la canción mexicana el Butaquito, el Fandango español, y el Himno de Riego; Cavatina de Roberto, por Taffanelli: Cavatina de Attila, por la Mosqueira.

El concierto de Montel y el que en 26 de Julio, en celebridad del cumpleaños del Presidente D. Mariano Arista, dió D. Antonio Barilli con el concurso de Taffanelli y algunos otros cantantes de ópera, estrenándose un himno compuesto por el Maestro italiano, fué lo único que ese año ofreció de algún mérito artístico.

Por esos días se creyó que llegaría á México un cuadro de ópera italiana que El Siglo anunció así:

:' Ha llegado al puerto de San Francisco, y probablemente se dirigirá de allí hacia esta Capital, una compañía de ópera italiana, que en otro tiempo ha trabajado en los teatros de Lima, Santiago de Chile, y en todas las repúblicas del Ecuador y Nueva Granada.

"Los artistas que forman esta compañía son Inocencio Pelligrini, director y primer tenor, cantante privado de S. M. el Rey de Dinamarca, y miembro de varias sociedades filarmónicas europeas.

"Su esposa la Sra. Rosina Mauro, primadonna soprano, cantatriz de las más distinguidas, y el Sr. Giovanno Aerquerodi, primer bajo del teatro de la Scala de Milán y de Venecia.

"Esta compañía, que trae una colección de óperas de las más modernas, dará algunas funciones en Mazatlán. Nosotros deseamos que realicen su proyecto de pasar á esta Capital, en donde unidos estos artistas con los que aquí existen, pueden proporcionarnos una diversión de que desgraciadamente carecemos mucho tiempo hace."

Los deseos de El Siglo no llegaron á verse cumplidos.

En el principal trabajó á mediados de año la Compañía ecuestre de Bernabó y Mandeut; en el Nacional la acrobática de Maudín, Turín y Duverloy, unida ésta con la dramática que de vez en cuando hacía algo por su arte, poniendo, como lo hizo en Abril, La esclava de su galán, de Lope de Vega, refundida por D. Juan Eugenio Hartzembusch, que, como era de esperarse, gustó poco ó no gustó.

Las fiestas en conmemoración del aniversario de la Independencia, alguna animación produjeron: de la función en la noche del 15 escribió un cronista lo que sigue:

"Anoche tuvo lugar en el teatro de Santa-Anna h función acordada por la junta patriótica, para solemnizar el aniversario Del GloRioso Grito De Dolores. La parte exterior del edificio estaba adornada con vistosos trasparentes; en unos se veían los retratos de los primeros caudillos de la independencia nacional, y en otros se leían poesías alusivas á la festividad y en algunos, circundados de coronas de laurel, los nombres de la mayor parte de nuestros héroes. El patio y las escaleras que conducen á los palcos, estaban adornados con macetas de flores, presentando el todo, iluminado por las luces colocadas en globos de colores, un agradable conjunto. En el interior, con corta diferencia, el adorno era semejante; en las columnas de los palcos se colocaron grupos de banderas nacionales sujetadas por coronas de laurel, y como de costumbre, se le dió al teatro la forma de un salón, en cuyo fondo estaban colocados el dosel para el Excmo. Señor Presidente y los asientos para los individuos de la junta.

"A las ocho de la noche se presentó el Supremo Gobierno y conforme al programa se abrió la sesión, y desde esa hora hasta las once y media de la noche, se alternaron las lecturas de discursos y poesías con los armoniosos acentos de la música.

"La voz de la apreciable Srita. Cosío se hizo oir firme, armoniosa y sonora co-^-) siempre, en esta festividad nacional; y la concurrencia, que era escojida y numerosa, aplaudió con entusiasmo á nuestra bella compatriota. Los mismos aplausos se prodigaron al talento de los varios jóvenes que leyeron discursos y poesías, que á las once de la noche fueron interrumpidos con el repique á vuelo en todas las iglesias y con la salva de artillería, que saludaron la hora de la libertad; desde esa hora hasta las dos de la mañana los vítores recorrieron la ciudad, y hemos tenido el gusto de no saber que se cometieran abusos de ninguna especie de parte del pueblo, que entregado anoche al placer y á la alegría, vitoreaba entusiasta á Hidalgo y á Morelos, a Guerrero y á Galeana, á la patria y á la libertad."

Para aumentar su público, y triste es decir que lo consiguió, la Compañía dramática entró en combinación con la familia Abdalá compuesta de célebres equilibristas, y el 3 de Setiembre puso en escena el drama en dos actos y de gran espectáculo Yokó ó el Mono del Brasil, ensayado y dirigido por D. Pedro Viñolas. "La Sra. D*Dolores Fernández de Abdalá — decía el programa — está encargada del difícil papel de Yokó, y en su ejecución dará saltos y hará cabriolas admirables y dificilísimas, entre las cuales será una la de subir del tablado á los palcos, por cuyas barandillas se paseará con toda firmeza y resolución."

El espectáculo tuvo mucha boga, y en el beneficio de la Abdalá — que se anunciaba primera mujer equilibrista del mundo—verificado el 10 del dicho Setiembre, se agotaron las localidades con el aliciente de la representación de El Mono del Brasil.

Cuando estas grotescas novedades escaseaban, la Compañía dramática, que casi no podía marchar con la falta de la Peluffo, quien continuaba recorriendo los teatros de los Estados, ponía en escena comedias de espectáculo, como El Hijo del Diiblo, que se representaba en dos noches; ó como Urganda la desconocida, estrenada el 10 de Octubre con mucho lujo de trajes y de decoraciones pintadas por Riviere, el cual asombró á su público con algunas como la gruta de las estalactitas y el bosque de Urganda, que parece fueron verdaderos cuadros de sobresaliente mérito.

Ignacio Servín, actor mexicano de mucho talento y notable por su propiedad en el vestir y por su rico vestuario, puso el 26 de Octubre, en su beneficio, el Sanc/io el Bravo, de Ensebio Asquerino, con muy buen éxito, y para el de Rosendo Laimóu se estrenó un enorme drama en tres actos y cuatro cuadros, escrito por Niceto de Zamacóis con el título de Los Misterios de México, sacado de su novela del mismo nombre; con el mismo título el pintor Riviere había escrito otra que, traducida al castellano por Carlos Hipólito Serán, se publicó por entregas.

Como puede notarse, los principales teatros competían en pobreza y calidad de espectáculos con los de El Pabellón Mexicano y de Puesto Nuevo.

Los Sres. René Massón é Isidoro Devaux quisieron traer una Compañía de ópera cómica, drama y vaudeville franceses, y, al efecto, invitaron á quienes estuviesen dispuestos á secundar su propósito, á desprenderse de veintisiete pesos, pagaderos en cuatro partes; pero el llamamiento no fué escuchado, y el esquivo público hubo de seguir contentándose con La Abadía de Castro, Bernardo Saldaña y otros dramas más ó menos anti-históricos y anti-estéticos.

La verdadera novedad sensacional del año de 1851, fué el estreno de Los Tres Mosqueteros, verificado, en las noches del 26, 27, 28 y 29 de Noviembre, pues el formidable drama nada menos que cuatro noches necesitaba para cada representación.

Anunciado, casi con tanta anticipación como el Mesías, desde Julio anterior, tropiezos y dificultades de toda especie fueron retardando su estreno, hasta la fecha indicada; poco antes de ella, con sorpresa supo el público que, pasado el drama á los censores, éstos habían prohibido su representación.

Parece que el causante de esa determinación lo fué D. Lázaro Villamil, uno de esos censores, quien dijo que sólo podría darse el permiso si la Empresa consentía en suprimir todo el papel del Cardenal Mazarino, por no ser decoroso y sí sacrilego, presentar á todo un Cardenal en el escenario de un teatro.

El público, aquel buen público rebelde y levantisco que ya conocemos, recibió mal la noticia y en la función de la noche del 6 de Noviembre, manifestó su descontento, pidiendo á gritos que se representasen Los Mosqueteros.

Los abonados formaron allí mismo una comisión que pasase á conferenciar con el Juez de Teatro, D. Bernardino Alcalde, quien ofreció comunicar por escrito la petición al Sr. Azcárate, Gobernador del Distrito; éste, á su vez, se comprometió á estudiar detenidamente el asunto, después de pasado el drama á la revisión del Liceo Hidalgo.

Obtenido al fin el permiso, la Empresa anunció el cuádruple estreno, pero con torpe mercantilismo avisó que sólo las tres primeras partes se darían en función de abono, pues la cuarta y última sería extraordinaria. Los abonados encontraron mal la burla y en la noche del domingo 23 armaron un nuevo mayúsculo escándalo contra la Empresa, y una vez más volaron cojines y sillas sin que la autoridad hubiese podido dominar el desorden, hasta que la guardia, la famosa guardia, armó bayonetas, amenaza que puso en fuga desordenada á la mayoría del público: la Empresa fué obligada á anunciar que las cuatro funciones serían de abono, y el estreno de Los Tres Mosqueteros se realizó en las fechas apuntadas. Trajes y decoraciones, especialmente la del mar, pintada por Riviere, parecieron cosa magnífica y con justicia fueron celebrados y aplaudidos. "En cuanto ála obra — dice un cronista — diremos simplemente que si no desagradó al público, tampoco correspondió á lo que éste esperaba de ella. La concurrencia, gracias á la última vista de la última función, no salió

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renegando como en la penúltima. Pero si salió contenta, tuvo mucha parte en ello el que los tales Mosqueteros habían concluído; porque, en verdad, por más hermosa que sea una comedia y por más bellezas que ella encierre, siempre será fastidioso y sumamente pesado para el público permanecer cinco horas cada noche por cuatro consecutivas mirando una misma obra."

Si en un local como la sala del Gran Teatro las tropas de la Guardia cometían las imprudencias que indicadas dejo en este y precedentes capítulos, mis lectores se figurarán á cuáles se entregaría la fuerza armada en las plazas de toros, antigua de San Pablo y moderna del Paseo Nuevo. En ésta y el 20 de Noviembre, por si la cuadrilla de Bernardo Gaviño lo hizo mejor ó peor, ó por si los de Ateneo habían sido más bien ó más mal elegidos, se armó una gresca natural en esa diversión, y como asistía á la corrida el Presidente de la República, la autoridad, tomándolo á desacato, puso solícito empeño en hacer cesar el desorden: no alcanzando á conseguirlo, la guardia subió á los tendidos ó gradas y lastimada con la rechifla de que fué objeto por parte de un pueblo como el mexicano, acostumbrado á batirse cuerpo á cuerpo con ella, y á ver con desdén al ejército, se dejó inflamar por bélico ardor y primero arremetió á culatazos contra los revoltosos, después caló bayoneta y por último, se preparó á hacer fuego: la multitud, imponente por su número, tomó una actitud más que seria, y los jefes hubieron de mandar retirada á sus hombres ante las voces de fuera, fuera los soldados, acatando las señas del Gral. Arista, no sin que el formidable desorden producido por la insolencia de unos, y por el miedo de otros, causase numerosas desgracias: el día 13 de Diciembre se anunció que á propuesta del Regidor D. Fermín Gómez Farías no volvería á concurrir fuerza armada á los espectáculos, para evitar ocurrencias como las del Teatro Nacional y las de la Plaza de Toros del Paseo Nuevo.

Tres días después, el 16 del citado Diciembre de 1851, con grande solemnidad y con asistencia del Presidente D. Mariano Arista, se puso en lo que había sido antiguo Baratillo ó Mercado del Factor, la primera piedra del nuevo Teatro, que se denominaría de Iturbide, obra iniciada por el ilustre D. Francisco Arbeu, y de cuyos planos fué autor el distinguido Ingeniero D. Santiago Méndez. La construcción de ese nuc o Teatro, que por mil y mil peripecias tardó casi cinco años en concluirse y estrenarse, fué exigida por la necesidad de combatir el monopolio en que habían caído nuestros Coliseos, tanto que en los convenios celebrados con el Ayuntamiento, dueño del terreno, se pactó que nunca sería arrendado á persona alguna y sí sólo á cada compañía que lo solicitase por tiempo limitado.

En el Nacional ó de Santa-Anna, pues uno ú otro nombre usábase ya indiferentemente en los programas, tuvo lugar el 27 del tantas

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