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tueca; el Asthon, al de Beneventano; el Edgardo, al de Salvi; el Raimundo, al de Candi, y el Lord Arturo al de Q tinto. Dos días después, el martes 18, como segunda de abono, se cantó Norma, desempeñando la Steffennone la gran Sacerdotisa, Sal vi el Folión, la Costini la Adalgisay Rossi el Oroveso."

Al éxito de Líteía, que fué necesariamente supremo, superó el de Norma, en cuyo desempeño era inimitable la Steffennone; muy conmovida al principio, poco tardó en animarse, y su voz deliciosa y sublime supo expresar con magia y con encanto las tiernas y sentidas melodías de Bellini: la Steffennone no sólo era apreciable como cantatriz de primer orden, sino también como actriz capaz de comprender y revelar las más íntimas emociones del alma, viéndose ayudada por una bella fisonomía y por la viveza y fuego de sus ojos.

Esta insigne cantante y actriz había nacido en 1824, en Monferrato, del Piamonte. Recibió en Bolonia las primeras lecciones de música, y en Roma cantó por primera vez en público. En el Teatro "Gerbino" de Turín, estrenó la ópera Benvenuto Cellini, escrita para ella, y el éxito alcanzado por la nueva artista resonó en todo Italia con ecos de verdadera gloria, pero en el Piamonte, su patria, la novedad fué mal acogida por su Rey, que disgustado de que el apellido de un alto servidor de su monarquía anduviese en carteles de teatro, destituyó al padre de Balbina, del empleo de Jefe de una sección de su Ministerio de Hacienda, y á su hermano Ernesto del más inferior que en la misma oficina desempeñaba. /

La Steffennone atendió á todo con el buen precio á que el público pagaba su talento, y siempre con extraordinario aplauso cantó en Bolonia, en Florencia, en el de la Scala de Milán, y en el Italiano de Londres: en éste alcanzó un colosal triunfo con la Elvira de Hernani.

Vino después á América y se presentó en el Teatro de Tacón de la Habana con la Tedesco, la Bossio, Salvi y Marini. En Nueva York, Baltimore, Filadelfia y otras ciudades de Norte América, causó el mismo entusiasmo que en Europa, y sus acentos melodiosos, la maestría de su mímica, y su talento grandioso la convirtieron siempre en ídolo de todos los públicos.

Pero volvamos á hablar de la representación de Norma. La Costini en la parte de Adalgisa tuvo felicísimos momentos, y desde luego se captó generales simpatías. Rossi era un bajo perfecto y un artista distinguidísimo. Salvi, cantante de universal eminencia, estuvo admirable en el papel de Folión, y como actor y como cantante supo afirmarse en el cariño que del público había conquistado en su soberbia interpretación del Edgardo, de Lucía. Los coros, la orquesta, la dirección, todo fué magnífico, y los aplausos tan repetidos como entusiastas. En Hernani, cantado en la tercera función, Forti quedó como un buen tenor, como uno de los mejores en México oídos, y la Steffennone y Beueventano estuvieron admirables en la escena final del tercer acto, que hubieron de repetir. El martes 25 cantaron Favorita, que por primera vez se oía en México; la Steffennone en el papel de Leonor; Salvi en el de Fernando; Beueventano en el de Alfonso, y Rossi en el de Baltasar.

Después del Barbero de Sevilla, cantado por la Bertucca, Beneveutano y Salvi, se oyó también por primera vez en México la María de Rohan, el 5 de Junio. El 18 la Compañía cedió por una noche su teatro al profesor de guitarra, D. Narciso Bassols, que dió un concierto en que fué muy aplaudido, y el miércoles 23 del mismo mes, por primera vez se cantó y oyó en México el Don Juan de Mozart, con el siguiente reparto: Doña Ana, la Steffennone; Zerlina, la Bertucca; Doña Elvira, la Costini; Don Octavio, Forti; Don Juan, Beneventano; Leporello, Specchi; el Comendador, Rossi, y Masetto, Solares. La música del maestro no por todos fué comprendida, y no faltaron personas del público que manifestaran que al Don Giovanni de Mozart preferían el Don Juan Tenorio de Zorrilla. Sin embargo, la obra del ilustre compositor se repitió varias veces con buen éxito. A ese estreno siguieron Sonámbula, por la Bertucca, y Lucrecia por la Steffennone, y á ellas, Los Lombardos de Verdi, y el Hernani y xla Linda, tomando parte en algunas Attilio Valtellina y su esposa la Majocchi.

He aquí para dar mejor razón del mérito de aquella gran compañía, cómo fué juzgada en algunas funciones por el crítico de Teatros de El Siglo Diez y Nueve.

"Bajo tan favorables auspicios empezó la ejecución de la Lucrezia, en que se esperaba que luciría extraordinariamente la Sra. Steffennone, y ya se sabe que esa excelente artista no hace fallar jamás las esperanzas que se conciben en razón de su mérito. Cantó, en efecto, con su maestría nunca desmentida, y ni un momento dejó de estar á la altura de su papel. En la hermosa romanza en que contempla á Genaro dormido; en el dúo siguiente; en la escena final del primer acto, en que llueven imprecaciones contra la culpable Lucrezia; en el dúo del segundo, en que trata de aplacar al terrible duque Alfonso; en el terceto en que tiene que servir á su amado hijo el licor envenenado; en el otro dúo, en que le ruega con encarecimiento que tome el antídoto que ha de salvar su vida, y en la escena con que terminó la ópera, en la cual le descubre que es su madre, cuando Genaro iba ya á matarla, es decir, en todo, estuvo admirable y sublime. Las situaciones trágicas de la ópera se prestaron más de una vez á que la distinguida cantatriz diese á su talento todo el desarrollo de que es susceptible, en un género para el que es tan adecuado. La impresión que produjo en los espectadores fué demostrada con estrepitosos aplausos.

"Acaso nunca había cantado tan bien el Sr. Forti como en esa

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ópera: estaba en voz, se sentía animado, se afanaba por corresponder á la benevolencia del público. Muy del agrado de éste fué el modo con que desempeñó su parte, y se lo dió á entender de una manera bastante significativa.

"Igual cosa sucedió con el Sr. Beneventano, que no desmintió su reputación. Una sola cosa tuvo de malo su papel: ser demasiado corto. Se habría deseado oir en el primero y en el último acto al apreciable barítono que tan bien cantó en el segundo, único en que se presenta.

"Penoso nos es no poder hacer extensivos, como quisiéramos, estos merecidos elogios, á la simpática Sra. Costini. Si la parte que desempeñó hubiera sido escrita para su voz, habría hecho comprender las bellezas del papel de Orsini, sobre todo en el famoso brindis, que es una de las piezas de música más populares en México. Pero ¿qué culpa tiene la Sra. Costini de que se la declare contralto, en virtud de una improvisación?

"Siguen las supresiones, y para disimularlas, se ha apelado al triste arbitrio de hacerlas extensivas á los libretos. Como si los que han visto en otras épocas las óperas que se repiten ahora, tuviesen tan frágil memoria. Extrañamos en la Lucrezia lo que canta ésta después de muerto su hijo, "la SU A speme, il SUO conforto.''' La Sra. Steffennoue habría agregado un nuevo lauro á los anteriores, y la última impresión, que es siempre la decisiva, habría sido todavía más agradable. Sin embargo, pronosticamos á la empresa buen éxito, en cuantas veces se dé esa magnífica obra de Donizetti.

'' El sábado tuvimos la segunda representación de la Sonámbula; y como ya emitimos nuestro juicio acerca de esta ópera, al hablar de la primera que tuvo, sólo agregaremos ahora una que otra cosa.

"La Sra. Bertucca se esmeró más que en la primera vez, y acabó de conquistar la voluntad de los concurrentes en el bonito papel de Amina. La aria final especialmente no dejó que desear, y arrancó entusiastas bravos.

"El Sr. Forti desempeñó el papel de Elvino, por no estar aún el Sr. Sal vi restablecido de su indisposición. La alabanza que hicieron del hijo de la Borgia, es bien aplicable al amante de la Sonámbula. El Sr. Forti gana terreno en el aprecio del público, y acaba'rá por destruir de todo punto las infundadas prevenciones que hubo al principio en su contra.

"Repitióse el martes la Norma. La Norma es sin disputala ópera que mayor número de veces se ha dado en México; pero por más que se repita, jamás dejará de agradar, jamás disminuirán los aplausos con que se recibe en todas ocasiones la obra de Bellini, que está calificada de la primera de cuantas escribió. Y luego, cuando la sacerdotisa de Irminsul encuentra un intérprete como la hábil Steffennone, no hay forma de quejarse de que se dé la ópera por cuarta vez. Si se abre la boca, será sólo para proferir un ¡bravo; si se toma la pluma, será sólo para dejarla correr en elogio de una música que es y no dejará de ser favorita de los mexicanos.

'' Toda alabanza es pequeña cuando se habla de la Sra. Steffennone. Nosotros, que nos preciamos de imparciales, y que acostumbramos decir lo que sentimos, no hemos hallado hasta aquí respecto de esa prima donna, ocasión de vituperio. El público es de la misma opinión; no hay quien desconozca su mérito; y cuando canta, regularmente sucede que ni siquiera se espera á que acabe las piezas que ejecuta, sino que se la interrumpe á cada paso con aplausos, por no poderse contener el entusiasmo.

"De esos aplausos es siempre partícipe en la Norma la Sra. Costini. ¡Qué diferencia de Adalgisa á Armando de Gondi y á Maffio Orsini! El cotejo de esas tres óperas prueba que, si la simpática joven á que aludimos, no luce á veces como debiera, no es por falta de mérito ni de estudio, sino por tener que desempeñar papeles que no son ni pueden ser de su cuerda.

"Habían corrido voces alarmantes y subversivas en primer grado, de que el Sr. Salvi se separaba de la Compañía. La noticia no podía ser más desagradable, y el público estaba descontento al extremo, de perder á su tenor predilecto. Por fortuna esos rumores se han desmentido de una manera oficial, y hay ya seguridad positiva de que pronto recreará los oídos la voz dulcísima del sobresaliente artista.

"Con este motivo debemos hacer mención de la carta que el Sr. Salvi dirigió al Español, y que reproducimos en nuestras columnas. En ella el Sr. Salvi, con la modestia propia del verdadero mérito, confiesa que no estaba en voz la noche que trabajó en la Sonámbula, y que la conducta que observó fué ocasionada del disgusto que, como artista pundonoroso, tenía consigo mismo, y no de descortesía para con la Sra. Bertucca, ni de falta de consideración al público. Esta explicación tan satisfactoria y tan honorífica para el Sr. Salvi, lo pone á cubierto de todo ataque. El público, que tanto lo aprecia, no tardará en manifestarle, cuando restablecido de su indisposición vuelva á presentarse en las tablas, que nada ha perdido de su estimación.

'' Positivo placer tenemos en consignar aquí un rasgo de exquisita galantería del Sr. Maretzek. Oportunamente anunciamos que, por las dificultades que hubo para dar la Favorita, en la noche que estuvo anunciada en lugar de los Puritanos, se ejecutó una función improvisada. Hay que advertir en primer lugar, que los abonados se conformaron con el cambio, lo cual era más que suficiente para que aquella función figurase como cualquiera otra del abono. A esto hay que agregar que nadie podría quejarse de ello, porque salió á pedir de boca. Pues á pesar de todo, el señor empresario ha tenido por conveniente disponer que el sábado próximo tengan los abonados gratis una función extraordinaria. Depurando, pues, los hechos, resulta que ese es un obsequio, un positivo regalo. Ya ahora se verá como nos ha sobrado razón para aplaudir la galantería del Sr. Maretzek, quien seguramente no tendrá que arrepentirse de ese empeño para tener complacidos á los que sostienen la compañía de ópera.

"El programa del tercer mes de abono, es magnífico, de primer orden. Se anuncian cinco óperas, no representadas aún en esta temporada, y de las que algunas son enteramente nuevas. ¿Quién no querrá oir la Linda de Charnonnix, el Don Pascual, el Pirata, la Semíramis y el Otelo? Si por causas puramente accidentales, hubo un momento en que pudo sospecharse que bajaría el abono, después que . todo se ha arreglado, y cuando se muestra decidido empeño en servir y complacer al público, no cabe duda en que no decaerá el entusiasmo en lo más mínimo; y lejos de esquivar el grato placer con que se les brinda, lo único que sentirán todos será que ese tercer abono no se prolongue, que sea el último en que admiremos las obras de los grandes maestros, dignamente interpretadas por los excelentes artistas, que son hoy la delicia de esta Capital."

El 26 de Julio, en celebridad del cumpleaños de D. Mariano Arista, la Compañía dió un gran concierto en el cual la Bertucca tocó irreprochablemente el arpa; se tocó una marcha militar compuesta por Maretzek, y se cantó un nuevo Himno Nacional compuesto por el mismo maestro y empresario, siendo los ejecutantes Forti y Beneventano, con acompañamiento del coro.

Acerca de esa función dijo El Siglo:

"Anoche la compañía lírica obsequió al Sr. Arista con un magnífico concierto en que tomaron parte todos los artistas. La parte exterior del Teatro Nacional estaba extraordinariamente iluminada, con muy buen gusto y á la entrada se veía el retrato de S. E. de cuerpo entero, pintado por Pingret. Es el mismo cuadro que se vió en la Exposición de la Academia de San Carlos: cerca de S. E. están sus ayudantes; en el fondo se ven tropas como en una gran parada, y en un lado hay un caballo tenido por un lacayo. La iluminación interior era a giorno, como se dice en los teatros de Italia. La concurrencia era inmensa y el júbilo se pintaba en todos los semblantes. La función fué sobresaliente y los artistas todos se empeñaron en cantar á las mil maravillas. La lluvia, que había sido tan fuerte en la tarde, se contuvo de repente cuando llegó la hora del concierto, como si no hubiera querido privar á los mexicanos de un rato tan agradable.

'' Por supuesto el Excelentísimo Señor Presidente honró el teatro con su presencia, y el público se mostró con aquella circunspección que es compañera del respeto.''

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