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gracias una solemne y muy lucida función de iglesia. Los frailes tan impíamente burlados por aquel bribón, no supieron ó no quisieron dejar de hacer escándalo y publicáronle á los cuatro vientos por medio del siguiente aviso que el Padre capellán del Señor de Burgos circuló, explicando cuál fué la verdadera lotería que habíase sacado el sacristán de dicho convento: decía así el aviso:

"Pablo Morales, sacristán de la capilla del Señor de Burgos, ha robado toda la plata que se había pedido para adornar dicha capilla en la función de desagravios que anualmente se hace, y de un triduo que con el especioso y falso pretexto de acción de gracias por haberse sacado una lotería, hizo él mismo á su costo en la referida capilla.

"Las alhajas perdidas, y de que por ahora tengo noticia, son tres candiles, cinco lámparas, cruz alta y ciriales, tres docenas de platos, ocho fuentes ó platones, veinticuatro caudeleros, paces, una vara de guion, un plato de tintero, un acetre y un platillo de vinajeras, todo de plata, y una casulla de oro y plata, etc., etc.

"Se suplica á la persona que sepa el paradero de todas ó alguna parte de estas alhajas, se sirva dar el aviso correspondiente al que suscribe, en la habitación de la misma capilla del Señor de Burgos, sin que por este aviso le pare perjuicio ni molestia de ninguna especie.

''Como se ha fugado el expresado Morales, sin que hayan sido bastantes para encontrarlo las muchas y exquisitas diligencias que he practicado, debo advertir á quien pueda ocultarlo, que en defensa de mi honor comprometido, perseguiré al ocultador por todos las vías que las leyes me permiten, como cómplice del robo relacionado.

"México, Noviembre 18 de 1852.—Fr. Florencio Mota."

El suceso fué explotado en todas formas por los despreocupados, en versos, coplas y en letrillas y en piezas para el teatro. La citada Compañía de Nuevo México fué la primera en llevarlo á la escena, representando en la tarde del 16 de Enero de 1853 una pieza titulada La Prisión del Sacristán ó las Alcaldadas, con el siguiente reparto: Lucía, Sra. López: Martina, Sra. G. García: Juana, Sra. N. García: Don Celestino, alcalde, Sr. Zendejas: El usurero, Sr. Gambino: Borbollo, su hijo, Sr. Morales: Pantalla, escribano, Sr. Rivera: Pablo Morales, Sr. González: Hombre, /?, Sr. García: Hombre 20., Sr. Zavala: Un preso. Rondas, etc. La obra mereció grandes aplausos y fué muy repetida con gran contentamiento del público de buen humor.

En el Teatro de Oriente, en Puesto Nuevo, dió en la noche del 11 de Abril una curiosa función una Compañía de Niños aficionados, poniendo en escena el drama intitulado, Con la punta del acero reclama honor un guerrero, ó la Venganza de un pechero.

En la primera mitad de ese año de 1852, se procuró establecer en la Capital un conservatorio dramático, según puede verse en el siguiente prospecto, que me parece oportuno copiar, y dice:

"Mucho tiempo hacía que la ilustración del siglo estaba reclamando la instalación de una Escuela ó Conservatorio dramático nacional, en que los aficionados de ambos sexos por este sublime arte, tuviesen donde aprender por principios las nociones y conocimientos indispensables para todo el que aspira al sublime título de artista: muchas personas respetables han pensado en plantearlo antes de ahora, conociendo la imposibilidad de traer actores de Europa, capaces y dignos de ocupar nuestros principales teatros: muchas tentativas se han hecho, previendo la natural decadencia en que ha de venir á parar el arte declamatorio, luego que se inutilicen los artistas que hoy ocupan la escena mexicana: empero siempre se han estrellado los mejores deseos, ante los obstáculos que presentaba la realización de tan útil como vasto proyecto. Eos sacrificios pecuniarios y personales que necesariamente debían emplearse; la falta de personas que quisieran dedicarse con la necesaria asiduidad á la dirección y ensayos de los jóvenes alumnos; el carecer de un local á propósito para esta clase de trabajos, y otros mil inconvenientes que fuera molesto enumerar, han hecho abortar siempre las mejores combinaciones formadas con este objeto.

"Hoy, sin embargo, se presenta una empresa altamente filantrópica y celosa del engrandecimiento del país, que habiendo vencido á fuerza de constancia cuantos obstáculos ha encontrado, ha planteado y va á poner en práctica la creación del Conservatorio nacional de declamación, hallándose destinado el teatro Principal, como el local más á propósito, para los trabajos de los alumnos que quieran abrazar la carrera gloriosa, al propio tiempo que de brillante porvenir, que hoy se abre con esta nueva escuela.

"El primer actor, D. José Cejudo, bien conocido del público mexicano por su aplicación y conocimientos en el arte que profesa, se ha colocado al frente de la dirección del Conservatorio, y ésta nos parece la mejor garantía que puede ofrecerse, delos adelantos que harán los alumnos que hayan de recibir sus lecciones. Este era uno de los puntos culminantes de la cuestión, poder presentar una persona digna por su aplicación, talento y simpatías, de dirigir á los alumnos con el acierto y aprovechamiento necesarios: vencida esta dificultad, sólo restaba estimular el celo de los jóvenes alumnos, por medio de garantías, premios y recompensas que avivaran su celo, y los decidiera á emprender con fe la senda del arte.

''A todo se ha atendido: un plan meditado con detenimiento, el cual se aplicará á su debido tiempo, manifiesta los compromisos que contrae la Empresa con los alumnos, y éstos con aquélla: las ventajas que en adelante deberán reportar los alumnos, y la marcha general que llevarán los trabajos: todo se halla sencillamente explicado, y los jóvenes que se crean con aptitud para emprender esta carrera, pueden dirigirse al director D. José Cejudo, en la fonda del Progreso núm. 8, donde podrán instruirse más al pormenor de cuanto deseen saber.

"Así, pues, desde este día se halla abierta la matrícula para todos los alumnos que deseen aprender el arte dramático, en el expresado local, desde la una á las tres de la tarde, en todo el presente mes; pues los primeros trabajos empezarán á darse irremisiblemente desde el i? de Junio próximo, para lo cual todo se encuentra dispuesto.

"La presente invitación, no se halla reducida á la Capital de la República; de cualquiera de los Estados pueden ingresar alumnos de ambos sexos y disfrutar de las ventajas de una escuela abierta para todos y donde el genio adquirirá su debida recompensa. Cuando en infinitos puntos de la República se construyen y recomponen los teatros; cuando la civilización ha demostrado que el engrandecimiento de la escena es el termómetro de la ilustración de los pueblos; cuando la aurora de la regeneración política y social de nuestro país ha sonado para su felicidad, razón es también que el sublime arte de la declamación, espejo de las costumbres y fuente de la civilización, no quede postergado y abatido, entregado únicamente á sus propios instintos; razón es, repetimos, que una mano protectora lo saque de la abyección y postramiento en que se ha visto sumido hasta ahora.

"Tales han sido las ideas de la empresa creadora, al emprender una tarea tan árida como costosa; empero nada podrá arredrarla ni abatir su constancia, si los resultados corresponden á sus bien fundadas esperanzas, cabiéndole la gloria, así como á toda la República mexicana, de ser la primera en todas las Américas que planteen y lleven á efecto la creación de un Conservatorio Nacional de Declamación."

Por desgracia, cuando apenas el Conservatorio empezaba á funcionar, su director dejó de existir, arrebatado á sus discípulos y al arte escénico por imprevista y rápida enfermedad. El fallecimiento de Cejudo ocurrió el lunes 1? de Agosto del mismo año de 1853, causando un sentimiento general. Fué un actor justamente estimado por sus talentos como artista dramático y por el empeño que tomó en la creación de la escuela de declamación de que fué digno director. Nacido en España fué sin duda uno de los más distinguidos artistas que de la Península vinieron á México, como lo demostró en varios papeles difíciles, especialmente en los caracteres históricos como el Felipe Segundo en Don Juan de Austria, y el de Luis Onceno en el drama de este título. Como la mayor parte de nuestros actores, José Cejudo murió en la pobreza, dejando sin amparo á su viuda y á tres hijos de corta edad. Andando los años, dos de las niñas llegaron á distinguirse en la escena mexicana, especialmente Anita, que fué notabilísima actriz. Todos los periódicos de la época se empeñaron en la filantrópica tarea de promover funciones á beneficio de la huérfana familia, y El Omnibus, se expresaba así á este respecto: "Nos persuadimos que la Compañía de la Sra. Cañete no perderá la oportunidad de probar sus filantrópicos sentimientos en obsequio de la infortunada viuda de uno de sus compañeros. El público mexicano se apresuraría á concurrir á la función destinada á la Sra. Cejudo, enjugando por ese medio las lágrimas de una madre que con tres criaturas y lejos de su país, se encuentra reducida á soportar todas las amarguras de la desgracia. Será auxiliada? Creemos que sí. Son tan hermosas las satisfacciones que producen los rasgos de nobleza y desprendimiento! Hay en la vida tantas ocasiones de hacer daño á nuestros semejantes y pululan tantos infelices en el mundo, que no es poca dicha encontrar la ocasión de ser bueno y generoso á poca costa."

Los fundadores del Conservatorio dirigido en su origen por José Cejudo, no quisieron que la institución pereciese, y oportunamente anunciaron que habían dirigido al actor, también español, Argente, para que pasase á México á encargarse del útil establecimiento.

Hablemos ya de la compañía mixta del Gran Teatro.

El estreno de la Empresa Monplaisir, se verificó el Domingo de Pascua, 27 de Marzo, con el drama Amar por perder la honra, desempeñado por la Cañete y la Uguer, y por Mata, Castro, Padilla, Servín y Santa Cruz; y con el baile La Sal de Andalucía, por Chucha Martínez y por Granados.

Ninguna importancia tuvo esa temporada: la Compañía Dramática era incompletísima en cuanto á las actrices, pues sólo contaba verdaderamente con la Cañete: la compañía de baile no era, ni mucho menos, aquella gran compañía que pudo, en 1849 y 50, poner en escena Esmeralda, La Lndependencia de la Grecia, y El Triunfo de la Cruz. De los artistas coreográficos de aquellos días, sólo quedaban entonces los esposos Monplaisir, y aunque en parte fueron sustituidos por la Ciocca y por Caresse y León Espinosa, español este último, los tres muy notables, faltaba el conjunto grandioso de la primera época. Con mucha dificultad pudieron ponerse en escena, aparte de otros bailes de escasa importancia, Kin Ká, ó Aventuras de un Aereonauta, Las Cuatro partes del mundo y Gisella ó las WUlis.

A fines de Junio, Hipólito Monplaisir hubo de levantar el campo y despedirse definitivamente de nuestro público, el cual quedó entregado, casi sin competencia, á la vieja guardia dramática, muy apreciable en la mayoría de sus individuos, pero demasiado fatigada y con exceso conocida, y parca en novedades. Por ese tiempo pusiéronse en escena alganas obras dramáticas del literato español D. Eduardo Asquerino, venido á la República con el objeto de hacer los estudios y las observaciones necesarias para dotar á su patria de un poema épico sobre la conquista. El procedimiento no resultó eficaz, que no siempre querer es poder, y D. Eduardo no desmintió aquello de que Homero no quiere hablar la lengua castellana. Como un recuerdo de su visita, Asquerino nos dejó, e:i edición hecha por D. Andrés Boix, sus Ecos del Alma, una leyenda religiosa con el nombre de Sor Juana Inés de la Cruz, y una revista de un baile en la Lonja, abundante en gracia y en lisonjas.

Para introducir alguna variedad en este relato, no contrayéndole á simples noticias de espectáculos, diré que en ese año de 1852 y el domingo 6 de Marzo, dejó de existir en México el insigne D. Juan de la Granja, el primero que estableció en nuestra República el telégrafo eléctro-magnético. La Granja había nacido en Valmaseda, antigua y noble villa de la Provincia de Vizcaya en España, el año de 1785. Dedicado al Comercio, se embarcó en Cádiz en 1814 para Veracruz, pasó después á Guatemala y los Estados Unidos, regresó á México en 1820 y en el de 26 se embarcó para Nueva York y allí fundó el periódico español El Correo de Ambos Mundos, notable por sus valientes artículos en defensa de los intereses hispano-americanos. Por sus desinteresadas defensas de México, fué nombrado en 1838 cónsul de nuestra República en Nueva York, puesto en el que con grande inteligencia y desinterés sirvió á nuestros Gobiernos y á los mexicanos que pasaban á los Estados Unidos. "Entre los hechos de esta clase que lo recomiendan á la gratitud nacional—dice uno de sus biógrafos—está el del desembolso que hizo en la larga y penosa enfermedad que llevó al sepulcro al Ministro mexicano Martínez Pizarro." En premio de estos y otros muchos servicios, en Octubre de 1842 fué declarado ciudadano mexicano y se le nombró cónsul general. Rotas las relaciones amistosas de los Estados Unidos y México en 1846, la Granja volvió á nuestra República, y hecha la paz fué nombrado diputado al Congreso General. Procurando el adelanto de su patria adoptiva, quiso ensayar en ella las comunicaciones telegráficas, y en 30 de Octubre de 1850 publicó sus prospectos convocando accionistas para la formación de una compañía: la empresa fué acogida con gran frialdad y sólo la perseverancia, propia de su carácter de vizcaíno, pudo hacer que no fracasase el ilustre la Granja en su tentativa: el día 28 de Octubre había hecho sus primeras experiencias en una botica de la calle de la Monterilla, y visto el buen éxito, la Granja estableció entre el Colegio de Minería y el Palacio Nacional la primera línea telegráfica que vió la República, inaugurándola el miércoles 13 de Noviembre de 1850. Un año después, el 5 de Noviembre de 1851, inauguró una línea de cuarenta y cinco leguas entre México y Nopalucan, y el 19 de Mayo de 1852 se completó el trayecto hasta Veracruz. Todo ello y hecha á un lado la gloria, le produjo disgustos é ingratitudes que prepararon la enfermedad que al fin le condujo al sepulcro. "Disfrutando aún de una salud robusta, habla su

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