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como ejecutante y compositora; para esa apoteosis pintó D. Manuel Serrano una decoración de gloria, en cuyo fondo se levantaba un busto de Zaragoza, obra del escultor D. Primitivo Miranda.

Aparte de esas benéficas funciones, las compañías dramáticas, que arrastraban trabajosa vida por falta de público, vinieron en todo el año dando los mejores espectáculos que podían, y apropósitos ó farsas cómicas, como la intitulada: Novio y medio, ¡qué primor! en que tenía el papel de protagonista el individuo conocido con el renombre del Gigante Arabe ó el Hombre más notable del mundo, según leo en los programas de la función que en el Nacional se dió el 14 de Agosto. Ese individuo era realmente un gigante que se exhibía primero en una accesoria de una casa en la calle de San Francisco y luego tomó parte en el apropósito citado, "apropósito, dice el periodista D. Gregorio Aldasoro, que fué muy censurado por sus osadías de lenguaje."

En principios de año trabajó en Iturbide la Compañía Acrobática de D. Santiago Smith y en la Plaza del Paseo Nuevo la de los nombrados Eee y Ryland.

En cuanto á obras de autores mexicanos, además de las ya citadas, encuentro que el 23 de Marzo se estrenó en Iturbide el drama en cuatro actos, Nadar y á la orilla ahogar, y el 27 de Julio, en el Principal, el drama de Riva Palacio y Mateo$, La Catarata del Niágara, con decoraciones de D. Manuel Serrano, á beneficio del cual se representó.

Ea Cañete, Mata, Morales y Padilla, con los restos de las buenas compañías dramáticas que habían ya desaparecido, abrieron la misma temporada cómica del primer semestre de 1863, dando el 1? de Enero en el Nacional, y en la tarde, Marta la romarantina, y en el Principal, y en la noche, Sullivan.

El 27 del mismo Enero el Gran Teatro abrió por primera vez sus puertas á un nuevo y distinguido compositor mexicano, el hoy acreditado maestro D. Melesio Morales: esa noche se cantó por primera vez su ópera Romeo, así repartida: Capellio, Solares; Julieta, la Paniagua; Romeo, la Tommasi; Tebaldo, Morales; y Lorenzo, Pineda.

Numerosas han de ser las ocasiones que en lo de adelante se nos ofrecerán para hablar del distinguidísimo Maestro mexicano Melesio Morales. Por ahora únicamente diré que la fecha de su nacimiento se remonta al 4 de Diciembre de 1838 y que la ciudad de México fué en la que se meció su cuna. A los nueve años de edad recibió Melesio las primeras lecciones de música, y tuvo por maestros á D. Jesús Rivera, D. Agustín Caballero y D. Felipe Larios: á los doce hizo su primera composición, un wals: á los trece comenzó á dar algunas lecciones, con cuyos exiguos productos pudo pagar á D. Antonio Valle las que de instrumentación recibió de él, é ingresar en la academia que había establecido Paniagua: á los diez y ocho, es decir, en 1856, empezó á componer su primera ópera Romeo y Julieta, en las muy pocas horas que le dejaban libres las lecciones que recibía y daba, empleando en su empeño dos años, pues ya por inexperiencia, ya por noble ambición de hacer su obra lo más perfecta que en sus fuerzas cupiese, instrumentó dos, tres y cuatro veces las piezas de su partitura, sin quedar de ninguna de ellas satisfecho de su trabajo. Esta exigencia para consigo mismo pinta el carácter del Maestro Morales: ejercer la profesión de músico, solamente para subvenir á las necesidades de la vida, no fué el ideal único de nuestro compositor; el progreso del arte patrio bajo todas sus formas, el mejoramiento de los filarmónicos, y la creación de una música propia y nacional le preocuparon desde entonces. Sus esfuerzos, no siempre coronados por el éxito pero llevados á la práctica con varonil empuje, han logrado, al fin, producir una reacción benéfica en los métodos empleados con espíritu activo y progresista por sus numerosos y más distinguidos discípulos. Escrita su primera ópera Romeo y Julieta, comenzaron para Morales los disgustos y las decepciones: la mala voluntad, que, procurando no parecer envidia, encuentra todo aquel que ansia distinguirse, tachó desde luego al Maestro novel de sobradas pretensiones al iniciar su primera composición de aliento sobre el mismo asunto ya entonces tratado por Bellini, Vaccai y Berliva. Morales había buscado libretos inéditos, para trabajar en un asunto nuevo, pero no los encontró, ni tampoco quien le hiciese uno adecuado á sus ideas, por lo cual se sirvió del de Romeo, sin pensamiento alguno de rivalizar con esos Maestros. Compuesta su obra, logró que la aceptase la compañía de Maretzek y la D'Angri, pero la temporada aquella concluyó antes de haber podido cumplir el empresario su ofrecimiento. En fines de Noviembre de 1862 el Ayuntamiento de la Capital llegó á contratar con Morales la representación del Romeo, pero la Corporación Municipal no sostuvo su compromiso so pretexto de que estaba al finalizar su período, y el nuevo Maestro hubo de pasar apuros mil para seguir adelante con los ensayos que ya habían empezado á últimos de Diciembre. Dispuesto el estreno para el 8 de Enero de 1863, por rencillas entre los cantantes é inconsecuencias de la orquesta, hubo de diferirse primero al 11, después al 23, y por último al 27 ya citado. El primer ensayo de orquesta, por culpa del copiante de papeles fué casi una catástrofe: el compositor tuvo que corregirlos, al extremo, casi, de copiarlos de nuevo: en los subsecuentes, remediado ya el mal, los mismos individuos de la orquesta que anteriormente le habían burlado sin piedad, le aplaudieron con entusiasmo, sorprendidos por los efectos de la combinación entre el instrumental y las voces. Llegó el día de la representación: una molestísima lluvia, los desórdenes de las masas populares que con motivo de los sucesos de la guerra de Intervención recorrían las calles gritando mueras á los franceses, retrajeron á mucha parte del público de concurrir al estreno, y la obra comenzó con el teatro medio vacío, y, á mayor abundamiento de males, con la Paniagua tan enferma que hizo rodar no sólo su parte sino también la de la Tommasi, encargada del papel de Romeo. No obstante el desgraciado desempeño de la ópera, el público conoció el mérito de la composición y premió los afanes del Maestro con tres llamadas á la escena y unánimes aplausos. La entrada fué suficiente para cubrir los gastos y para dar un sobrante de cien pesos. La prensa elogió la partitura y estimuló al autor á seguir la carrera brillantemente comenzada. Las subsecuentes representaciones fueron para Morales un nuevo semillero de disgustos: los cantantes, sorprendidos de que la ópera hubiese agradado á pesar de su inicuo desempeño, exigieron fuertes cantidades en pago de cada nueva representación, exceptuándose la Tommasi que ofreció cantar sin retribución alguna cuantas veces quisiese el Maestro. A falta de utilidades y para consuelo de sus pérdidas, el autor de Romeo y Julieta fué obsequiado por multitud de familias en la casa del Lic. D. Ignacio Jáuregui, con una fiesta en que le fué ofrecida una magnífica corona de laurel de plata y en que cada una de las señoras y señoritas concurrentes, le obsequiaron con rosas que como botón llevaban escudos de oro. Poco tuvo, pues, que agradecer Morales á los intérpretes de su primera ópera; aquel modestísimo cuadro lírico solamente fué capaz para hacer oir tras de infinitos ensayos la Catalina de Guisa del Maestro Paniagua, quien con ese exclusivo objeto le había formado.

Animado Paniagua por el buen éxito de su citada Catalina de Guisa, escribió su segunda ópera Pietro D'Avano, que hizo cantar el 5 de Mayo de 1863, primer aniversario de la gloriosa victoria del Ejército mexicano en Puebla. Ignacio Solares desempeñó el papel de Pietro da Reggio; Antonio Morales, el Arnoldo; Francisco Pineda el del protagonista, Pietro d'Avano; Mariana Paniagua, el de Luisa; Marietta Pagliari, el de Maria; Teodoro Montes de Oca, el de Lucio y Juan Zanini, el de Lando. Como cita notable en esos meses sólo me queda hacer la de la representación en el Principal el 14 de Mayo, de la más conocida de las obras del autor español Ariza, intitulada Antonio de Leyva, anunciada para esa noche con el asombroso título de Derrota de los franceses por el General Antonio de Leyva.

Para desgracia de México, los descendientes de aquellos derrotados estaban siendo los vencedores en nuestra guerra intervencionista. El Gral. Forey, al frente de treinta y seis mil hombres, y después de una heroica resistencia del Ejército nacional, se había hecho dueño de Puebla el 17 de Mayo. D. Benito Juárez y su Gobierno, viendo así allanado el camino de la Capital, salieron de ella el 31 de ese mes; acto continuo, el Gral. D. Bruno Aguilar se pronunció por la intervención; del 7 al 10 de Junio la ciudad federal fué ocupada por los franceses; y sucesivamente fueron dándose los pasos para la adopción de la forma de Gobierno monárquica, consultada por la Junta de Notables.

No. No quiero detenerme en los espectáculos de aquellos días. El Principal, con su eterna Compañía Dramática, siguió dando sus funciones de costumbre; el viejo repertorio, alternado con comedias españolas más modernas, como El Tanto por ciento, de Ayala. Iturbide cayó en poder de un grupo de soldados franceses, que le intitularon Théátre de l'Armée, y otras veces le llamaron LEldorado. En este último caso dábanse allí conciertos franco-mexicanos de las 3 á las 6 de la tarde y de las 8 á las 1 1 de la noche, los domingos, y entre semana de las 7 á las 11 de la noche. Una ofquesta dirigida por Chávez tocaba danzas mexicanas y francesas, se bailaba alegremente y se bebían vinos y licores, á real la copa, y se tomaban helados y refrescos.

Hé aquí un programa en castellano:

"Gran espectáculo concierto.—Se cambiará el programa en cada función.—Aparición del Sr. Manuel Bellaut, del Circo de París.— Baile por dos señoritas.—Escena cómica por un señor, acompañándose con la pandereta.—Opera, concierto, etc.—Las novedades que se presentarán al público, sobrepujarán á todas las hasta ahora conocidas en México.—Los efectos que se expenderán al público serán á un real, como en los demás establecimientos, exceptuando los vinos. —Palcos para ocho personas, tres pesos: Lunetas, dos reales."

Hé aquí otro programa en francés, elegido al acaso:

"Quatriéme soirée d'abonement.—Premiére representation de Le Bourreau des Cranes, vaudeville en trois actes precedé d'un prologue. —Intermede La Sicilienne, danse executé par Mesdames la signorita Estrada Martínez et Messieurs Infante et Arsinas.—Paillase et frise poullet, duo comique chanté par Messieurs Savoye et Lévy.—Pour la direction, J. Zanini."

Ahí va otro:

"Théátre de l'Armée.—1 de Les Amours de Cleopatre, vaudeville en 3 actes.—Intermede: Les remedes les plus simples sont les plus meilleurs, chansonnette comique executé par Mr. Laurent."

Pondré aún otro programa:

"Le Noctambule, vaudeville en un acte.— Une journée d'emotion en chemin de fer, chansonnette par Mr. Savoye.—La Polichinelle, danse

par MM. Ducroq y Berthaut"

En 16 de Julio el profesor mexicano D. Octaviano Valle, á su turno formó una Compañía mexicana de Opera, dió en esa noche Traviata, en el Nacional, y en la del 19 su ópera original Clotilde de Coscensa. Del éxito nos dice lo siguiente un aviso que publicó dicho profesor el 26 de Julio citado: "Habiendo sufrido una pérdida considerable en las dos representaciones de ópera que se han dado por mi cuenta, y no encontrándome con los fondos necesarios para continuar cubriendo las faltas que en lo sucesivo debe haber, he sido dispensado por la autoridad del compromiso de dar las otras dos que anuncié, cuyo importe pueden pasar á recoger los abonados"

Fué más afortunado Paniagua, quien en ese año pobrísimo para el arte, pudo con su Compañía propia, dar varias veces su Catalina de Guisa, Trovador, Lucía, Sonámbula, Hernani, Lucrecia y algunas otras, entre ellas Los dos Fóscari, ópera nueva de D. Mateo Torres Serrato, cantada el 11 de Noviembre en el Nacional.

También el profesor D. Bruno Flores formó con discípulos suyos otra Compañía de Opera y con ellos cantó en Noviembre y Diciembre La Norma, desempeñando el mismo Flores el Pollión, Miguel Loza el Oroveso, Soledad Vallejo la Norma, Manuela Gómez laAdalgisa, Marietta Pagliari la Clotilde y Juan Zanini el Flavio.

Todo esto, vuelvo á decirlo, poco ó nada valía, y sólo á título de curiosidad lo cito, como podría citar las diversas ascensiones aerostáticas de D. Joaquín de la Cantolla y Rico, quien el domingo 26 de Julio dedicó la tercera de ellas á los Grales. D. Juan N. Almonte y D. Leonardo Márquez, partiendo de la Plaza del Paseo Nuevo, y en combinación con la cuadrilla de Pablo Mendoza. La sociedad mexicana n0 sabía ó no quería divertirse, y se contentaba con las tertulias que en Palacio daba la Regencia, de las cuales el periódico Im Sociedad, en su número de 28 de Noviembre, dice: "Como todos los jueves, se bailó, se jugó, se trataron algunos asuntos graves, se habló de cosas indiferentes, y se refrescaron unos con helados y otros con ponches; los bizcochos y los pastelitos circularon con profusión, y los acatarrados se entonaban los pulmones con té solo ó mezclado con leche á su antojo." Aseguro haber copiado á la letra la espiritual revista de esa tertulia.

Así como de la invasión americana dató la sensible muerte de la eminente actriz Soledad Cordero, la invasión francesa nos trae á la memoria el fallecimiento de otro artista insigne, también mexicano, tantas veces celebrado en estos capítulos. Quiero referirme á Antonio Castro. Los teatros Principal, Nacional é Iturbide, y muchos de diferentes Estados, fueron testigos de sus innumerables triunfos. Desde que se formalizó la guerra intervencionista y empezó á ser un hecho el gobierno monárquico, Antonio Castro se tornó triste, casi misántropo, y ó contrajo ó se le desarrolló una enfermedad orgánica que ningún esfuerzo pudo dominar, y le privó de la vida en la noche del domingo 26 de Julio del año de 1863, cuyos sucesos narramos.

Los actores del Teatro Principal sus compañeros, y los de los demás teatros de la ciudad, asistieron á su entierro que se verificó el lunes á las cinco de la tarde, con la solemnidad que permitió la lluvia, en el Panteón de San Fernando. El féretro fué conducido en hombros por los Sres. Pérez, Marañón, Baeza y Ruiz, hasta la esqui

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