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educada, ellos eran los héroes y actores de toda aventura ó enredo galante ó gracioso, sin que faltasen más de una vez extralimitaciones que degeneraban en sensibles disgustos y aun en trastornos de la paz pública.

Algo de eso aconteció en 1843, con motivo del beneficio de la bella y graciosa actriz española Mariquita Cañete, verificado el día 7 de Febrero. Mariquita Cañete habíase convertido en ídolo de los románticos, de los españoles y de los exaltados, que formaron un partido opuesto y aun enemigo de los no liberales, entusiastas de Rosa Peluffo. Sus rencillas, de las cuales era campo la sala ó patio del Teatro de Nuevo México, originaban á cada momento y por un quítame allá esas pajas, frecuentes escándalos de más ó menos espiritual cocorismo, de los cuales fué el colmo el promovido en la fecha y el beneficio citados.

Empezó aquella función con un drama de Bayard y Dumanoir, traducido por un mexicano, con el título de El Vizconde de Letorienes, en el que la beneficiada desempeñó el papel de un joven de diez y nueve años de edad, que la actriz estimó "el carácter más difícil que haya desempeñado en todo el período de mi carrera artística." Al drama siguió la tonadilla de "Las cuatro provincias españolas."

"En ella, dice el respectivo programa, el Sr. Barrera desempeñará el papel de un empresario que desea formar compañía; el Sr. Mata un fingido bufo italiano, en cuyo idioma cantará una cavatina y unas boleras, y la Sra. Cañete el de una actriz que, para prueba, cantará lo más selecto de las muy aplaudidas '' cuatro provincias,'' ejecutando los caracteres de montañés, gallego, vizcaíno y andaluz: en cada uno de ellos, y en el dialecto y género peculiar, cantará varias canciones, entre las que se distinguen "un zorcico," "una ensaladilla en vascuence " y " un polo sevillano,'' terminando con las siempre aplaudidas coplas del "Trípili."

En los momentos en que el público aplaudía con mayor entusiasmo á la actriz española, un concurrente, sin que para ello hubiese causa manifiesta, dió el grito de: "¡ fuera !'' Comprendiendo la Cañete que á ella se dirigía esa voz, se retiró inmediatamente al fondo de la escena, pero pronto volvió á continuar sus trabajos entre los aplausos y aclamaciones de sus amigos y partidarios que, como en noche de su beneficio podía esperarse, estaban allí en gran número, y obligaron al impolítico voceador á guardarse muy mucho de repetir su grito. Pero en la función del 10 de Febrero, y al presentarse la actriz, se oyeron entre los aplausos, nuevos gritos de: "| Fuera!" "j Muera la Cañete!" Ella entonces se dirigió á la concurrencia, pidiendo, con modesto ademán, ser escuchada, y cuando pudo dominar el tumulto, se disculpó de haberse retirado en la función anterior, y pidió toda clase de perdones. Entonces los oficiales militares D. Angel Cabrera, D. José Alvarez, D. Fernando Urrízar, D. Miguel Badillo y D. Amado Vega, comenzaron á gritar: " ¡ Muera la Cañete!" "¡ Fuera la Cañete, que nos ha insultado!" Los gritos siguieron interrumpiendo el orden, y "por fin — habla el Regidor D. Salvador del Conde — tuvieron los dos primeros la audacia de dirigir insultos á dicha actriz y de promover una escena turbulenta de voces y estruendo, que ocupó la atención cerca de una hora. A los diez minutos de comenzado, y para impedir que continuaran esos insultos, se mandó bajar el telón, y el Regidor pasó inmediatamente al foro, y desde allí hizo llamar á los oficiales revoltosos para que se sirviesen hablar con él."

Por aquel tiempo el fuero militar estaba en su apogeo, y los susodichos oficiales contestaron '' que nada tenían que ver con el que presidía, ni éste era autoridad alguna respecto de ellos, pues que son militares. '' El Regidor dispuso entonces que uno de los actores leyese en el foro la siguiente prevención: "El Señor Juez me manda manifestar al respetable público, que la función comenzada debe continuar, tanto por ser la anunciada como por desearlo la mayoría de los concurrentes; que los individuos que se han manifestado disgustados por la conducta de la Sra. Cañete, pueden presentar su queja ante la autoridad competente, y se les suplica la moderación y respeto debido á la que preside y al respetable público concurrente: bajo el concepto de que la misma autoridad está convencida de que la Sra. Cañete no ha tenido ánimo de agraviar á persona alguna, ni en lo particular ni en lo general."

Los revoltosos no se dieron por satisfechos, y la zambra habría seguido sin la intervención de la Suprema Autoridad de la Plaza, que, presentándose por el foro, ordenó á los oficiales nombrados que se sirviesen salir en su compañía. Según dice el informe del Regidor en turno, que, como puede notarse, vengo extractando casi á la letra, sin añadir por cuenta mía ni detalle ni comentario de ninguna especie, "después de leída la orden ó prevención, salieron los referidos oficiales y todavía uno de ellos, Badillo, dirigió un insulto á la concurrencia, y ésta manifestó con vehementes demostraciones quedar contenta de que hubiesen salido del patio los que, sin ningún respeto al público, fueron los únicos perturbadores del orden."

El escándalo había sido magno, no sólo por el trastorno del orden en el teatro, pues, como ya dije, estas escenas de cocorismo y de broma eran muy comunes y repetidas, sino por el ridículo en que había quedado la autoridad civil. Esta esperaba que al menos se cubriesen las fórmulas, imponiendo alguna pena á los alborotadores; pero pronto se hizo público que esos oficiales quedarían impunes, porque habían obrado, no por su cuenta, sino por cuenta de una elevada autoridad militar, sentida y ofendida con Mariquita Cañete.

No queriendo que la cosa quedase así, D. Luis G. Cuevas, primer Regidor y Presidente del Ayuntamiento, comunicó al Prefecto del Centro, D. José María Icaza, lo ocurrido, y éste hizo otro tanto con el Gobernador del Departamento, quien en respuesta dispuso que el Prefecto fuese quien presidiera las funciones del Teatro de Nuevo México en el resto de la temporada. Esto pasaba el 12 de Febrero; el 13, D. Luis G. Cuevas representó enérgica y dignamente, á nombre del Ayuntamiento, ante D. Nicolás Bravo, Presidente sustituto; pero éste, por medio de su Ministro Bocanegra, sostuvo lo dispuesto por el Comandante General. El Ayuntamiento ofició el día 18, que puesto que esa orden atacaba las prerrogativas municipales, la Corporación no podía dignamente continuar en el ejercicio de sus funciones, y, por lo tanto, sus Regidores se retiraban á sus casas.

El Gobierno ordenó á Cuevas que reuniese inmediatamente á los Regidores, so pena de una multa de 200 pesos diarios á cada uno, sin perjuicio de lo demás á que diesen lugar por su desobediencia. Cuevas contestó que habiendo sido despojado por el Gobierno de sus funciones, ningún derecho creía tener para convocar á sus compañeros: éstos, congregados en la casa de su Presidente, respondieron que no saldrían de ella sino cuando el Gobierno los hiciese sacar por la fuerza de las armas, y el conflicto continuó sin que nada consiguieran remediar las excitativas del Presidente sustituto, del Ministro Bocanegra y del Gobernador Luis G. Vieyra. El día 22 de Febrero el Gobierno llevaba impuestas á cada Regidor cuatro multas de á 200 pesos: "doscientos pesos diarios, exclamaba un escritor de aquella época, excelente y económico sistema penal." L.a Corporación siguió firme en su negativa, y á mantenerla en ella cooperó la Marquesa de Vi vaneo, madre política de Cuevas, poniendo á su disposición quince mil pesos y cuanto más fuese necesario para llevar adelante la resistencia. Así continuaron las cosas hasta el día 7 de Marzo, en cuya fecha SantaAnna, de regreso en México, destituyó al Gobernador Vieyra, repuso en sus derechos á los Regidores y despachó á Perote á los oficiales autores del escándalo en el teatro de Nuevo México, después de haber probado que todo había sido obra del Gral. Valencia, que se disgustó por no haber conseguido á ningún precio un palco para el beneficio celebérrimo.

El Teatro de los Gallos ó las Moras, en que trabajaba una malísima Compañía, cuyas principales actrices vestían en la calle el provocativo traje de china poblana, enagüilla de castor con lentejuelas de oro, camisa bordada con sedas de colores, piernas sin medias y pie calzado con zapato bajo de seda de color, dedicó en 20 de Marzo al Ayuntamiento una función en que puso en escena la pastorela Por la virtud y el candor se logra gracia y honor. No creo deber hablar de la susodicha compañía, pues aunque parece que alguna de las citadas actrices llegó á tener alguna Hombradía, parece también que esa nombradía era originada más que por su talento artístico, por la pasión de los adoradores y admiradores de sus lindos palmitos. De preferencia representaban pastorelas y coloquios, porque en los trajes de zagalas y pastoras podían lucir mejor sus encantos personales; pero de vez en cuando acometían con los dramas más románticos, que, según un cronista, eran cosa de echar á correr. En ese teatro y en el de Nuevo México, dió, durante la Cuaresma, algunas funciones una Compañía dramática infantil cuyos actores no contaban más de diez á trece años de edad: las obras que preferían eran El Campanero de San Pablo, Lucrecia Borgia, et sic de coeteris.

Para no cansar á mis lectores, hago punto omiso de los trabajos de las Compañías del Principal y de Nuevo México, formadas casi sin variación, por los mismos actores tantas veces nombrados, y sirviendo al público un variado repertorio de comedias y dramas ya indicado, con todas aquellas novedades que llegaban de Madrid.

Para encontrar algo digno de simple mención, hay que saltar al mes de Junio, época del cumpleaños de Santa-Anna, á quien constantemente se celebró con funciones especiales, siempre que ejercía el poder. En el Principal se le obsequió el 13 con la comedia Un vaso de agua, un dúo de Los Normandos en París, y un himno, composición de D. Eusebio Delgado, dúo é himno que cantaron la Picco y Spontini. Nuevo México dió su función de obsequio el 14, con el drama La Hija de Cromwell, desempeñado por la Cañete y Mata, Barrera, Ruiz, Méndez y el nuevo actor Douval: bailaron las hermanas Pavía, de las que pronto hablaremos algo, y se representó La Ponchada por la Peluffo y la Cañete, y Mata, Armenta, Barrera, Méndez, Douval, Castañeda y Servín, que introdujeron en esa dicha pieza su respectivo himno en elogio de Santa-Anna.

CAPITULO VII

1843—1841

En 22 de Junio de 1843 la fábrica del Gran Teatro de Santa-Anna iba ya bastante adelantada para merecer, como en efecto mereció, que un distinguido viajero procedente de Europa, la elogiase en un artículo que dió á la prensa, y entre otras cosas decía: "A juzgar por la simple vista, la forma del salón resulta de un semicírculo y de dos curvas de un radio mayor: por la poca convergencia de éstas, y de consiguiente por la ancha embocadura, se infiere que el arquitecto ha resuelto el problema de que las líneas de los bastidores puedan ser tangentes á las curvas que terminan en el proscenio, principio seguido en los célebres teatros de la Scala de Milán y de San Carlos de Nápoles, que son justamente admirados por esta razón. Una de las cosas que más prueban el estudio con que estáu dispuestas y proyectadas las partes de este gran edificio, es la combinación del proscenio, que, sin suprimir los palcos, se ha conseguido separar de la sala de un modo elegante, y sin que de ninguna manera pueda confundirse el gran cuadro escénico con el ocupado por el auditorio. El todo de la embocadura debe causar un efecto magnífico ..."

Mientras llega el tiempo que nos dé oportunidad para juzgar de la exactitud del pronóstico, demos aún una vuelta por los viejos coliseos existentes entonces. El Principal no ofreció más novedad que la primera presentación del joven D. José Lucio Gutiérrez, hecha en los últimos días de Mayo con El Trovador. Gutiérrez pertenecía á una honorable familia mexicana, y venciendo dificultades, derribando y hollando las preocupaciones sociales, anunció su salida al teatro, obteniendo en ella un éxito completo, pues el público le acogió y aplaudió con frenesí, muy justificado á lo que parece. "Gutiérrez, dice un papel de la época, ha seguido la escuela adoptada por el Sr. Pineda, escuela que, cuando no es llevada á la exageración, produce en la escena el más completo éxito: posturas marciales y caballerescas; pronunciación clara, enérgica y castiza; gesto expresivo; raptos verdaderamente teatrales, despejo y desembarazo en la acción." Compartieron su triunfo la joven actriz, también mexicana, Mariquita Santa Cruz, en el papel de Leonor, y la Dubreville en el de Azucena.

En Nuevo México las novedades fueron de gran bulto y produjeron sensación hondísima, como que se trataba de bailarinas, y bailarinas bonitas: fueron ellas las Sritas. Merced y Francisca Pavía, presentadas el domingo 1 1 de Junio; acompañábanlas D. Francisco y D. Luis del mismo apellido, y una hermanita de seis años, de nombre Pilar, que era también una notabilidad en el arte. Todos ellos eran españoles y venían de Barcelona. El jefe de esta familia abrió en la casa núm. 12 de la calle de Zuleta una academia de baile, en la que enseñaba, según anunció "rigodones ó cuadrillas, galop, mazurca de sala, danzas del país, escocesa, gavotín, vals de Strauss, cosaca, greca, papuri, lanceros, boleros, fandango, cachucha, zapateado de Cádiz, jaleo de Jerez, gavota, jota aragonesa y baile inglés."

La adquisición de esta pequeña Compañía de baile, parece que de bastante mérito, pronunció más y más las rivalidades entre las dos empresas y compañías cómico-dramáticas del Principal y de Nuevo México, que denostándose venían con los apodos de Santa Paula y

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