Imágenes de páginas
PDF
EPUB

que habiendo reconocido la Olanda por su soberano al príncipe de Orange, apenas le quedaban recursos ni plazas para sostenerse por mucho tiempo.

... Y con efecto no tardó en verificarse todo esto. Porque los exércitos austriacos y rusos, despues de las batallas de Troyes ó sus inmediaciones, siguieron avanzando casi sin contradiccion hasta las cercanías de París. Aquí acabaron de echar el resto los magnates y secuaces de Napoleon, incluso el intruso Josef, que de todo su rey de España é Indias se daba entonces por muy satisfecho con ser gobernador de aquella tan populosa Corte. Dióse por fin la batalla á fines de marzo á la que ayudaron las guardias cívicas ó nacionales. Y como éstas, y los

restos del exército habian tomado, posicion ventajosa sobre unas colinas ó montecillo poco distantes de París, los aliados tuvieron que pelear obstinadamente para desalojarlos y vencerlos. Mas al fin, y por nuestra dicha lo consiguieron , aunque con bastante pérdida. Y quedando ya descubierto París, porque Napoleon estaba con el otro exército á contener los otros aliados ácia el Marne, y no habien. do hecho aquella Corte la defensa que creia y esperaba aquel Tirano, y sí una honrosa capitulacion, entraron en París los exércitos aliados, y á su frente los emperadoros de Rusia y Austria, y el rey de Prusia. ¿Quien le diria á Napoleon seis años antes, quando con fuerzas tan superiores emprendió la injusta y temeraria usurpacion de España, que así habia de ver vuelta la tortilla? Sabidos en Madrid estos acontecimientos tan favorables, por momentos iba tomando mas aliento el partido opuesto á los liberales, al paso, que éstos, empeñados en que todo se debía á sus nuevas instituciones y gobierno, se mostraban cada vez mas inflexibles y entusiasmados por sostener en todo sus proyectos y decretos. Se jactaban de que en caso necesario vendrian á las manos, y los sostendrian con las armas y su sangre. Esto irritaba y encendia mas en cólera á los del contrario que tambienamenazaban con lo mismo. Entretanto, y ademas quedaba el escozor de no saber el último destino y paradero de Napoleon, y de si este Tirano por un

acto de desesperacion seguiria sosteniéndose todavía, y haciéndose fuerte ácia las provincias del Norte de la Francia, como se decia por algunos. Mas aun de esta última y terrible desgracia quiso Dios preservar aquella infeliz nacion por tantos años tiranizada. Pues aunque Napoleon retrocedió al socorro de París, y llegó hasta Fontineblau, vió con el mayor despecho y furor que los aliados se habian apoderado de aquella Corte con una anticipacion que jamas pensó. Así viendo aquel Tirano que ya muchos de sus mismos soldados no querian pelear ni obedecerle: viendo que el mariscal Marmon se le habia desertado y pasado con un cuerpo de 92 hombres á los aliados: observando que los otros príncipes y-mariscales, sino pensaban hacer lo mismo, al menos le representaban la imposibilidad que tenia para sostenerse con probabilidad: y sabiendo que en virtud de la entrada de los aliados en París, el senado habia decretado su destronamiento, proclamando á los Borbones y á Luis XVIII por su legítimo Rey; al fin, aquel todopoderoso Emperador de los franceses, aquel que diez y ocho meses antes había votado y jurado que volveria contra la Rusia con un exército tan numeroso, que solo su vanguardia pasaria de 3oo2 hombres, vióse de repente reducido en San Cloud ácia el 16 de abril á contentarse con la muy pequeña isla de Elba en el mar de Toscana, y la pension de dos millones de francos, que en virtud de su cesion y desistimienTOM. IV • (2

« AnteriorContinuar »