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to le fueron concedidos por los aliados y el gobierno provisional de Francia. (1). o Nuestros: exércitos, á cargo del lord Welinton, por si acaso iban mal dadas ácia París, tampo. co se descuidaron por la parte de Tolosa. Para el Io de abril atacaron á los franceses en sus mismas trincheras con tanta heroycidad. y valor, que aquellos que antes eran invencibles ahora fueron vencidos en todas sus posiciones. Así que no tuvieron otro arbitrio que dexar descubierta la famosa ciudad de Tolosa, capital del alto - , (1) Así se verificó puntualmente respecto de este cruel y tan ambicioso Tirano la máxima del sabio y moderado Solon sentada en mis comentarios: Que aunque la tiranía s es el poder mas lisonjero porque parece que todo la puede, al fin llega el caso en que el tirano se ve precipitado por su mismo poder. , , , , , ,

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Langüedoc, para que sin repugnancia entrasen en ella nuestros exércitos, como lo hicieron, siendo reconocidos y obsequiados por aquellos habitantes, como sus re-, dentores.

Sabido todo esto casi á un mismo tiempo en Madrid, mirábanse únos á ótros sin poderlo remediar, y sin poder explicar el gozo y sorpresa que les habian causado tan raros, breves é inopinados acontecimientos, singularmente los de la caida y destronamiento del tirano Napoleon. Parece que no quedaba duda de su certeza; y, sin embargo únos por su genio dess confiado y suspicaz, y ótros por no sé qué, todavía como que dudaban con efecto. Mas al fin, la algazara y gritería tan tremenda

del pueblo, y un toque y repiqu

general de campanas acabaron de coronar la fiesta del dia 21 de abril en que supieron los madrileños tan plausibles é importantes noticias, reducidas á que de resultas del destronamiento de Napoleon iban á quedar desocupadas las plazas que todavía ocupaban los franceses en España: que volverian todos nuestros prisioneros, y habria unas paces generales. ¿Que de dichos y agudezas, que de sátiras é invectivas las mas graciosas no ocurrian entonces á las gentes de todas clases respecto de los Napoleones, y los miserables que quisieron y tuvieron la desgracia de seguir su abominable partido fiados en su gran poder?

- Todo esto aumentaba mas en los pueblos el amor al señor don Fernando, y su deseo de verlo

quanto antes en Madrid. Mas sin embargo los de las Córtes seguian teniendo sus sesiones, y los de las galerías concurriendo á éllas, cón la misma seguridad y satisfaccion. Y siempre firmes en que no se le reconociese por Rey hasta que en el seno del Congreso jurase la Constitucion. Y

Para mejor conseguirlo, y conforme al decreto de 2 de febrero, salió el Cardenal Arzobispo de Toledo, como presidente de la Regencia, con el ministro de Estado á recibir á S. M. en Valencia, entregarle de nuevo la Constitucion, y enterarle de las intenciones y decretos de las Córtes. Para aquella ciudad salió el señor don Fernando desde Zaragoza ácia el 12 de abril por la via de Teruel y Segorve, siendo cada vez mas obse

quiado y vitoreado, y muy raro el pueblo, por infeliz, en que no fuese recibido con su carro y arco o triunfal, ó conducido en los hombros y palmas de sus mismos habitantes. . Todo esto iba poniendo de peor humor á los liberales, que en vez de mudar ó modificar su sistema, seguian sin embargo muy empeñados en llevarlo á cabo, sin reparar en que por esto mismo irritaban á los pueblos, y los excitaban á que principiasen á desobedecer sus decretos y Constitucion, como ya se contaba de varios, y singularmente por los que habia pasado el señor don Fernando. Pero el mas principal por entonces fue el de Toledo. En esta ciudad se suscitó una especie de alboroto por la observancia de la Cons

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